jueves, 29 de octubre de 2020

Te espero en las malas

Te espero en las malas. En cualquier lugar de tus escondites. En cualquiera de tus lágrimas a punto de estallar. Te espero bajo una mueca de enfado. A reñirme con toda la razón del mundo. Te espero en cualquier día de otoño que no nos dieron ninguna tregua, que no nos dejaron en queridos. Te espero en las malas, en todos esos días que nos vamos a equivocar con todo el equipo. Que vamos a caernos a base de bien. Te espero en las peores, en las que están por venir, porque van a llegar.

Te espero en la vida, en las ganas, en los besos por dar. En todas las noches sin ti. En todas esas me incluyo. En todas esas te incluyo. Pensando que algún día apareces sin previo aviso a romperme la rutina, a contradecirme todos los 'hoy no'. Te espero en todas las negativas, en todos los guantazos que nos va a dar la vida, en todos estos metros de separación. Porque en todos ellos me siento un poquito menos tuyo pero sin embargo, más quisiera estar.

Te espero en todas esas promesas que aún no te hice, en todas las cenas que te iba a regalar. Porque en todas ellas me quedaba a los postres, porque en todas ellas te iba a devorar. Te espero en cualquier enfado de niña mala, en cualquier pelea de sofá, en todas aquellas donde no tenías la razón y que jamás te la pensaba dar.

Porque yo no quiero una niña consentida sino una niña que quiera luchar. Que no se conforme con unos  labios, sino sabe lo que tanto me supo el besar. Porque no quiero un cuerpo bonito, sino un corazón que de grande no se pueda guardar. Que cuando todo se vaya a malas, siga queriendo jugar.

Que aunque vayamos a espararnos en el mismísimo infierno, ella, se piensa quemar.

Que yo no quiero que me lean, ni que me escriban, ni que me besen.

Yo no quiero que me vaya a buscar. Ni que me vayan a querer a lo viceversa.

Yo lo que quiero es que me espere,
En el mismo sitio donde la dejé escapar,

Porque allí fue tan libre como nuestro,

Y aún así, en las malas,

nos quisimos esperar.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Si estuvieras aquí


Si estuvieras aquí, no te escribía, te lo leía. Y te susurraba al oído la de veces que iba a morderte los labios. Con toda la intención de, cuando se acabe con la teoría, ir directamente a por la práctica. Si estuvieras aquí no te demandaba, te exigía. Y empezaríamos a desprendernos de la ropa, de los miedos, del pasado.

Si estuvieras aquí te abrazaba bien fuerte, y te invitaba a un invierno de cama, sofá y mantas. Y te congelaría las lágrimas cambiándolas por unas comisuras muy besadas, por un frío donde se quiere estar, un cuerpo donde se quiere helar del bueno. De este que, por mucho que apriete, no congela nada.

Si estuvieras aquí te contaba los planes, te restaba todos esos momentos donde nos dejaron en leídos, donde poco importó donde estuviéramos si nunca nos fueron a buscar. Si estuvieras aquí, te robaría los besos para vendértelos gratuitamente a muy bajo coste, a muy de bocas.

Y si estuvieras aquí dejaríamos de contarnos el tiempo. Si estuvieras aquí ya no habría nostalgia, ni añoranza, ni soledad, ni miedos. Si estuvieras aquí ya no habría un lejos, ni una fecha, ni un te lo prometo. Si estuvieras aquí ya no haría falta más que piel, manos, sexo.

Y si estuvieras aquí ya no habría que pedirle mimos a las ilusiones, ni caricias al deseo. Si estuvieras aquí ya no serían ansias sino ganas. Y ya el cariño no sería más que un primo hermano del enamoramiento. Ese tonto amor que nos duerme cada noche en busca de un arrumaco que se manda desde tantos kilómetros de verdad.

Porque si estuvieras aquí, me volvería a enamorar como un niño chico de tus morisquetas, de mi sudadera puesta en tu catálogo de pijamas de invierno, de tus peleas sin herir sensibilidades, en busca de una fotografía que recoja, no sólo que estuvimos sino que, pensamos estar.

Si estuvieras aquí, quédate. Si estuvieras aquí te pediría que no te fueras otra vez de nuevo. Que no quiero otro cerca que no fuera el tuyo, el que, cuando vengas, pienso dejarlo como núcleo de la frase 'te quiero mucho'.

Haciendo caso omiso de las reglas de la sintaxis, catalogando un verbo que convirtiría en sujeto omnipresente de cualquier medida de distancia mayor que cero.

Si estuvieras cerca, no te lo escribía.
Te lo besaba en la piel.

Dejándote la señal de que algún día te lo grabé.

Que en el mejor sitio donde pudiésemos estar, fuera en cualquier parte de estas palabras.

