lunes, 28 de diciembre de 2015

Abrazos Inocentes

De una inocente. Una de estas que todavía crea en un nosotros. Una inocente de estas sin maldad. Que espera en su habitación mirando la ventana donde el último la observaba haciéndole tanto daño.

Quiero mil mentiras suyas de esos labios tan sinceros e incapaces de morder para olvidar. Me refiero a toda esa chica capaz de ser tan niña como mujer. Que te alegra cualquier día que menos se lo propongas. Aquella inocente que quiera cuidarnos mucho.

Quiero esos abrazos de 28 de diciembre encima de una cama aún por deshacer. Esa mirada de inmaculada virtud. Capaz de hacerte olvidar cualquier alrededor, cualquier paisaje que nos rodee. Quiero muchos besos en la mejilla, al borde del labio, rozando las comisuras. Besos inocentes al borde del pecado.

Dejarnos engañar por esas chicas que nunca mienten. Aquella mujer que se echa de menos cuando menos está. Ser tan inocente como tropezar una y otra vez en todo lo que ella quiera querer. Quiero equivocarme en todos sus aciertos. Picar en todas sus trampas. Dejarme seducir inocentemente.

Quiero esas caricias inocentes que aparentemente no son nada y convertilas en rutina. Caer como tontos en todas sus locuras y ser partícipe de todos sus juegos de mujer.

Quiero esta noche, romper una lanza a favor de toda aquella que enamora tanto como se deja enamorar. Aquella que se deja ir tanto como viene. Porque aquí lo que se trata es de ser totalmente inocente en esto del querer.

Que por una vez al año seamos tan románticos como tontos. Porque lo que cuenta son las cosquillas que nos dejamos querer en un sofá. Las tonterías y roces de un día a día que no importan porque ahí lado está, la inocente que siempre quisiste enamorar.

Queramos ser hoy sus inocentes, sus tontos, y cualquier adjetivo calificativo que me quiera catalogar cariñosamente aquella que saca una sonrisa cuando termina de leer el texto y se da cuenta de que, al final de todo, inocente, inocente sigue siendo ella.

domingo, 27 de diciembre de 2015

No es tan difícil decir te quiero

Empieza a regalarte uno de esos que se necesitan. De verdad, te irá bien para este nuevo año que entra. Una de esas personas que sabes que por mucho que os tropecéis, ahí estará ella para levantarte una vez más. Porque este año se acaba y aún no te lo has dicho. Porque este año se acaba, y lo que es peor, no va a volver a empezar. Y se quedará como el año en el que hubo miedo de decirlo. El año que a pesar de que no se dijo, se gritó en silencio. Mucho.

Empieza por todas las cosas que te gustan. Su boca, sus caricias, sus besos. Empieza a enumerarlas por todas esas que nunca te llegó a dar. Etiquétale en todas esas fotos que te faltó por 'miedo a'. Déjale un 'me gusta' del tamaño de lo que temes decir.

Y ahora apaga el teléfono móvil, los audios y todos esos mensajes que se dejaron a medio decir. Ahora sal y plántate en los bordes de su boca. Y ahí empieza a decirle todo aquello que se dejó en el tintero en este 2015 que se va. 

Nunca olvides de mirarlo a los ojos pues, ahí, en ellos, es donde está el verdadero sentimiento. Díselo. Que no tienes nada que perder y que te quedan años por ganar. No le prometas nada, demuéstraselo. Un día, otro día. Que no cuesta nada mostrarse tal y como uno es.

Díselo. Que es muchísimo mejor escuchado que leído. Que es más gratificante la sonrisa de su boca que la de sus caracteres. Díselo. De la mejor manera que sepas. Con besos, con caricias, con abrazos. Que se vea, pero sobre todo que destaque. Que se note que se quiere querer.

Que como ves, no es tan difícil decir te quiero. Que como ves no es tan difícil mostrar aprecio.

viernes, 25 de diciembre de 2015

El amor es siempre un después


El amor es siempre un después. Todo lo que se deja para el final. Es el postre de una amistad ya bastante consentida. El amor es todo lo que dejamos al final del trayecto. Aquello con lo que nos queremos dejar un buen sabor de boca.

El amor es la historia de los últimos capítulos de la novela. Aquello con lo que queremos terminar nuestra vida. El ponerle la guinda a un pastel que tienes ganas de devorarlo. Todo el amor se deja para un último momento. Para un casi final que esperas que, al llamarlo así, nunca acabe.

Tenemos esa manía innata de dejarlo todo para un después. Quizás es porque le tenemos más miedo a estropear un presente que a perder promesas en un futuro. Yo creo que nos molesta el 'ya'. O que nos han pintado muy malas esperanzas en un pasado y estamos pagando los platos rotos de un antiguo después.

Nos pasa sobre todo en esos presentes donde no hay amor pero que, siempre, por culpa de alguna boca enamorada, nos dejan esa ilusión de que después de todo ahí, al final del drama, haya algo con forma de alguien dispuesto a acompañarte lo que queda de túnel.

Ayer, hoy, hace dos semanas, podrías haber visto el amor de tu vida y sin embargo estás ahí, escribiendo unas letras, leyéndolas frente a una pantalla de móvil o escuchando la música que te gustaría poner de banda sonora a todos tus anteriores 'después'. Y esa sensación de que no ha pasado nada te culpa un día más tarde de que todo lo has podido perder.

Y a veces dejarlo todo para más tarde lo confundimos con todas esas bonitas palabras que se disfrazan de nunca. Ojo que lleva ironía la cosa. Quizás por eso el 'te querré' ya no suena tan sincero, ni el 'te quise' tan creíble. Ahora lo que se lleva es un 'te veo luego' o 'después'. Y eso, eso si que suena de verdad. Eso si que llega al corazón. Todos esos 'no estoy segura'. Los increíbles 'ahora mismo no'. Los brutalmente honestos 'te quiero como amigo'. 

Hay una delgada línea entre el nunca y el después. A veces es tan sencillo como mirarse a los ojos. Ahí es donde se muestra la intención. La intención de querer volverte a ver o la de nunca vernos jamás.

El amor es siempre un después. Lo que se consume en presente y se guarda un poquito para mañana. Es como ocultar eso que te estás regalando, tiempo, en una cajita para abrirla un tiempo más tarde. Es quererse con acuse de recibo. Que se sepa que ha llegado y que se devuelva con remitente y destinataria.

El amor es siempre un después, sí, pero para eso y para diferenciarse de un nunca, hay que quererse hoy. Hay que quererse ya.

lunes, 21 de diciembre de 2015

21 de diciembre de 2019

Ese día guárdamelo. Ese día déjalo para mí. Aunque hayan otros abrazos y otros besos los que te rocen, pero ese día, como nos prometimos, dedíquemoslo para nosotros. Si a mí me da igual el día, el tiempo, y el lugar. Yo lo único que quería era tu compañía. Verte cerca. Verte llegar.

Cuando llegue el 21 de diciembre de 2019, sal, búscame. Deja todo lo que estés haciendo y piensa que hace años, hubo alguien que desde tan lejos, ese día, te lo dedicó. Piensa que se dejó el momento para que encajara, para que, fuera lo que fuera el presente, el futuro se convirtiera en otro. El día 21 de diciembre dame la poquita ración de ti que te pedí años atrás.

El 21 enséñame a quererte. Dime quién soy yo, para amarte a ti. Justíficame la ausencia con toda la correspondencia venidera. A mí el 21 no me sueltes de la mano ni del alma. A mí el 21 píntamelo de siempre. Justíficame todas las ausencias en todos los besos que me vas a dar. Porque ese día pienso pedirte todos los que me debes. Ese día nos vamos a ajustar las cuentas de todos los cariños que se dejaron para 2019. A mí, el 21, no me dejes nada por probar.

El 21, quédate. Pídeme no irme. Búscame otro día de cualquier mes, de cualquier año, en cualquier lugar, porque voy a tener ganas de más. No te preocupes si es para dentro de tres o cuatro años, si como ves, a mí, esperarte, nunca me va a importar. 


domingo, 20 de diciembre de 2015

Depende


No. No depende de según cómo se mire. A la porra el refrán. Al diablo todos los 'quizás'. A la hoguera todo eso que se ve, que se juzga, que se cuestiona a segundos vista. Al carajo todos los 'dependes', a los que lo dejan todo para un luego, y puerta a todos aquellos o aquellas que se escudan en un según se mire todo depende.

Estamos hartos, hartos de todas esas esperanzas superficiales. Estamos cansados.Todos los que estamos detrás de un depende del tamaño de un desamor estamos cansados. Cansados de todas esas excusas del iris. Estamos cansados de depender de vuestros bonitos pero injustos ojos, de vuestros relativos gustos, de vuestras falsas interpretaciones.

No. No queremos vuestros 'depende'. No nos contentan todas vuestras promesas de aire, todas esas palabras de descompromiso. No queremos depender de vuestras desdichas, de vuestra suerte, del día que tengáis, de cómo se nos prejuzgue, de según cómo se nos mire.

Queremos depender, si hay que depender, de vuestras risas. De vuestras caricias. Queremos estar detrás de todos esos besos. Depender de cada poro de vuestra piel, de cómo se recorre con la mano, con la boca, con las ganas. Así hasta llegar al cuello. Queremos estar pendientes de que no os falte de nada. 

