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domingo, 21 de diciembre de 2014

No estoy de acuerdo

Nacemos, normalmente por decisión de dos. A veces solamente de uno. Otras, cuestión de tres, y en algún caso de amantes consentidos, entre cuatro. El caso, nacemos aunque no queramos. La decisión la toman otros por ti y aunque te moleste, naces.
Vives con decisiones que toman por ti. Qué ropa debes ponerte, qué música escuchas, e incluso qué debes estudiar. Con lo que jode no elegir nunca. Con lo que molesta ser un pelele. Con lo que fastidia ser otro, y el otro.
Y la cosa no mejora cuando deciden enamorarte. El color del pelo de aquel o aquella que te tendrá entre un san valentín y otro en ascuas. Suena hasta raro pero besas cuando quieren y no cuando te apetece. Y molesta ser marioneta de vete tú a saber quién. De vete tú a saber qué.
O como cuando echas una papeleta con el partido “los de siempre” en una urna que tú no decides. Cuando ellos se ensañan en decirte si esto está bien o está mal. Y lo peor de todo es que sea de derechas, de izquierdas, del centro, o del molesto, todos dicen lo mismo: Podemos. Con lo que incordia que te digan lo que eres capaz o no de hacer por ti mismo sabiéndolo. Y sino, lo que están para molestar desde dentro. Los que se hacen ricos por ti. Los que deciden las tarjetas blacks, o los que deciden que tú, mal nacido, no eres candidato para vivir en paraíso fiscal.

Por todo ello, cuando venga alguien y te diga lo que tienes que hacer, cuando te inviten a una fiesta sin ganas, cuando te pidan un voto inútil, cuando vayas a morirte, cuando la chica/o de tus sueños venga y te diga que quiere romper la relación, cuando pase todo eso, hazte un favor, siéntete libre de decir por una vez en tu vida; No estoy de acuerdo.

Cuando no se dice 'no' a tiempo

Cuando tú eres tremendamente adorable, buen amigo. Cuando eres la persona más bella que se puede echar a la cara. Cuando eres increiblemente fiel y buen confidente.
Cuando eres el mejor pañuelo de lágrimas, su mejor sonrisa. Cuando tú eres su compañero de juegos, y la joya que cualquier mujer querría tener.
Cuando tú eres el "¿estás bien?" y el te quiero en días nublados. Cuando tú eres el incondicional y el "siempre estoy aquí".
Cuando tú podrías ser el amor de su vida. Cuando eres seguramente el mejor novio que podría tener. Cuando serías su mejor pareja y el mejor padre de sus hijos. Cuando podrías ser el elegido para acompañarla toda su vida.
Cuando te conviertes en el que siempre está ahí. En el que no es, pero puede. En el que no quiere pero sí. En el del "soy yo, no tú".
Cuando te conviertes en el perfecto apartado. En el de por si falla el que le falla. Y acabas siendo el amigo sin derecho. El guapo por dentro. El mejor amigo de su novio. En el que mejor la consuela. En el que llora con ella. En el que le levanta el ánimo, sin ánimo de lucro.
Y te preguntas todos los días si hoy sí. Si hoy vendrá y te dirá lo mucho que se ha equivocado. Y te dirá lo mucho que ha estado ciega sin saber de ti.
Y te preguntarás todos los días si eres el elegido; mientras ella se preguntará, porque no te dijo un 'no' a tiempo.