Para volvernos "cerca" de tanto amor.

lunes, 12 de octubre de 2020

Ahora que me ves

En fotos de hace meses donde era tuyo, muy tuyo. En el hueco vacío de la derecha de tu cama. En el trocito de sofá donde te cuidaba los tatuajes, donde te curaba las heridas, donde te hacía el amor por primera vez. 

Ahora que me ves en todas esas ausencias que gritaste, algún día, creer necesitar. Que ahora, cuando tienes de nuevo corazón, pides llenar sin fuerzas, sin magia, sin razón. Que hay otros labios que te engatusan, otros ojos que te miran, donde eran los míos los últimos en darse cuenta que mis sueños se rompían con la traición balando la que sería la última canción.

Ahora que me ves en los besos de otros, en las fotografías guardadas en el móvil llena de sentimientos, de compañía, de ganas. Ahora que me ves en una mesita de noche en forma de libro, de dedicatoria, en una casa aún por barrer, en una cocina donde se hacía amor del bueno. Ahora es cuando vienes y me pides fuera de carta.

Caprichosa que todo lo tenía, a la que todo se le daba, ahora empieza a demandar lo que tanto destrozaste, lo que tanto te escribió. Que siempre se firmó en tu piel a base de 'me quedo'. Donde miles de tardes se acostó para acunar tus miedos, tu frío, tus monsrtuos.

Ahora que me ves curado, lleno de cicatrices mimadas por otro rimel, besadas por otra boca que suturan todo lo que dejaste herido. Ahora que me ves lejos, donde ya no me tocas, donde ya no me rozas,

Ahora que por fin me ves,

Yo ya no te creo.

jueves, 1 de octubre de 2020

Otro naufragio más

He llegado al borde de tus caderas sin viento a favor, con oleaje fuerte, a contracorriente de unos besos pasados que quemaron mis naves, que saquearon mis cuidados, que mermaron mis ganas de ser héroe de un pequeño o pequeña al que debimos ponerle nombre.

He atracado en tus ojos. A saciarme de todo lo infinito que escondes, a reparar, si cabe, todo el tiempo que estuvimos en los brazos equivocados de unos cualquieras vestidos de nadie. He entrado en las mareas que recorrían tus curvas, tu pelo, tus comisuras y me quedo en un naufragio junto a ti, a saborear tus miedos, a soñarlos contigo.

He navegado entre cobardes en busca de tus labios. He sido pirata de tesoros que cambiaría por cinco minutos más de reloj en tu bando, en tu horizonte. Sabedor de leyendas y cantos de ultramar que nunca me hablaron de que el azar es más pícaro que el irte a buscar. Consciente de que el único mapa que nos ha llevado al encuentro ha sido el  destino en busca de darnos una lección más de que todo llegará. Con una equis bien negra en tus ganas, con una línea discontinua que marca el rumbo a seguir.

He estudiado tus gestos, tus manías y tus defectos. Y me los he guardado en la bitácora, bajo la bodega llena de ron que saciaremos en la alcoba mayor cuando ya no haya tierra a la vista, en mitad de una tormenta, bajo la lluvia fría de octubre.

Me he guiado por una brújula que no indicaba el norte. De estas que te marcan lo que más deseas. Llevando días seguidos donde marcaban tus senos, tus besos, tus gestos. Y me marcaba tu cuerpo como destino. Tu cuerpo como final de trayecto, tesoro por explorar. Arena mojada de playa virgen por conquistar. Agua salada de bocas a punto de explotar. 

Una aventura de Kraken y monstruos de mar. Sin barco, casi sin ropas pero llegando a la orilla con sed, con ganas, con fe. Que no están estas maderas mojadas para buscarse otra sirena de mar. Que no está este barco,

 para otro naufragio más.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Estrella fugaz

De apariencia sibilina. De estas que por mucho que corras detrás parece que nunca la vas a alcanzar. Diría que escurridiza, de estas niñas que nunca se están quietas. Que nunca se paran en algún lugar. De estos amores que corren deprisa, de los que te dejas llevar. Ella era, no sé como deciros, agua de río, corriente eléctrica, chispa, estrella fugaz.

Es cuando me mira a los ojos, cuando me sonríe por debajo de la mascarilla, cuando se mete conmigo de broma y me busca a sabiendas de que me va a encontrar. Juega como nadie. Me gana como la que más. Es azar, droga, deseo, vicio; vicio de verdad.

Me gusta porque sabe responderme con la misma medicina con la que yo la pico. Porque me da la sensación de que nos hemos enamorado al ratón y al gato. Porque nos hemos encaprichado sin florituras, a tiras y aflojas, a su velocidad de crucero y a mis miedos de un pasado que me estampó a tanta celeridad. Devolviendo las bromas como si de un partido de tenis se tratase. Esperando el momento, el sitio oportuno, el lugar. Es set y partido, competidora, inquieta, mala perdedora, increíble rival.