Queremos ser yonkis de un amor. Y consumirlo sin temor a que se acabe. Queremos quereros bien. Ser dependientes de una ilusión. Y ponerle nombre de mujer. Queremos que nos brillen los ojos como a ustedes. Queremos lo que todos quieren. Dejarnos un poquito querer. Darnos la alegría de estar con la persona de la que realmente queremos complementarnos.

Queremos estar bajo sospecha de ser culpables de todas vuestras ganas. Y que se nos llene la boca diciendo que estamos con la mujer que queríamos estar. Estar orgullosos de estar a vuestro lado. Porque es para decirlo. Que no sólo os queremos, sino que además nos queréis.

A veces es tan sencillo como dejarse todos los 'dependes' en casa. Sacar todos los 'sí' a pasear y decirnos de una vez por todas la verdad.

Que no depende de según cómo se mire. Que depende de según cómo se ame. Depende de según cómo se quiera. Depende, sobre todo, de según cómo se cuide. De eso, sí que todo depende.


jueves, 17 de diciembre de 2015

No me Quieras Tanto

No me quieras tanto. Que no se note. Que es que además no se lleva. Que sienta muy mal con cualquier ropa que te pongas. Con cualquier sentimiento que te encuentres. Y que si se llegase a notar que nunca se llegase a reconocer. No me quieras tanto. No lo digas, ni lo dejes por escrito. No lo leas si quieras. Largo de aquí, que como te pillen...

A mi no me quieras tanto. A mí quiéreme mejor. No te pido más, te pido ya. Que se note, no que sobresalga. Que merezca la pena. No te pido un cuento, ni historias felices. Te pido tormentas donde pasarlas juntos. Superar barreras y obstáculos con la colaboración de tu voluntad y las ganas. 

Entérate, que yo te quiero despeinada y sin maquillaje en una mañana de domingo en mi cama. No quiero que seas la mejor de todas, sino la mejor naturalidad que tengas. A mí me gustas tal y como te dejaron. Quiero que seamos aquellos que nos arreglemos mutuamente. 

No quiero ser tu héroe. Quiero ser quién te cuide. Que después de tu familia y amigos esté yo. Aquel escudo que dejamos para el final. Para terminar la vida. Y quiero ser tu primer último. Y no quiero que el camino sea fácil.

Quiero luchar contigo, codo con codo, por sacar nuestros sueños adelante. Que en las peores saquemos las sonrisas de las fotos. Que en los contratiempos siempre tengamos un 'no pasa nada'. Yo quiero tu mano en mi hombro, tu cara en mi pecho, tus lágrimas en un sofá. Yo quiero una chimenea mirándonos el aprecio.

Quiero infinitos 'me he acordado de ti'. Eso sí los quiero. Quiero un 'qué tal' en cualquier minuto tonto del día. Un vente y que yo me deje ir. Yo quiero dormir contigo, no una noche sino todas las que quedan. No quiero más. Quiero mejor. Y siempre superarnos en formas porque en contenidos ya nos sobran.

Quiero compartir contigo espacio, algo más que besos. Quiero que me quieras un poquito menos, pero algo mejor. No me quieras tanto. Quiéreme más de tanto en tanto.

Quiero estar contigo. Eso es todo.


martes, 15 de diciembre de 2015

Ni un minuto más sin ti

Se acabó. No pienso esperar ni un minuto más sin ti. Ahí donde me ves tan tímido voy a irte a buscar. Se acabó. Yo ya no quiero esperarte ni simplemente mirar. Yo ahora quiero estar contigo. Tan cerca, que ninguno de los dos nos podamos separar.

Hoy he decidido que esperar es de cobardes. Que no pasar a la acción es sinónimo de dejadez, y yo quiero todo lo contrario a dejarte marchar. He apostado por ti y todos mis sentidos van a girar a devolverte todo lo que me quieras dar.

Ya no habrá insinuaciones. Lo cambiaremos por mordidas. Ya no habrá buenas noches. Las cambiaremos por perversas, en cama, bajo unas sábanas que serán testigos de una pasión desenfrenada. Ya la cordura pierde valor ante la locura. Se acabó el 'dejarse ir', el 'todo llegará'. Se acabaron los textos largos sin nombre, las fechas sin dedicatorias, los cuentos sin princesas. Ahora todo va a tener un por qué. Y sobre todo un con quién. 

Me cansé, y no de esperar, porque te esperaría toda mi vida. Me cansé de un vernos siempre para un luego. No es que tenga prisa por quererte pero es que he visto, por otro lado, que pierdo minutos sin ti. Y que los quiero empezar a recuperar contigo. Ya.

Voy a apostar por ti aún a riesgo de que me tenga que recomponer si no llego a encontrarte. Al miedo lo he mandado a buscarte y yo voy tras él para protegerte del mismo. 

Quiero cuidarte. Y no sólo con la mirada sino con mis brazos, mis detalles y mi compañía. No quiero ver como otra vez se marcha el tren sin ti. Esa casualidad que nos debería de unir y que no llega. Esa intención que tímidamente se va.

Yo voy a defender a partir de hoy un nosotros. Todo lo que conlleve que tú estés feliz y yo lo viva cerquita tuya. Un nosotros que quiero consumir en este mismo instante. Derretirlo en tus labios. Sentirlo en tu corazón.

Yo no quiero un minuto más sin ti. Yo lo que quiero es un contigo, el resto de todos los minutos que me quedan por vivir.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Amor En Estas Últimas 24 horas.

He esperado veinticuatro horas sin ti para ver que me inspiraba tu silencio. Nuestro silencio. Porque he sido cómplice de él. He de reconocerte que más de una vez he sido tentado por la facilidad de mandarte un beso enorme desde cualquier red social que nos tenía el vicio controlado a cuentagotas. Pero salvando las ganas de saber de ti, he sabido reflexionar y distinguir entre lo que me gusta, lo que tengo, lo que siento, y lo que padezco.

Empezaré por esto último, porque desde un tercer plano me he visto preocupado
por lo que padezco. Y ya no sólo por lo que padezco, sino por lo poco que me importa lo que parezco. En contadas ocasiones he visto a gente disimular su padecer por lo que parecía. Y en determinadas ocasiones he visto como se han cerrado puertas por manos ajenas. En mi caso padezco ganas. Sí. Tengo ganas de ti. Muchas. Y me dado cuenta que me da igual lo que parezco cuando pido un poquito de tu amor. Pues nunca me importó cómo se me lee. Ni los prejuicios y consideraciones que se sacan de unas palabras que, entre otras cosas, comparto por tenerte aquí, y no por saber de mí.

En segundo lugar, después de 24 horas sin ti, he descubierto lo que siento. Y me veo capaz de explicarlo con la misma pasión con la que lo exijo. Siento que necesito. Pero así, sin más. Siento que te quiero, que tengo ganas de ti. Que he empezado a sentir curiosidad por esos labios, por esos gustos, por tu vida. Que estoy enganchado a tus secretos. Que tengo más ganas de leerte que de escribirte. Que siento que cada vez que no sé de ti, me falta en el día horas. Siento que formas parte de mis vicios, que quiero saber de ti, aunque sea una simple sonrisa, un tonto emoticono o una inusual cita en el año 2019. Siento que quiero sentirte, y muchísimo más de lo que tú y yo imaginábamos.

Y conforme me iba enganchando a tu vida me di cuenta de las cosas que tenía. Pero sobre todo de las cosas que me faltaban. No pasó ni medio minuto y ya sabía que me faltabas. No te lo tomes como un acto de posesión, sino más bien de acompañamiento. Yo no quiero tenerte. Yo lo que quiero es acompañarte. Estar al lado. No siempre. Sólo cuando se necesite. Me di cuenta entonces, que no importaba mucho lo que se tenía, que lo que nos enamora es lo que nos mantiene. Que con la misma raíz léxica pero con total significado diferente te rompe los esquemas de lo que se echa en falta. Y claro cuando sale ese verbo a relucir, la segunda persona del singular ya es casi inevitable.

Y ya por último me pregunté que es lo que me gustaba de ti. Después de una lista innumerable de aspectos físicos que te hacen para mí única, he nombrado tu misterio, tu bondad y tus maneras. Me he dado cuenta lo poco que sé de ti. Pero es que inmediatamente después he justificado que era suficiente. Que para mí guardas un misterio que en caso de ser descubierto, no iba a saciar las ganas de saber de ti. Me he dado cuenta que yo no te quiero por lo que sé de ti, sino por lo poco que me bastó para enamorarme de ti. Después he pensado porque eres tan buena conmigo. Porque a pesar de mis letras, de mis malas maneras y de mis formas de molestar estás ahí tan pendiente de mis cosas desde un cuarto plano. Porqué has sido tan buena conmigo, y porqué acostumbras a enamorarme así tan sin querer.

Y ya por último, terminando las 24 horas, he visto tus maneras. Las maneras que tienes de romperme el silencio. De aparecer sin previo aviso. Las maneras de coger cualquier minuto y decirme sin querer 'quiero saber de ti'. 
Y yo preso de tu voluntad, escribirte: 'Yo también...yo, también...' 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Guárdame

Róbame, el tiempo, la vida, el destino. Guárdame a un lado de tu mesita de noche. Tenme cerca. Pídeme los besos, los abrazos, las caricias. Y escóndeme en cualquier rinconcito de tus deseos.
Si me quieres, guárdame. Allí donde nadie me pueda tocar más que tus manos. Guárdame en la lista de lo que queda por hacer. Quiéreme un rato, un tiempo, un siempre. Yo no te pido que sea ya, pero tengámonos guardada una fecha para el primer aniversario. 