Y la chica sin aparecer

Se levanta como todas las mañanas: alarmado a las seis y media de la madrugada. O eso cree él. Las calles cerradas aún le dan con una nocturnidad propia del cambio de hora. Su desayuno se hace esperar. Primero tiene un viaje en bus por esa línea que el alcalde, con muy buen atino, le incorporó el número adecuado con un premio que ni él se espera en las próximas municipales. La línea de autobús número cinco.
Se sentó a la mitad del cachivache, apagó la música de su reproductor de apagaburrimientos y prestó atención a las tres charlas que se servían como excusa para no hablar de lo suyo.
La primera, dos mujeres camino de sus puestos de trabajo. Por las apariencias que engañan, de cajera de supermercado a charcutera con tres hijos y el marido en paro. La conversación fluía rozando la melancolía que ocultaban con los chistes fáciles de trabajo y maridos cornudos.
La segunda, la parejita estudiantil, el amor de instituto, el american pie de barrio español y obrero. La máxima conjunción entre gorra y leotardos, el amor propio del cigarro prohibido y alcohol a menores. La armonía del piercing con las argollas cuelga-loros. El te quiero en notitas de hojas a cuadros del cuaderno de matemáticas, el amor hipotecado en san valentines, el guapa por las mañanas y el forever and ever en una línea de autobús que les vaticina donde acabará todo eso. La línea cinco de autobús les señala el camino a donde acabará hincándose todo ese recreo de cariño de aulario.
Por último, la tercera conversación mañanera. Tus pensamientos revolotean en los asientos de otros. Tus sentidos se detienen lejos de tu silueta y cuando llegas al destino, aún no te has parado a pensar en ti mismo.
Y te ves bajándote del autobús de la línea número cinco preguntándote porque la chica del otro día no vino a la cita. Porqué razón la chica del autobús número cinco hoy, no ha decidido viajar en compañía. Porqué llevas meses pidiendo un bis a bis con cualquiera vestida de dispuesta y adornada con encantarte.
Con la tostada medio acabada lo dejas todo para el jueves, a ver si por razones de azar llegas de una puñetera vez a tu vida en hora. A ver si por razones de lógica, el jueves se convierte en ese día esperado con dulce de sirope.
Porque ya no sabes a quién echarle las culpas de tanto pensar en todo lo que no te incumbe, y al alcalde le pides un autobús más para esa línea cinco que con gusto, pone tu culito en el lugar donde te mereces.
Y cuando llegues a la parada pon cara como que el viaje fue gratificante, como que no te dolió y que mañana y pasado volverías a repetirlo. Como que la musa que hace poco estaba, ya no está, y haces como que ni te importa.
Como ese bis a bis que esperas con tanto ahínco.
O como todas esas veces que leyendo el texto, te entraron ganas de darme una rima consonante de esas que hacen épocas, y llegues al Jueves al trabajo, con la satisfacción de que madurar a veces, es infantilizar lo jodidamente duro, de que madurar a veces, es esperar al autobús sin ansias. De que madurar a veces es esperar verlas venir, y no venir a verlas. Y cuarto,....
Y la chica sin aparecer...

Las casas de las tatas

Que cada cual se busque su sitio. Que ellos ya lo saben. Que cada cual se encuentre en un recuerdo, que ellos ya lo sueñan, y ya se han encontrado.
Llegaron como de costumbre. Su rutina hospitalaria. Sus cadenas invisibles con formas de tubos transparentes. Su cantinela de todos los martes. Agarraditos de la mano del padre o la madre, esos que se autoculpan del destino vil y caprichoso.
Buscan un refugio, ellos, que no conocen enemigo. Buscan curarse de espanto, ellos, que no conocen el miedo. Buscan una cara conocida, ellos, que no conocen na más que a su familia.
Y ahí es donde entramos nosotros. Unos anónimos con pintas de cualquiera les pone delante de los ojos, juguetes, muñecos, videoconsolas, juegos de mesa, dibujos; pero hay algo que hoy descubrí que nunca podremos darle.
Y es que casi al terminar el día, llega una chica con nombre de luz brilla
nte del cielo nocturno y nos dice que "qué bien se lo está pasando su hermana". A lo que tú le preguntas inocentemente por qué, esperando una respuesta de 7 años de edad, y ella va y te responde "porque está en casa de la tata, y la tata nos deja jugar con las primas y es muy divertida".
Y claro, ahí ves que todo el mundo buscamos esa casa de la tata. Todos buscamos aquel lugar donde nos sintamos niños, protegidos y nos haga ser nosotros mismos. Es ahí donde te das cuenta que no solo ellos tienen una casa de la tata. Todos nosotros, independientemente de la edad, oficio, o profesión buscamos nuestra casa de la tata.
Y yo personalmente tengo la suerte de ir todos los martes de mi vida. Todos los martes yo voy a casa de la tata.
Y allí están ellos, deseando salir de la casa de mi tata para ir a jugar con sus primas a las casas de sus tatas...