De curvas inquietas, sonrisa que esconde más las ganas que los besos. Y me gusta de ella, que podría levantarme y sacarme de las peores, que la quiero porque es tormenta, porque es trueno, lluvia, naturaleza viva, monzón. Que podría levantarme del sofá o provocarme una guerra de cojines donde la cama es la batalla final.

La busco, porque si le pido un deseo, me lo cumple. Porque el destino la trajo hasta aquí, porque las arrugas de sus comisuras me quitan años, problemas, miedos. Porque si la llegara a perder, no sé si me lo llegaría a perdonar.

Y estoy seguro de que nos vamos a volver a ver,

Aunque sea en otra noche, en otros labios,

En otra estrella fugaz.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Amor de instituto

Ha vuelto el amor de instituto. Con otro cuerpo, con otro nombre, con otros labios. Otros ojos que ya no se pintan de mentiras, que ya no me duelen sus miradas. Ha vuelto con otra boca, otra sonrisa, otro amor. Que ya no tiene nada que ver con lo que se vivió, con todo lo que se murió.

Ha vuelto con otras ilusiones, con otra entrega, con otras ganas. Y ha venido a quedarse. A romperme los esquemas de una vida en la que ya no quería abrazos ni camas de hotel. Ha vuelto en forma de flechazo, de quédate a conocerme, de ven a lamerme las heridas, de hazme el amor con uñas y dientes.

Y ya me busca, ya me nombra, ya me provoca. Y juega al tira y afloja donde yo siempre me dejo perder. Donde ella se cree ganar. Y ahí ha vuelto, a curarme los tatuajes de una piel que nunca le escribió.

Hasta ahora. Hasta ahora que veo como estas líneas salen por culpa de su presencia, donde no hay palabra que no me emocione de sus curvas, de su pelo rubio suelto, de su nombre, de sus ojos grandes y marrones.

Hasta ahora que ha venido sin que la llamaran, que no es consciente de que hay párrafos pidiendo su autoría, que hay tardes que demandan su ropa esparcida en el suelo, que hay noches que son el preludio de volverla a ver.

Ha vuelto, el amor de instituto, el amor de caprichos, de mordisco en el labio inferior, de recreo, de piercing en la nariz, de escríbeme esta tarde, de te echo de menos sin ser conscientes de lo que era ese verbo.

Amor de entre clases buscándose unos minutos donde comerse a miradas.

Amor que vuelve para decirse que eso fue un flechazo donde vas a volverte a caer con todo el equipo.

Y donde éste, piensa disfrutarlo.

Por si se vuelve a ir,

Por si nunca llega a leer esto antes de graduarse en mi pecho,

Para que, por si algún día me suspende,
Que sepa,

Que yo me dejé su asignatura para septiembre,

Para aprobarla con estos versos.

viernes, 28 de agosto de 2020

Quiero llegar ahí

 Quiero llegar ahí, a ese rincón donde guardaste tus miedos. Quiero conocerlos, protegerlos, asegurarme de que nunca se vayan a escapar. Quiero cuidarlos, mimarlos. Que no haya nada ni nadie que pudiera tocarlos más que mis manos, más que mis dedos.

Quiero llegar ahí. A cualquier recoveco de tu piel. Surfear por ella. Impregnarme del olor que dejas en las sábanas al despertar. Quiero habitación y ropa de cama de hotel. Quiero estar ahí. En ese momento donde me das un beso, coges las llaves y te vas. Quiero estar en el sofá esperándote una tarde, guardando el atardecer para dedicárnoslo.

Quiero llegar ahí. En ese momento que abres la puerta, cansada, sueltas la maleta y te acurrucas cerca de mi pecho en busca de un abrazo, de una caricia, de unos mimos que con gusto se deberían de dar. Quiero llegar ahí, a todas tus incertidumbres. Y mecerlas en una cuna, ponerles nombre.

Yo quiero llegar ahí, a cada fin de semana de final de verano con toda la casa por barrer, con todos los besos por darse. Quiero llegar ahí, a todos esos te quieros. A todos esos junto a ti.

Quiero llegar ahí. A tus deseos, a tus ganas, a tus comisuras. A perderme en cualquier sitio inexpugnable de tu cintura. Y sentirme conquistador de tus caderas, gobernador de tus vellos de punta mientras bajo por la espalda a pecar de lo lindo.

Quiero llegar ahí.

Al único sitio de cuál puede que no regrese jamás.

Quiero llegar ahí,

Contigo.