Guárdame todos mis miedos en una cajita y házmela olvidar. Compartamos viajes, momentos, risas y elígeme en alguno de tus mejores días. Y en los peores yo me pondré el primero para protegerte. En los peores yo me autoincluyo para ayudarte. Para ayudarnos.

Guárdame todas las fotos donde sonrías para cuando te eche de menos, la espera sea menos agónica. Si me quieres, guárdame. Guárdame a tu lado. Cuéntame tus días, que a partir de hoy nunca jamás te vas a sentir sola. Guárdame todas las conversaciones con tus labios. Guárdame todos los besos que dan esos que me tienen ansioso por rozarlos. 

Guárdame cuando se te antoje. Cuando te quieras dar un capricho que te dure una relación. Cuando quieras formar una vida con la persona adecuada. A mí déjame el último para ser el primero que te ofrezca un siempre.

Guárdame cuando me necesites. Porque si algo he aprendido de tu amor. Es que se necesita tanto como se desea. Que se coge con más ganas contra más se guarda.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Relación es Mimar

Relación es dedicarse. Mostrar un poquito de atención a aquello que te lo demanda. Relación es demanda, tanto la que se pide como la que se da. Que todo el mundo sabe que contra menos dés, menos relación habrá. Que se pierde por cada metro cúbico que gastamos en olvidarlo. Relación es mimar. La cantidad de mimos que se dan en un sofá. La cantidad de besos que se dan en un cuarto de hora.

Relación es mimarse. Todo aquello que se hace de a dos. El tiempo que se gana en estar juntos. Es la cantidad de detalles tontos que soltamos a la boca de aquella. La cantidad de abrazos que se reconfortan. Relación es voluntad. Tener ganas de. 

Relación es todo aquello que envuelve. Lo que lo hace para ustedes dos, único. Porque relación es unicidad. El amor diferente que nadie te da. No aquel que quiera ser el mejor, ni ser familiar, sino que quiere ser otro más para complementar el anterior. Amor no es competición sino trabajo en equipo.

Relación es cantidad. La de lavadoras que vais a poner juntos. La de veces que vais a poner el arbolito de navidad. Cantidad de ropa que os vais a dejar encima de la cama. Cantidad de veces que la vais a tirar encima de la silla, del suelo o de lo primero que pilléis al llegar. Cantidad de besos inesperados, peticiones, planes y proposiciones, tanto decentes como indecentes que os vais a querer contar.

Porque relación es pensar. Imaginar como lo vais a organizar todo, pensar que hoy le tenía que mandar un mensaje de buenas noches, que mañana la sorprenda con un desayuno sin avisar. Pensar que hoy recojo yo a los niños y que mañana, solos, nos vamos a la cama una vez más.

Relación es estar. Y que si no se está que lo parezca. Que desde lejos ni se dude que se puede amar. Que si se dice te quiero no es para convencerte, sino para demostrarte que sin nada a cambio yo te lo iba a regalar.
Eso es relación, regalarte. 


Mimarte. Un día más.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Dedicarse


Una relación es dedicarse. El tiempo que nos molestamos en el otro. La dedicación que ponemos en cualquier cosa fuera de nuestro espacio vital. La dedicación con la que hacemos las cosas. La cantidad de veces que nos dedicamos a los demás.

Una dedicación es una entrega. Depositar en el otro un tiempo, que tengas o no, se lo piensas dar. Lo que todo el mundo llama 'tener un detalle', pero además con buena voluntad, sin obligación, sin compromiso, pero de muy buena gana.

Porque dedicarse a posta es señal de aprecio, de afecto. De hoy quiero estar contigo. No hay nada más aclaratorio que un 'me he acordado de ti'. Porque a todos nos gusta un 'quiero saber cómo estás' de aquel o aquella que te piensas dedicar.

Dedicarse es compartir. Darle al pause de tus quehaceres y sacar un mensaje, una sonrisa, o un café a los labios que te gustaría besar. Tomarte cinco minutos en valorarse. Porque dedicarse es una acción de 'efecto boomerang'. Si te dedicas en cuerpo y alma a aquella que te aprecia, ésta te lo sabrá recompensar.

Una relación es dedicarse. Molestarse en pensar un poquito menos en ti y pensar un poquito más en todo lo demás. Porque lo que importa a fin de cuentas, es cuidarse y cuidarla. Proteger no solo lo que se vivió sino también lo que está por llegar. Cuidarla a ella pero sobre todo, cuidar un nosotros. Preocuparse que nada se vaya a romper, y que si se rompe, que se pueda arreglar.

Si estás cuidando tus dedicatorias, estarás cuidando tu relación. Si estás mostrando interés en dedicarle a la otra persona algo; tiempo, palabras, compañía, conversación, saber estar, entonces estás cuidando tus relaciones.

Por eso todos los días cuando me levanto por las mañanas, me dirijo hacia el móvil para ver si me has dedicado algo. Por eso cuando pasa mucho tiempo sin saber de ti, tengo la cierta necesidad de dedicarte algún buenos días, un tentador qué tal, un principio de 'quiero saber de ti'.
Pero hoy, de momento, nada. Salvo este texto. 

Que sin querer, como todas las mañanas, ya te lo he dedicado.

Dedícate a poner su nombre siempre aquí.

Para M.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Gamas de Abrazarte


A veces lo que importa no son las formas. A veces lo de menos es el cómo. Importando siempre más el fin, que en ciertas ocasiones, justifica los medios. A veces he sentido la necesidad de plantarte un buen abrazo, de estos largos que duran un dato. Esos que dan una cifra entre te quiero mucho y no te vayas. Y esperar ahí juntos a ver si pasa algo. O a ver si no pasa, pero que se quede ahí un ratito. El tiempo que da pa' antojarse otro. Porque lo importante no es cómo se da, sino como se recibe, pero sobre todo como se repite.

Por eso tengo una gama de abrazos guardados en mi cartera, por si un día, a parte de dinero, me pides cariño. Por si un día, a parte de palabras, me pides gestos. Porque abrazar se puede abrazar de muchas maneras diferentes. Pero dejarse abrazar, eso ya es cuerpo de otro ser. Harina de otro costal. Amor de otro comensal.

Abrazarse es venderse. Dejarse querer. Amarse por completo. Dejarlo todo amado y bien amado. No hay abrazos de Judas, ni abrazar por abrazar. Aquí no se engañan cachetes. Aquí si se abraza, se abraza bien. El contacto es vital. El contacto es aprecio.

Querer repetir un abrazo tan fuerte es quererse con ganas. Dejarse todas las vergüenzas en la percha y disfrutar de todo el amor que viene a darte aquella persona que con una sonrisa y unos brazos abiertos de par en par piensa darte un bofetón en ese sentimiento que lo tenías algo perdido: la locura. Quererse fuerte es abrazarse sin medida. Volcar tu cuerpo en el del otro y saciarse de la fuerza y energía de aquel o aquella que con un gesto acaba de darte un chute de adrenalina a tus sentimientos. Después de eso viene un beso. Sincero. O un te he echado de menos. De esos de verdad.

Pero no hay nada como abrazarse despacio. El querer lento. El saber disfrutar de cada roce entre tu piel y la mía. No hay nada como disfrutar el momento. El 'aquí estoy' en forma de envolver todo lo que quieres cuidar. Porque a fin de cuentas es enlazar aquella o aquel que te tiene enviciado a estos gestos que si repites es por puro amor, y no por vicio.

Si se quiere, que se abrace. Si se quiere, que se sienta. Que se repita. Porque no hay nada como quererse en brazos de otro. No hay nada como sentirse protegido por alguien que hacerte daño no formaba parte de su gama de abrazos. Tú puedes querer que te abracen. Puedes ir y buscarlo. O dentro de lo que cabe pedirlo. Exigirlo o demandarlo. Abrazarse no es cuestión de fe sino de ímpetu. Dejarse abrazar es lo único que aún no sé como te sienta.

Y aquí declaro mi guerra particular contra todo tu cuerpo. A partir de hoy los besos van a ser secundarios. El amor en cama ya estaba pidiéndonos uno de éstos. Ya ningún 'te quiero' irá tan vacío de gesto. Ahora voy a ir a buscarte la cintura con mis manos.  Tú puedes decir lo que quieras. Pero yo tengo gamas de abrazarte. 

Y todas, óyeme, todas, las pienso utilizar.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Si Me Ves


Si me ves, cállate, no lo cuentes. Si me ves, disimula. Si me ves haz como que no era yo. Guárdatelo para después. Que verás que bonito va a quedar cuando lo recordemos entre risas en un sofá. Si me viste haz como que no te acuerdas. Niégalo hasta la cama. Ciérralo hasta que todo se abra. Hasta que no puedas más. Hasta que todo explote. Hasta que nos queramos con algo más que con los ojos.

Si me ves, tú aprovecha. Sácame todos los defectos que puedas. Búscame las cosquillas desde ahí tan lejos. Si me falta o me sobra algo dímelo, que yo te lo arreglo. Si me ves, convéncete de que hubo un día que estuvimos tan cerquita de vernos, de tocarnos, y por qué no, de empezar a amarnos.

Si me ves, no me culpes de que lo busqué. Porque todo fue sin querer. De pura casualidad, de bonitas maneras. Que si me viste no fue porque yo lo provoqué. Que si me ves, yo ahí, te prometo, que no tuve nada que ver.

