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domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuando no se dice 'no' a tiempo

Cuando tú eres tremendamente adorable, buen amigo. Cuando eres la persona más bella que se puede echar a la cara. Cuando eres increiblemente fiel y buen confidente.
Cuando eres el mejor pañuelo de lágrimas, su mejor sonrisa. Cuando tú eres su compañero de juegos, y la joya que cualquier mujer querría tener.
Cuando tú eres el "¿estás bien?" y el te quiero en días nublados. Cuando tú eres el incondicional y el "siempre estoy aquí".
Cuando tú podrías ser el amor de su vida. Cuando eres seguramente el mejor novio que podría tener. Cuando serías su mejor pareja y el mejor padre de sus hijos. Cuando podrías ser el elegido para acompañarla toda su vida.
Cuando te conviertes en el que siempre está ahí. En el que no es, pero puede. En el que no quiere pero sí. En el del "soy yo, no tú".
Cuando te conviertes en el perfecto apartado. En el de por si falla el que le falla. Y acabas siendo el amigo sin derecho. El guapo por dentro. El mejor amigo de su novio. En el que mejor la consuela. En el que llora con ella. En el que le levanta el ánimo, sin ánimo de lucro.
Y te preguntas todos los días si hoy sí. Si hoy vendrá y te dirá lo mucho que se ha equivocado. Y te dirá lo mucho que ha estado ciega sin saber de ti.
Y te preguntarás todos los días si eres el elegido; mientras ella se preguntará, porque no te dijo un 'no' a tiempo.

Sí Carmín

Esa partícula negativa que ya tienes y nunca se te va a ir de la cabeza. Ese que te niega toda posibilidad de cambio. Ese que te marca en rojo el semáforo de la carretera de la continuación. Ese que, si todo va bien, te dirá lo que nunca vuelvas a hacer.
El que nunca quiso que viniera. El que cuando vino se quedó. Y encima acompañado de un complemento circunstancial de tiempo que ni conoces. Porque no sabes si es para siempre, para luego, o para poco tiempo.
Y ni se te ocurra preguntarle porque la respuesta siempre será la misma. Porque todo lo que un día fueron síes, ahora se convierten en dependes, y vete tú a saber cuando aparecerá el nunca. Ese que duele cada vez que se pronuncia en vida.
Porque puedes morirte si quieres buscando la razón de porqué en ese momento supo a poco. Y puedes hundirte más si cabe en todas esas palabras que un día prometiste no decir. También podemos echar la vista atrás de todo lo que faltó y nunca supo a menos de lo que sí hubo.
Pero puedes hacer otra cosa. Puedes estar ahí porque te apetece escucharla. Y contarle tu día a día como hacías con tanto gusto. Puedes decirle lo ilusionado que estás con todo lo que ahora mismo no tienes. Y si la quisieras tener aún sabiendas de que no te lo merezcas lo mínimo que puedes hacer es quererla como la mujer de tu vida.
Porque el no ya lo tienes. Y eso es algo que nadie te podrá arrebatar.
Como tus ganas de volver a verla de nuevo con un sí carmín entre sus labios.

Mi espantapájaros

No soy capaz de levantar la mirada del suelo. Me da vergüenza ajena moverme porque cada vez que lo hago doy un paso en falso. Clavé los pies y la mirada gacha en aquel brote verde que salía llamado esperanza. Y en parte me sentí afortunado, porque aún anclado tengo delante mía un campo lleno de flores y frutos dispuestos a devolverte la sonrisa que un muñeco de trapo sin sentimientos te arrebató.
Te molestaste en regarlo todos los días. En eliminar cualquier invasión insecticida que viniese a destruir lo cosechado. Y yo ahí, sin inmutarme.
Tuviste años y temporadas de bonanza alternado con algunos momentos de vacas flacas pero saliste del paso porque a fértil no había quién le ganara a esta tierra que me atrapa.
Mi más sentido pésame al odio, al orgullo y a la hipocresía que no cupieron en este huerto poco convencional pero que muy necesario. Y mi corazón parecía hecho de heno.
Las lágrimas que se derramaron no hicieron más que darle fuerza a eso que crecía a pasos agigantados. Que curiosamente brotó tras una tormenta.
Porque dicen que detrás de una tormenta viene la calma. Y aquí ando con los pies anclados en la tierra que quiero estar, con los brazos en forma de "T" esperando un abrazo que nunca olvidé, esperando a que algún día me levantes la cara del suelo y me digas "mi espantapájaros" ...