Pero sobre todo, si me ves, no lo digas. Nunca. Prométemelo. Si me vistes haz uso del refrán, de que si te visto no me acuerdo. Pero tú acuérdate. Acuérdate que me viste. Y llévate días pensando que me viste. Que anduve por tu mismo espacio. Que un día me crucé en tu vida. Aunque lo niegues hasta la saciedad.

Si me ves y aún te inquieta, yo te pediría que me volvieras a buscar. Que si me quieres volver a ver no es un problema adicción, sino de ambición. El amor es querer más. Saciar aquí, ahora, ya. Y si se puede, más. Si quieres verme, que sea con ganas, con más ganas. Más tiempo. Y menos gente.

Si vamos a destinos diferentes que al menos seamos culpables de ello. Si hay que pararse un momento a invitarse a besos, se invita. Los dos, que demos lo que queramos dar. Los dos, que si queremos ver, que sea lo que queramos ver.

Pero para la próxima vez, si me ves, que sea a solas. Que no haya nadie más que tu sonrisa. Tus ojos solos. Tu pelo suelto. Tu cuerpo al raso. Mis sábanas tapándote. Tu ropa en el suelo. Mi deseo en la cama. Tu nombre poniéndole sentido a mi vida. Mi vida en mi cama también. Que si nos vemos, que sea para volvernos a ver. Que si nos vemos que sea para cualquier cosa menos para decirnos adiós.

Así que si nos volvemos a ver, sabremos porqué, cómo y sobre todo qué queremos que pase cuando tu mirada se cruce con la mía. 

Que tú pares tu vida para meterte en la mía.

Que yo si te veo, me gustaría, entre otras cosas, volverte a ver. 

martes, 1 de diciembre de 2015

Una Quema de Humildad


Me duele verlas así. Me quema verlas tan niñas, tan chicas, tan frágiles. Me duele verles las heridas de su piel. El mal rato que debieron pasar para que su piel fuera devorada por el fuego. Me duele pensar que están en cirugía y no precisamente para ponerlas más guapas sino para curarles las quemaduras de sus brazos. Su dolor de estómago, su bicho llamado virus, en forma de crueldad.

Me he sentido impotente. Y he sentido cuando las miraba, miedo. Miedo por no saber reaccionar ante una situación así. Donde ellas debían hoy ser curadas de espanto, y donde el asustado he sido yo. No he estado a la altura de sus ojos. No he podido ayudarlas. Simplemente las he acompañado en su rutina hospitalaria. Seguir el gotero que borraba sus pasos de niñas grandes.

La impresión me pudo, y aunque disimulé estar jugando con ellas, no paraba de plantearme qué fue lo que pasó para que a esas niñas de ochos años le faltaran los nervios de una de su edad, qué pasó para que le faltaran ánimos, fuerzas, infancia. Quién fue culpable de que su piel estuviera tan quemada como todas sus ilusiones.
Sólo me consta que tienen una familia muy grande para cuidarla. Ésa familia que nunca falla. Esa madre que siempre está. Que siempre estará. Para que puedan mirarla a la cara y decirles, que pase lo que pase, siguen siendo igual de guapas que siempre.

Yo ya no creo en princesas ni en cuentos donde las protagonistas tienen largos cabellos y tez pálida rosada. Ya no creo en cuentos con final feliz, ni donde todo vaya rodado. A partir de hoy tengo otras heroínas como C. y L., que sin fuerzas apretaban sus manos para coger el rotulador que pintaba sus esperanzas de salir de allí.

Me duele sólo haberme quedado con sus nombres. Pero me dolería más si cabe si hoy no hubiera sacado un ratito que dedicarles a cada una de ellas. Porque estoy seguro que el día de mañana serán más princesas que cualquiera que nunca se llegó a quemar la piel.

Hoy me han enseñado algo. Debajo de esa piel había un corazón intacto. Me han dado una quema de humildad.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Moléstame

Aquí me tienes, aquí estaré. Moléstame, que no me importa. Que aquí estoy. Que estoy dispuesto y decidido. Utilízame. Úsame. Pero úsame para todo. Ámame, con todas las letras. Con todo el afán de tu corazón. Sirvete tú misma de lo que quieras de mí. Que para eso estoy. Para ti.

Moléstame. Quítame tiempo, róbame besos, ocúpame el espacio, la cama, el sofá. Estate allí donde esté, porque te voy a necesitar. Moléstame. Que no me va a importar de verdad. Que siempre sienta bien una caricia, unas cosquillas, un cuerpo al que rodear con el brazo. 

Dame tu frío. Yo te doy mi calor. Acércate. Más. Piel con piel. A punto de fusionarnos las penas. Contémonos la vida. La que se fue y la que está por llegar. Seamos, estemos. Pero sobre todo, molestémonos.

Que si alguien ha de hacerlo eres tú. Si además, estoy seguro de que no nos vamos a arrepentir. No es modestia, ni molestia. Moleste. Que si no nos enfadamos, lo dicho, es que nos estamos molestando muy bien.

Yo pretendo además, que insista. Que nadie se amó por dejadez. Que el cariño es frecuencia. Frecuencia de verse, de tocarse. Es el conteo de volverte a decir te quiero. La repetición, si gusta, es bien recibida. Porque a nadie le empalaga un dulce.

A mí, moléstame con ganas. Moléstame bien. Todas las noches quiero acabar cansado, no de ti, sino contigo. Y a la mañana siguiente sea yo el que te vaya a buscar.

A pedirte un poquito más de eso que no sé que me das pero que me encanta. Que cuando vienes, me buscas, y me necesitas. Y yo me dejo.

Me encanta cuando apareces. Cuando no te llamé por no parecer molesto y apareciste. A quitarme un poquito de vida, y convertirla en nuestra. Yo quiero que me molestes. Que me enamores a base de aparecer.

Quiero que me busques con la sensación de que me fueras a perder. Con la angustia de no volverme a encontrar donde me dejaste. Y que cuando me veas, sea como si me hubieras echado de menos. Porque aquí el molestarse va a sonar a quererse a base de bien. 

A mí moléstame la tristeza. A mí fastídiame los malos augurios, frústrame todos los planes sin cumplir, irrítame la desgana. Moléstame como se te antoje pero por favor,

moléstame.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Si Ganaran Tus Besos


Ganaría, para empezar, besos. Todos los que pediría y todos los que me dieras sin pedírtelos. Porque ganaría la voluntad que tendrías en dármelos. Después ganaría sonrisas. Porque todo sonaría como tú, tan alegre, tan emotivo, tan nuestro.

Ganaría todo lo que cambió desde que te cruzaste por mi camino. Que ya no sería quererse, ya estaríamos en querernos. Una dimensión más. Un hueco más grande. Y un espacio en cama, muchísimo más pequeño. Porque has convertido la esperanza en verídico. Has tapado las dudas con tus manos. Ahora acarician mi cuerpo. Hemos cambiado el tiempo. Nos hemos dejado las cosas claras: No quiero sólo que me besen. Quiero, además, que me quieran.

Ya nos hemos ganado todas las primeras personas del plural para acompañar con un buen vino esa cama por deshacer. Lo sensual lo has convertido en perverso. Ahora se han ganado bocados donde se ha perdido ropa. Hemos ganado placer, donde antes nos colmaron de sufrimiento. Ahora te acercas al calor de mi cuerpo pidiendo más entre suspiros de tu deseo. Ahora nos hemos ganado las noches, donde los dos nos hemos buscado con tanto recelo.

Ganaría cariño. Tanto el recibido como el que pienso devolverte. Y no sé si te lo he dicho ya, pero ganaría besos. Porque quiero que me beses y besarte. Quiero querer con labios. Dejarme caer por el borde de tus rojos. Que quiero enseñarte que si se besa se quiere. Que si besas, quieres.

Ganaría una vida contigo. Dejarme ir de la mano de aquella que sabes que nunca te va a soltar. Ganaría estabilidad. Relación. Apoyo. Seguridad. Y sobre todo miedo.

Ganaría miedo de perderte. Porque contra más te conozco más descubro que estoy ante un tesoro. Que no es que seas única, que también, es que encima, no habrá nadie que me vaya a querer como tú. Ganaría miedo pero no como algo malo que haya que evitarse. Sino más bien el tener el temor de perder como sinónimo de valorar lo que se va a amar. Yo no tengo miedo a que me vayas a decepcionar. Más bien al revés. Temo no estar a la altura de tus besos. Porque voy a ganarte a besos. 

Pero sobre todo, y esa es la principal razón por la que ganaría besos, es porque te ganaría a ti.

Aspecto que convierte en todo lo demás, en una lista de cosas que ganaría contigo. En una vida que compartiría a modo de premio contigo. Siempre siendo tú el mejor regalo. Sintiéndome yo, el más afortunado.

Y todo si ganaran tus besos...

domingo, 22 de noviembre de 2015

Otro Amor

Es bonito no recordar el día que empezaste a ser suyo. Es más, no recordar el momento en que todo se convirtió en vosotros. Y si me apuras, nunca saber con ciencia cierta qué fecha, a qué hora, en qué minuto se catalogó como amor.

A saber en qué momento, en qué lugar y cómo, vino y te pronunció como pronombre personal. Vete tú a saber cuando se le ocurrió la idea de añadirle un determinante posesivo a todo tu inútil cuerpo, a todas tus estúpidas cosas. Ni te imaginas la de virtudes y defectos que fuiste por y para ella, que nunca le importaron, porque te trataba como único.  Ella ha hecho de ti un hombre empezando desde nadie.

Porque cualquier tiempo pasado no fue ni mejor ni peor, sino que fue vuestro, suyo, tuyo o cualquier pronombre posesivo que os delatase como presentes, como elegidos y como unidos. Y gracias a un par de conjunciones inoportunas, le pusiste una alfombra roja hacia el final tus últimas y terribles excusas. Así es como se suele terminar cuando fue más capricho que corazón.

Y así llega el día en que te cambian todos los determinantes de golpe. Con unas cuantas proposiciones de coletilla se entierra todo el nivel léxico-gráfico de sus ganas, y amaneces al día siguiente no siendo suyo, sino su otro.

Porque puedes ser su feo, su poco agraciado, su gordo, su amor, su vida, pero lo que nunca pretendas ser es su otro. Porque ser su otro es ser uno más de los que no posee. Uno más de los que quiso y no la dejaron. Otro más para la lista de otros.

Y nunca intentes remediarlo u olvidarte de todo ésto con otra, porque precisamente la otra es eso, otra, y la única capaz de quitarte ese adjetivo, es la misma que un día quiso recordarte que, todos los días fueran vuestros, la única que te sacaba del agujero cada vez que a ti se te caía el orgullo por algún agujero sin fondo.

Por eso yo no creo en los amores a corto plazo, ni al querer por querer. No es el objetivo ni creo en la frase de buscarse otro amor cuando lo anterior no funcionó. No se busca otro amor. Es más, es que si lo piensas bien, no lo hubo. Se busca el amor. Que aunque suene parecido es muy diferente. Por eso yo no quiero otro amor. Me niego a ser 'otro' más de alguien. Y querer, sé lo que quiero. Te quiero a ti. Porque no hay otro amor que me gusta más que el que vienes, a cuentagotas a darme.

Cuando vienes huyendo del que te dieron con anterioridad.

Te quiero si vas a querer lo mismo que yo. Buscar eso que siempre quisimos, que siempre nos exigimos. Otro Nuestro amor.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Tonta


La vida es maravillosa en cada detalle, en cada gesto, en cada tontería. Ahí detrás de lo que ves hay más. La sencilla razón de sacarse una sonrisa de gratis. Que no cuesta nada quererse quiero decir, y que muchísimo menos querer de puertas pa' fuera.

La vida son momentos. Esos ratitos donde lo das todo por alguien. Sobre todo el tiempo. Que lo consumes lentamente al ladito de la persona que hace olvidarte todo aquello que no esté cerca de sus labios. Y ahí vas, como un carro de combate hacia sus fronteras, a plantarle cariño. A conquistar todo su ser. Y acabas tú siendo el conquistado. Sin heridas, sin armas pero todo con amor. 

Hay que amarse. Hay que amarse jodidamente bien. Querer. Pero también se necesitan esas tonterías. Aquellas que la hacen única. Aquellas que te tienen un día más preso de sus sonrisas. Hay que decirse de todo. Pero sobre todo hay que ser tontos. 

Y cualquiera que tenga un dedo de frente sabe que no refiero al hecho de parecerlo o ser, sino al hecho de estar. Porque el amor crece con cada tontería que te recuerda al otro. En cada ínfimo detalle que te devuelve un momento pasado. Aquel objeto, palabra o gesto que te acerca a ella aunque esté a mil kilómetros de ti.

Por eso al principio dije que detrás de lo que se ve, hay más. Hay una intención, un recuerdo, un aspecto inolvidable de su vida. Aspecto que has tomado como tuyo, y que cada vez que lo ves, lo reconoces, te ríes. O llega la nostalgia. Sea lo que sea llega. Con ella, con él.

Es que me he acordado de ti ahora mismo. Y que alguien se acuerde de ti, es un detalle a tener en cuenta. Una tontería más. Y he visto que ya sin ti no podría sonreír. 

Que te quiero,

Tonta.

viernes, 20 de noviembre de 2015

No sé por qué me estoy enamorando de ti

No me acuerdo, ni me quiero acordar. No lo sé. Y no por ello es que te quiera menos. Te podría decir mil veces te quiero pero no creo que sea el siguiente paso que debamos de dar. Porque es eso lo que no sé. El siguiente paso que debemos juntitos de dar. Sí podría describir todas tus virtudes. Pero al caso, me gustan todos tus defectos también. Y si tuviera que describirte seguramente sería demasiado subjetivo. Tanto como enamorado.


No es que no se me ocurra. Es más, tanto tiempo pensando me ha llevado a tener mil formas de hacértelo llegar, pero no encuentro el momento, el sitio, el lugar. No sé ni si quiera cuál de las miles seria la mejor. Y tampoco, como es natural, te lo voy a preguntar.

Porque si algo tengo claro es que llegó por sorpresa. Que tú no te lo esperabas venir, que yo no supe ni si quiera que andaba ya diciéndotelo. Que todo se dejó llevar. Quizás fue la mejor manera, aunque la más lenta que determina el azar.

Porque si todo acaba sin intenciones, a saber mañana donde podremos estar. Y yo ya no quiero estar en cualquier boca. A mí me gustaría mirarte a tus ojos, reír contigo y pasear de la mano de aquella que quiero enamorar. A mí no me vale una cualquiera, y desde que conozco tu nombre, ya no quiero otro que no sea el que hace poco he empezado a nombrar.

Me gustaría un minuto de silencio en tu cama. Tus manos paseándose por mi espalda, y tu sonrisa cerca para que la pueda escuchar. Si te pido malas maneras no es que quiera que te portes mal sino más bien que cuando yo me equivoque sepas como castigarme sin dejar de quererme. Enséñame a quererte, tanto o más como he aprendido a echarte de menos.

Yo no lo sé. Ni sabré como pedirte el primer beso. Pero si lo que cuenta es la intención. Al menos, ya te la he hecho llegar. De una u otra forma ya sabes lo que quiero de ti. No es sólo un beso, no. Es saber las mil maneras con las que quiero decirte: "No lo sé, pero me estoy enamorando de ti."

lunes, 16 de noviembre de 2015

Pídemelo, amor


A riesgo de perder toda mi fortuna por tu piel, vamos, adelante, pídeme lo que quieras. Arrebátame todo lo que me queda de mí, que yo sin dudarlo te lo voy a dar. No tengas piedad. Ni en cama ni en intereses. Sácame la ropa, los cuartos, los besos y ponlos en buenos labios, que ahí van. A donde quieren parar.

Pídeme lo que quieras pero pídemelo ya. No esperes a que venga otra a quitártelo. A qué esperar si el mundo no pide calma, si tus abrazos ya no son más que de otra cosa sinónima a la ansiedad. Pídeme lo que quieras pero pídemelo ahora. Sin tiempo a que yo pueda juntar todo lo que vayas a pedirme para que veas, que pidas lo que pidas, ya lo tenía aquí guardado para cuando fueras a pedirlo sin avisar.


Pídeme lo que quieras sin remordimiento, sin miedo a la avaricia. Pide por esa b
oquita todas y cada una de las promesas que tanto te ilusionarán. Pide, no te dejes nada en el tintero, sáltate fronteras, límites, ética y rompamos los esquemas de lo que se pueda exigir, porque todo eso va  a hacer un poquito menos de todo lo que te pienso regalar.

Pídeme lo que quieras. Lo que desees. Lo que te dé la gana. Pide todo aquello que no puedas aguantarte más. Pide sin razón, encaprichada, como una niña chica que todo lo quiere. Que no se acabe esa ambición de tener, de pedir, de regalarnos uno al otro. Que siempre haya algo que se te olvidó. Y añadámoslo a esa lista de cosas que con un simple beso te puedes ganar.


Pídeme lo que quieras. Lo que nunca tuviste. Lo que siempre quisiste repetir. Oblígame a darte todo aquello que nunca quieras perder. Márcame todo lo que siempre debe estar. A modo de notita en la nevera ponme los detalles que no deben faltar ni aún cuando ya no estés en casa. Aún cuando te hayas ido a trabajar.

Sí, pídeme lo que quieras. Pero sobre todo, pídeme. Y más que a cualquiera, pídemelo a mí. Que yo, aunque no te lo quieras creer, ya te lo estoy dando. Pídeme lo que quieras. Pero pídelo. Que sin tus quiero, yo no tengo razón para mis 'para ti'. Que sin tus necesito, a mi me sobran todos mis protegeré.

Que sin tus besos, a mí me sobran todos los míos. Que me pidas lo quieras. Que me lo exijas. Que me lo obligues te estoy diciendo. Pídeme lo que quieras. Pídeme amor, que te lo voy a dar.

Me da la vida


Si ella lo supiera yo creo que repetiría. Nada más por ver que con tan poquito, convierte ésto que no es nada, en todo lo que jamás pensaba conseguir. Si ella supiera que me da la vida, yo en este mismo momento dejaba de escribir y me iba a donde estuviere, a buscarla. Porque yo ya no se lo quiero dejar escrito. Yo ahora lo que quiero es arañárselo en su espalda.

Si ella supiera que me da la vida cada vez que me devuelve el gesto, no estaba yo aquí contándole mis ganas, sino más bien, sofocándolas allá donde me lleve su cuello. Ojalá ella supiera que le escribo. Pero no aquí. Sino en una libretita donde guardo todos sus gustos. Todos sus caprichos. Si supiera que escondo bajo el cajón de mi mesa todos sus futuros regalos, yo creo que no demoraría en pedirme el primero.