Hay que ser muy nombre

Entierra todo ese falso espíritu de Peter Pan, y empieza a comportante como un auténtico nombre. Deja de ser otro más, y proponte de una vez, ser tan valiente como cortés y demostrarle a capa y espada que ya eres un nombre.
Tras varios delitos cometidos por cobarde, vas a ser juzgado como realmente mereces. Vas a ser condenado a muerte y a sufrir en silencio todo lo que ella andaba pidiéndote a gritos. Un jurado sensorial juzgará tus capacidades de volver a reinsertarte en la sociedad como un nombre más.
Pero no te conformes en hacer el bien a la comunidad. Proponte el día de mañana a demostrarle qu
e las frutas no son las únicas maduras de entretiempo y proponte ser el nombre que ella siempre quiso tener.
Regálale verdades como puño y no vendas sonrisas al máximo postor, porque no está su corazón para pujas anónimas. Todo con un nombre por delante. Porque vas a tener que firmar años y años de felicidad no forzada y vas a tener que construir sobre plano las vidas de una mujer y de uno que se quiere hacer muy nombre.
Sé cobarde y a su vez, ten el valor de decirle a todos esos que la quieren, lo siento, disculpas y no volverá a pasar. Pero de verdad. Nada de palabras al viento. Fírmalo y grábalo en fuego con un tatuaje que diga, que todo lo que escribes lo sientes de puro nombre.
Y empieza así. Empieza poniendo tu nombre en todos esos delitos que cometiste por no ser en su día un verdadero hombre. Porque hay que ser muy nombre para lo que estás haciendo ahora mismo. Porque hay que ser muy nombre, para merecerte esa mujer que anónimamente te tiene sin identidad ahora mismo…

Empezar desde pero


Si todo lo que vivisteis os supo a poco, si todo lo que tuvisteis no fue suficiente. Si todo lo que faltaba era mayor que lo que teníais. Si la vida era rutina y el futuro era predecible. Si el cuidar de los vuestros no fue bastante; si el compartir gustos no sació el hambre de alma gemela, si compartir palomitas, pizzas o cualquier comida orgásmica supo a una mala noche. Si compartir gastos, hipoteca, sentimientos, amor por los animales supo a desorden. No os preocupéis, hay solución.

Empezad desde pero. Sí, desde pero.

Empezad a reprocharos todos los “aunque” que os faltó al término de algún buen acto. Recordad todas esas frases idílicas que pudieron acabar en “aunque”. Fue bonito aunque… Me lo he pasado genial aunque…

Empezad por los “si no”. Esos que evidencian lo que realmente se quiere detrás de una mentira. Os pongo un ejemplo: Dile que la odias si no quieres seguir sufriendo. Una verdad, detrás de una gran mentira.

Empezad por deciros todo eso que se quedó en el tintero. Todo eso que tuvo algo más que no se dijo. Empezad por todas esas cosas que faltó decir por falta de valor, porque parecía obvio, o porque no encontrasteis la conjunción correcta.

Empezad desde pero. Pero por favor, empezad. Porque es que sino esto no tiene vida. De verdad os lo digo. Os va a costar unos cuántos “aunques” que os devolverán al punto de inflexión, y vais a estar condenados a quereros lejos, y eso no es de agrado para ningún corazón herido, pero querido.

Empezad desde pero porque es imposible que lo vivido merezca ser atribuido a cero. Y negarse a empezar desde cero, porque desde cero empiezan los que antes no tuvieron nada. Y no sois dignos para llamar a todo eso que pasó entre noche y noche de reyes magos, nada.

Empezad desde pero. Si quieres empiezo yo:

Pero te quiero.