Si me da la vida entonces yo ya no quiero contárselo. Entonces lo que quiero es besárselo. Hacérselo llegar a sus labios. Dedicárselo pero con mucho tacto. Con manos. Yo no quiero hablarle de amor. Quiero demostrárselo. Poner toda la teoría en práctica. Vivir. Pero con ella. Porque no sé si lo he dicho ya, pero no me importa repetírselo. Que me da la vida. Que me das, tú, la vida.


Que es ella la que me hace levantarme todas las mañanas. Que la busco, y a mucha honra. Que me da la vida. Y no se lo he pedido, y probablemente ni ella lo sepa, pero sí, me la da. Me da y mucho. Y todo sin tocarla. Sin poder tocarla. Me da la vida y a partir de ahí, como dice la canción, me va la vida. Ya no la contemplo como un tiempo que se me escapa sino como todo lo que me queda de ella disfrutarla junto a.

Que la quiero. Y no me importa perder una vida repitiéndoselo al oído. Me da la vida. Y si pudiera se lo diría. Y cuando tenga el momento se lo diré: "te acuerdas de aquella época en la que...", pues ahí ya me dabas la vida. Ahí estaba yo escribiéndote por falta de oportunidad, por lejanía de labios, por ausencia de besos.


Y sé lo que tengo que hacer. Compartirla. Dársela. Ponérsela en una caja, y a modo de me entrego a ti, hacerle ver que puede hacer con ella lo que le plazca. Porque yo ahí, me rindo. Ahí no tengo más nada que añadir.

Bueno sí. Que si ella me da la vida. Yo pienso dársela también. Que si me quiere, no hay quién mejor que ella para ponérmela patas arriba. Que no hay con quién mejor que ella para vivirla.

viernes, 13 de noviembre de 2015

El Amor No Existe


Schopenhauer defendía que la voluntad obra sin motivo. Que la voluntad no se encuentra sujeta a la causalidad, el espacio o el tiempo. Dicho de otra manera: que ésto de desearte con los ojos cerrados es más un acto de convencimiento que de efecto. Que ésto de querer es más altruísta que paradigmático.

Ningún amor es un modelo a seguir. El amor, y queda escrito aquí, no existe. Y no os pongáis las manos en la cabeza. Que no he dicho cualquier locura. Porque es que es verdad, visto lo visto, el amor no existe. Y no es un canto a la desesperanza sino todo lo contrario. Que el amor no existe. Que el amor se crea. Y yo creo que ahí forma parte fundamental la voluntad. Que el que crea no es sólo que quiera sino que además, siente el deber de mostrarlo. De inventarlo. Sacar cinco minutos a hacerlo. A pararse y querer tener un detallito, una casualidad, un short message service, un algo.

No es una contradicción a todo lo que venía diciendo hasta entonces, sino más bien, reafirmando la premisa de donde viene todo lo que nadie se atreve a decir en público. Que al final lo que cuenta es la voluntad. Y que el deseo, el te quiero aquí cerquita y el prometo que, son solamente manifestaciones de un amor que nunca lo valoramos como merecía.

La vida no es que sea bella, la vida lo que es jodidamente maravillosa. Y ya de camino hago un homenaje a esa película de Roberto Benigni que tanto me impactó, no sólo la primera vez que la vi, sino todas las posteriores en las que me empapo de que si algo se desea, se consigue. Al carajo toda ley de causa-efecto. Al diablo con todas las leyes del pesimismo universal. Calladas las bocas de todos esos que tenemos al lado vestidos de "te lo dije" o "ya lo venía venir". Independientemente de las condiciones con las que se quiera jugar, aquí, en este trocito de papel se gana. Y no solo es que se gane, es que además, se vuelve a jugar.

No es que sea bella, que lo es. Es que encima es guapa, inteligente, independiente y con un pisito en la playa. Que la vida que te espera es lo que tu madre quisiera para ti. Y que con ganas se puede vivir. Dejémonos de tanto tenernos y empecemos a querernos. Dejémonos de tanto pedirse, y empecemos a dar. Pero dar de regalar. De tirarse besos sin justificación. De estar, más que de aparentar. De secar lágrimas más que de provocarlas. Empecemos a comernos las palabras, y ya si eso luego la boca. Pero sobre todo que se diga. Que después nos quejamos de lo que se besó. Pero nadie se autoculpa de lo que nunca se llegó a hablar. De lo que debió ser la voluntad de prometerse.

Cuando quieras sacar una sonrisa no la fuerces. Simplemente sonríe. Aparece. Que no hay nada más voluntarioso que aparecer en ese sitio donde menos te esperaban. Y sé puntual. Que no hay peor sueño que aquel que tarda en llegar. Si deseas, que sea con conocimiento de causa. Si se quiere, al menos que se lea. Si se escribe, que quede aquí. Te Quiero N. Y que N. se lo tome como quiera. Y que la que no sea N. y quiera, que se lo proponga. Que se lo curre. Que aquí las cosas hay que ganárselas. No caen del cielo. Que si quieres ser N., que lo pidas. Que tengas voluntad. Ganas. Deseos.

Y ya por último, la vida se mide en suerte. Te la tienes que encontrar también. En eso estoy de acuerdo. Pero es que no sólo te la tienes que encontrar, es que encima te tiene que mirar a la cara. Mirarte a los ojos y decir, te ha tocado. Hoy va por ti. 

Por eso cada vez creo más en la voluntad y menos en el amor. Porque cada día que pasa en esta sociedad de ambición y pisoteo, más valoro la voluntad que el querer. Porque quererse se puede uno querer muy bien o muy mal.

Pero si alguien tiene la voluntad de buscarte, es decir, si alguien se ha molestado en cerrar los ojos, apretar los puños, marcar tu teléfono, mandarte un audio, un hola, un te quiero, o simplemente te ha mirado repitiéndose en la mente, "ojalá me mire, ojalá me mire, ojalá me mire", entonces no es que te quiera. 

Entonces es que nunca va a dejar de creer en Shopenhauer. Por eso el amor no existe. Por eso todas las noches escribo de lo único que hago con voluntad, amar. 

Y por eso creo que algún día N. me dará la razón. Que el amor no existe, sí. Pero eso no quita para decir que con voluntad se diga, que el amor existirá. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Mi amigo de travesuras


Ocho años se sentaban a dibujar en esa mesa donde siempre se hacen amigos. Ocho años escondidos en un pijama celeste que lo tenían en un sitio donde no quería estar.

La vergüenza del principio pasó a gustos encontrados. Empezábamos a entendernos. Él, ya que estaba allí, quería jugar. Yo, ya que estaba allí, también.

Para evadir la rutina encontramos que como mejor nos lo pasábamos era criticando a diestro y siniestro a todo aquel o aquella que se pusiera por delante. Un juego de niños. Una picardía infantil. Una excusa con la que sonreír.

Empezamos a contarnos al oído todo. Eran nuestros secretos. Ocho años tenía secretos. Como yo. Ocho años tenía ganas de portarse mal y  yo no le iba a quitar esa ilusión.

Entonces a modo de juego le pintamos un dibujo a nuestra víctima favorita. Le pusimos verde. Coloreando su nombre para dedicarle nuestras mejores travesuras. Tengo que reconocerlo. Me ha encantado olvidarme que andábamos malitos y ser malos. Me ha encantado portarme mal. Que la abuela estuviera allí riñéndonos con la mirada. Me ha encantado conocer a mi mejor amigo de travesuras.

Lo único que espero es que le vaya bien. Que algún día llegue a casa igual de travieso pero muchísimo más sano. Y que no se olvide del día que empezamos a portarnos malamente.

Porque yo nunca me voy a olvidar. Ni ella. Ni todos los que allí lo teníamos como el amigo de ocho años con el que siempre quisimos jugar. Nuestro mejor amigo de travesuras. Un día más como #MartesDeHospital.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Primera Lección de Amor

Hoy he ido a buscarte. En el mismo rinconcito de la cama donde te esperaba. Hoy he vuelto a extender el brazo más allá de mi cuerpo para buscarte por entre las sábanas y abrazarte. Hoy ha vuelto a despertarme tu ausencia. El no saber de ti.

Hoy he vuelto a buscarte. En el único sitio donde me dejaste. Allí donde es todo tan frío. Donde todo tan depende de ti. Hoy he vuelto a dejarte un mensaje en el móvil. La única opción que me dejaste. Lo que ahora, irónicamente, más se acerca a tocarte. Que a mí, sin embargo, me sabe tan a nada. Que deja un sabor de 'ya si eso'. De vete tú cuando volveré.

Hoy he ido a buscarte ¿Y qué? Que parece que si se dice se pierden tres puntos en el orgullo. Que parece que si se busca se pierde la opción de macho alfa. Que parecemos tontos, joder. Ahí encerrando las intenciones por miedo a que te descubran cualquier síntoma de debilidad. Y eso es lo que más rabia me da. Que no es ni debilidad. Sino todo lo contrario. Es la seguridad de querer algo. De tener la fuerza de ir a buscarlo. El coraje de que todo lo demás te dé igual. Que si la quieres la vas a ir a buscar. Sean cual sean las consecuencias. Sean cual sean las impresiones.

Pues mira, sí. Hoy he ido a buscarla. A "tocarla" de la única manera que sé ahora mismo. Hoy he ido a preguntarle como estaba. Porque a todos nos gusta que se preocupen por nosotros. No se me han caído los anillos por querer mostrar un poquito de afecto. De cariño. De corazón.

Hoy he ido a buscarle. Bueno, ¿y qué? He ido a ser como soy. A tener un detalle sin nada a cambio. Yo no pedía ni que me contestase. Simplemente que lo leyera. Que supiera que estar estoy, en cualquier sitio, a cualquier lágrima, en cualquier ocasión. Y que lo volvería a hacer si de dentro me saliera.

Y más te digo. Me encantaría besarla. Agarrarla de la mano y pasear las emociones. Me gustaría empaparme de su vida. Saber cada detalle de sus pequeñas cosas. Conocer su pasado. Sus miedos. Sus sueños. Me encantaría tener mi mente ocupada en ella. Buscarle un hueco entre mis prioridades. Hoy, aquí, ya.

Me gustaría poder reírme con ella. Conocer su sonrisa. Enamorarme de ella. Y con ella. Estar en sus fotos pidiéndole un abrazo. Mirándola a los ojos. Pidiéndole un tiempo que sé que ella a día de hoy no tiene para mí.

Pero me gustaría corresponderla así tan distante. Y buscarla. Porque si te quieren sin que tú lo muestres es una muestra de amor de ese del que no nos creemos que existe. Si te buscan sin que lo pidas, apréndete la lección: 

Te quiso.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Todo lo que he guardado de ti

Tengo guardada tu sonrisa en alguna parte de la memoria que por mucho que me lleve sin verte no se va. Tengo tus palabras escondidas en algún rincón de mis redes sociales. Ocultas, porque quiero, egoístamente ser, el único que las vea.

He guardado todas mis miradas por miedo a ofender tu timidez. Me guardé todos los abrazos que hoy me arriesgo a decirte que deseé. La voluntad la escondí cuando pude. Cuando no, no. Porque a veces perdí más de una vez la compostura por tener ganas de saber de ti. Por saciar un poquito mi nostalgia.

En aquel rincón de la cama, guardé un hueco con el tamaño de tu cuerpo para asegurarme, que si soñaba contigo, ibas a estar cómoda. Ibas a tener tu espacio. Ibas a estar bien.

Guardé muchas veces las ganas junto con las ilusiones en el mismo espacio donde se encontraban mis esperanzas. Escondí muchas veces lo que sentía, junto a todo lo que dejé de sentir. Porque ya no se lleva el flechazo, ni el amor sin condición ni porqués. Me vestí muchas veces de un cualquiera por miedo a que lo diferente sonara a sinónimo de raro. Me dejé engañar por todos y cada uno de tus silencios. Interpretando despedidas y errores que un pasado me llegó a conceder.

Y ahí me guardé todos los mensajes que te hubiera mandado si hubieras hoy aparecido antes de este texto.

Entonces me guardé los besos. Entonces me guardé los sueños. Y cerré la cajita de los días que te esperaban. De todas las horas que me iba a enamorar de ti. De todas las promesas y cosas que quería cumplir y viajar contigo.

Todo lo guardé ahí. En una intención. La tuya.

martes, 3 de noviembre de 2015

Estás para comerte


Mañana no. Mañana no me dejes con las ganas, por favor. Mañana aparece. Déjate caer por allí por donde solíamos devorarnos. Mañana ven. Que si vienes yo no me pienso ir. Que si vienes, te vas a arrepentir de haberte ido la última vez. Mañana quédate. Que si te quedas, te vas a enterar de lo que vale un siente.

Porque estás para comerte con la vida. Porque a mis ojos se le han antojado todas tus curvas. Que a mi mirada le falta tu presencia. Que mi olfato pide tu perfume a cada bocanada de oxígeno. 

Es que estás para comerte. Sí, tú. La que siempre aparece por allí como quién no quiere la cosa. Tú, la que se va sin ser besada. Mañana no me digas que no vas a venir. Porque mañana tengo ganas de ti. Pero mucho. Porque si de algo quiero mañana es de comerte con los ojos. De sentirte, aunque sea ese ratito, cerca. Muy cerca.

Mañana, aunque sea sin querer, dale a la casualidad la oportunidad de ser provocada. Mañana intenta coincidir conmigo en tiempo, en lugar. En todo menos en intenciones. Porque yo voy un paso más allá que tú. Porque tu estás para comerte. Yo estoy para, otra vez, dejarme convencer por un cuerpo de mujer. 

No me creerías si te dijera que sí. Que sí. Que estás para comerte, y que todo ésto va por ti. Por esa chica que veo dos minutos en un día de la semana. Por esa mujer que me apetece cada Martes conocer. Dime mañana que vas a estar allí esperando. No a mí. Simplemente esperando el momento, el día, la oportunidad, el tren.

Porque si mañana no te veo en aquel andén, tendría que esperar una semana más para lo único que, de momento, quiero hacer.

Ojalá mañana te vuelva a encontrar.

Porque estás precisamente para éso. Estás para volverte a ver.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Untitled


La he visto. Era ella. Era la mujer de mi vida. Lo sé. No había duda. Era ella. La podría describir si quisiera pero no era por su descripción por lo que yo la sentí tal. No eran sus manos, ni su espalda. Ni si quiera su cara, ni sus piernas. Ni si quiera sus ojos, que tantas veces los miré para provocar un cruce que nunca se producía. Era su estar. ¿Cómo decirlo? Su presencia. Era su presencia. La forma que tiene ella de estar humildemente misteriosa. Su anonimato. Pero no siendo cualquiera, sino ella. 

Sé que no me entendéis pero la vi y era ella. Estoy segurísimo que lo era. Y no por su físico, que también, sino más bien por sus gestos, su mirada suave al mostrador de tartas. La manera que tenía de ser una mujer. Coqueta, enigmática, dulce, sencilla. Era la manera que tenía de sonreír, su forma de guardar las manos en su abrigo verde oscuro. O cómo asentía con la cabeza cuando su amiga le hablaba de algo. Su manera de quitarse el pañuelo del cuello. O como se recogía el pelo detrás de su oreja cuando le molestaba.

Era cómo pisaba el suelo con sus botas de otoño marrón claras. Su manera de andar. El cómo camino de la puerta, caminaba tímidamente, como con miedo de si fuera a molestar a todo el que estuviera allí.

Era ella. Seguro. Tan seguro como que cuando salió de aquel lugar, sentí que la perdía. Como si por el simple hecho de estar viéndola ya tuviera que ser mía. Me pregunté porqué no le dije nada. Porqué solamente fui yo quién tuvo esa sensación.

Nunca la volveré a ver pero pensé que se merecía un huequecito aquí, en este rincón donde suelo enamorarme de los recuerdos.

Porque era la mujer de mi vida. La idea que tenía de ella y que imaginé cuando la vi allí tomándose un café delante de mí. Nunca pensé que eso pudiera pasar. Descubrí entonces que el amor no se hace. Que el amor nace. Que surge más que que se provoca. Que ella, sin hacer nada, mira todo lo que es capaz de crear. Que yo, sin hacer nada, mira todo lo que fui capaz de sentir.

Quién sabe si a ella le hubiera dado por mirar. A lo mejor ahora estaría hablando de sus besos y no de su boca. A lo mejor ahora estaría hablando de sus caricias, en vez de sus manos. De su olor en vez de su cuerpo.

Si le hubiera dado por mirar a lo mejor estaríamos contándonos todo esto bajo un paraguas, una manta o en cualquier otro lugar. Si le hubiera dado por mirar, yo le hubiera pedido su nombre, su mano, un lugar para volvernos a encontrar.
Si le hubiera dado por mirar yo le hubiera pedido un beso, un momento y un título para este escrito.

Con el que no olvidarla jamás.

sábado, 31 de octubre de 2015

No te vayas a enamorar

No te vayas a enamorar. Haznos un favor, no te me enamores. Aunque lo estemos haciendo muy bien incluso fuera de las sábanas, pero por favor, no te enamores.


Déjalo estar. Que así nos va muy bien. Quiéreme igual de flojito que siempre. Quiéreme así de bien. Quiéreme como hoy. Ni más ni menos. Así. Que no falta, pero que además, no nos vaya a sobrar. Porque no se trata de exigirse cada día más, sino precisamente de ver que cada día que pasa, necesitamos la misma cantidad. Dejémonos ese sabor en los labios de quiero más. Pero sin que sea más. 

Y eso no es quererse mal. Eso no es quererse menos. Eso es demostrar que cantidad no es calidad. Que si nos queremos no nos lo tenemos, ya apenas, que demostrar.

Que no te vayas a enamorar. Que nos veo venir. Que cada vez hay más sentido en el beso. Que cada boca ya es menos dueña de quien la posee. No te enamores que a saber cómo puede acabar todo ésto.

Bueno, yo sí que lo sé. Pero no te vayas a enamorar, ¿vale? Prométemelo. Dime que no vas a quererme tanto tanto tanto que al final llegue a sobrar. Dime que no lo harás. Que no vas a empezar a pedir fuera de carta. Dime que ninguno de los dos vamos a sufrir. Que va a ir todo bien. Bueno eso no me lo digas. Eso bésamelo. 

Muérdeme todas las ganas. Aquí bajo mis mejillas dime que no te vas a enamorar. Que nos queremos muchísimo. Que nos tenemos un sitio guardado en el destino. Dime que sí. Que no hubo nadie que te pidiera que no te enamorases de él. No te vayas a enamorar por una razón muy sencilla.

Porque si te enamoras tú, me enamoro yo. Y entonces ahí, a ver quién nos iba a parar...

viernes, 30 de octubre de 2015

Que va a venir el frío


Si no me importaras no te lo diría. Que el otoño no va a venir. Y que si vino, ya se fue. Que el invierno se está colando cada noche por las ventanas. Que vayas sacando todos esos abrazos polares del artillo porque los de entretiempo ya no cubren. Que las medias tintas y los besos sin sentimientos ya no merecen ni la pena probar. Es que ya sientan hasta mal. Es que después dejan un gusto muchísimo peor.

Que a quién le pille este noviembre a solas y sin abrigo lo va a pasar mal. Lo va a sentir peor. Que va a venir el frío y esto es como el juego de la silla, el que se quede sin corazón donde acobijarse cuando acabe la canción, se queda fuera, sin premio, sin poder amar un invierno más.

Vete buscando unos besos que quemen, unas caricias que reconforten porque aunque no te lo creas lo vas a notar. Lo vas a agradecer meses vista. La primavera va sonar a otro rollo. Los meses no van a pasar, van a volar. Porque si llega el frío y no los tuvieras, los ibas a echar en falta. Los ibas a estar pidiendo a cualquiera que pase por allí. Con lo inútil y perjudicial que es entregarse a un don nadie, a un cualquiera. Con lo violento y frío que es conformarse con lo primero que venga a calentar.

Si hay que invernar, búscate una sonrisa de hogar, búscate mejor una compañía que un acompañante. Búscate una boca que no te cansen de besar. Una boca que no te vaya a engañar ni que te vaya a dejar helada cuando coja esa puerta y decida marchar.

Si empiezas a tener frío no digas que no te lo avisé. Que va a venir el frío. Y aquí sólo cuenta quien mejor te sepa arropar. Que aquí lo que importa es estar, quedarse, acompañar. Que aquí cuenta abrigar, proteger, cuidar. Que la piel de ambos se comparta, se roce, se quieran. Que los ojos se miren a las necesidades. Que pidas bajo esa chimenea lo que te encapriches, cariño, que yo, aún con este frío, te lo pienso dar.

Que yo, este frío que viene, si quieres, te lo quiero hacer olvidar.

jueves, 29 de octubre de 2015

¿Quieres entrar conmigo?


Pues sí, mira. Estoy enamorado. Y sí, tiene nombre. Nombre de mujer. Tiene ojos marrones, descartando todas esas de colores celestes que me dejaron bien clarito que no. Y no sólo que no, sino que nunca. Que es muchísimo más 'no' que cualquier otro adverbio de desamor.

Que sí, que sí. Que me gusta. Que me encanta. Que no le encuentro una pega por la que defenderme de su presencia. Que me tiene si ella quisiera. Que me ha enamorado. Que estoy pendiente de su boca tanto como de la mía. Temeroso de decir lo que menos quiera escuchar.

Y tal como te digo ésto, también te digo que no. Que ella no lo sabe. Y no sólo que no lo sabe, porque eso pueda hasta sonarte normal. Agárrate a dónde puedas porque ahí va: No es que no lo sepa, es que, además, nunca lo sabrá. Que no se lo voy a decir. Pero no hoy. Que no se lo voy a contar jamás.

No se lo he dicho porque no hay ni momento ni lugar. Sé exactamente el paso que no hay que dar. Que yo no quiero salir con alguien, yo más bien lo que quiero es alguna vez, entrar. Yo no quiero exteriorizar la relación, yo lo que quiero es intimar la frecuencia de besos que nos queramos dar. Que sea cosa de sofá, de inviernos acurrucados en un salón. De frío en zona de dormitorio en punto de ebullición.

Yo no la quiero con una obsesión de tenerla porque sí. A mí me encanta acariciar la idea porque es la única manera de no romperla. A mí me gustaría que sintiera la necesidad de entrar conmigo sin tenerle nada que provocar. Que sea un porque ella se quiera quedar.

Porque además lo que ilusiona es el "pero y si..." de que todo pudiera pasar. Lo platónico de pedirle que entre contigo a tu vida, a tu rutina, o a viajar de la mano a cualquier lugar. No se lo diré, no por miedo al fracaso, sino porque a ella no hará falta decirle más. Simplemente dejarle la puerta abierta, por si ella sola decide pasar.

Pero repito: Que ella no lo sabe. Y que nunca lo sabrá. Porque si tiene que ser para siempre, la mejor manera es así. Eternamente soñada. Preguntándole todos los días de mi vida,

"¿Quieres entrar conmigo?"

miércoles, 28 de octubre de 2015

No Sé Amarte


No sé quererte. Con todo lo que eso conlleva. No me han enseñado a querer así tan a solas. No sé quererte desde aquí. No es que no me salga. Es que no sé. No me lo aprendí porque no tuve antes a nadie como tú para al menos, vérmelas venir.

No sé que mirada ni qué besos ibas a necesitar de mí. Y si lo supiera, dime luego qué haría. Si es que no sé. Si es que cada vez que te veo me hago el loco, porque yo no sé si cuerdo iba a responderte toda la locura que de repente siento por ti. Pero no sé, no sé cómo acercarme a ti.

No sé amarte. Pero no te lo tomes como que no quiero aprender. Como que me rindo. Como que gracias, encantado de conocerte, hasta aquí. No sé amarte pero como aviso. Como prueba y preludio de que si lo intento, todo pueda ser que me vaya a quedar en blanco en cualquier prueba de amor que me vayas a poner. Que no lo sé, pero es que encima, si lo supiera, no sabría hacértelo ver.

Me cuesta una barbaridad encontrarte. Sacarte una sonrisa. Yo ya ni sé cómo aparecer. Es que ni aparentar me sale. A mí la imaginación me la has inhibido como todo lo que un día creí que sabía cuando fuera a encontrarme al amor de mi vida, y que ahora, que te tengo ahí, ni terminar esta frase me sale.

Dime cómo se hace una vida contigo y dime cómo, sobre todo, se empieza. Porque es que yo no lo sé. Dime cómo me aguanto las ganas y dónde escondo todas las ilusiones que de primera impresión sé de sobra que asustarían. Dime todo eso porque no sé amarte. Me has llegado sin avisar, sin librito de instrucciones y no sé cómo construirte todo lo que me encantaría darte a sabiendas de que pueda pasar que me vaya a equivocar. Porque ten por cuenta que alguna vez me voy a equivocar. 

Yo no sé amarte. Y no te estoy pidiendo que me dejes marchar. Yo lo que te estoy diciendo es que te quedes. Que te quedes conmigo, tú desde allí. Que te sientes en el hueco que he dejado en el banco de aquel sitio donde casi siempre nos solíamos evitar. 

Yo lo que te estoy diciendo es que me enseñes.

Que como tú, nadie podrá.

martes, 27 de octubre de 2015

Esos Enanos


Queredlos. Queredlos como si no hubiera un mañana. Como si no hubo un ayer. Queredlos porque como ellos no los hay. Y da igual que los hubiera porque, os digo yo que, de haberlos, ustedes no los veríais con los mismos ojos. Que no hay dos repetidos. Y sin embargo, que cada uno es igual de especial.

Queredlos. Queredlos porque es la única manera de que sanen contra esta barbarie de mundo. Enseñadles lo antes posible qué es el cariño, el amor y el ayudar antes de que vean una pistola por la tele, un cáncer con forma de todo menos de horóscopo, o un cuerpo como el suyo ahogado en una playa de Turquía.

Cuidadlos, pero sobre todo queredlos. Queredlos por encima de cualquier religión. De cualquier cosa. Ponedlos los primeros en todo. Quitaros el traje, dejad las tarjetas black en esa bandejita, y pensad un poquito menos en ustedes y un poquito más, en todos los demás. Venderos el alma al diablo por ver que si ellos la necesitan, tú se la darías sin dudar.

Cuidad que mañana os sigan llamando papá, abuela o tía. Porque nadie va a venir a deciros ese vocabulario tan necesario en una vida. Porque no hay otros que os la vayan a regalar. Romped las fronteras de cualquier nación hasta tal punto que la compresión no quepa en ningún país. Y hacérselo ver. Porque ellos, mañana son el futuro de lo que tú dejas aquí de mal. Ponérselo un poquito más fácil de como te lo pusieron a ti la guerra de Irak, el blanco y gris de la tele franquista o las becas de Wert, si es que hubo alguna. 

Preocuparos de que no les falte de nada. Si enferman, estad bajos los pies de su cama o cuna y tened siempre una cara de 'no pasa nada'. Tened siempre una sonrisa de esas de 'todo va a salir bien'.

Queredlos porque son vuestros hijos. Queredlos porque son vuestros nietos, sobrinos, niños del mundo. Los que mañana van a cuidar de ustedes cuando vuestras fuerzas digan 'ya no puedo más'.

Queredlos porque nadie va a venir a daros lo que ellos os podrían devolver de cuando estaban en tu lugar. De cuando eran ellos los que débilmente podían hablar. De cuando apenas podían caminar.

Queredlos porque esos que no levantan un palmo del suelo, mañana os sacaran una cuarta de amor que sólo ustedes le pudisteis enseñar. Queredlos porque al fin y al cabo son sólo, niños.

Esos enanos, a los que un día decidisteis tener. Enanos a los que un día y para el resto, os propusisteis verlos crecer.

Verlos crecer. Verlos, crecer.