Gafas de Sol

Ella impedía el paso al asiento de siempre con sus dos piernas apoyadas en el banco de enfrente. No sé si a posta o provocando las primeras palabras de dos que por no atreverse, no se atrevían ni a mirarse.
El caso es que estaba bastante claro. Esta vez no quería compañeros de viaje. No quería la compañía de otro que viniera a hacerle lo mismo que uno con anterioridad. No quería un futurible con pintas de un pasado. No quería compañía privada en un transporte público. Yo creo que a indirectas, al igual que en vergüenza, no le ganaba nadie.
Además se vistió de "no quiero" y se puso unas gafas de sol que decían "no te quiero ni ver". Estaba tapando sus ojos al mundo. Consiguió tapar inquisidoramente su sentido de la vista y el mío. Y todo con un simple gesto de muñeca hacia su delicada tez.
Estaba tapando toda posibilidad de una
mirada que la delatase. O que me delatase. Porque su mirada no se veía por primera vez en idas y vueltas de autobús y su error fue sentenciar a muerte toda la magia del desconocimiento. Toda la magia de la curiosidad.
Pero a ver si te vas a pensar, chica del autobús número cinco, que detrás de esos cristales no estaban tus ojos. A ver si te vas a pensar que detrás del cristal de unas gafas no hay intencionalidad, persuasión y robo.
Porque, chica del autobús número cinco, detrás de esos cristales siguen estando esos ojos que, miran como delante de esas gafas de sol estaba yo, o lo que iba quedando de mí, tras otro final de trayecto...

Sí Carmín

Esa partícula negativa que ya tienes y nunca se te va a ir de la cabeza. Ese que te niega toda posibilidad de cambio. Ese que te marca en rojo el semáforo de la carretera de la continuación. Ese que, si todo va bien, te dirá lo que nunca vuelvas a hacer.
El que nunca quiso que viniera. El que cuando vino se quedó. Y encima acompañado de un complemento circunstancial de tiempo que ni conoces. Porque no sabes si es para siempre, para luego, o para poco tiempo.
Y ni se te ocurra preguntarle porque la respuesta siempre será la misma. Porque todo lo que un día fueron síes, ahora se convierten en dependes, y vete tú a saber cuando aparecerá el nunca. Ese que duele cada vez que se pronuncia en vida.
Porque puedes morirte si quieres buscando la razón de porqué en ese momento supo a poco. Y puedes hundirte más si cabe en todas esas palabras que un día prometiste no decir. También podemos echar la vista atrás de todo lo que faltó y nunca supo a menos de lo que sí hubo.
Pero puedes hacer otra cosa. Puedes estar ahí porque te apetece escucharla. Y contarle tu día a día como hacías con tanto gusto. Puedes decirle lo ilusionado que estás con todo lo que ahora mismo no tienes. Y si la quisieras tener aún sabiendas de que no te lo merezcas lo mínimo que puedes hacer es quererla como la mujer de tu vida.
Porque el no ya lo tienes. Y eso es algo que nadie te podrá arrebatar.
Como tus ganas de volver a verla de nuevo con un sí carmín entre sus labios.

Mi espantapájaros

No soy capaz de levantar la mirada del suelo. Me da vergüenza ajena moverme porque cada vez que lo hago doy un paso en falso. Clavé los pies y la mirada gacha en aquel brote verde que salía llamado esperanza. Y en parte me sentí afortunado, porque aún anclado tengo delante mía un campo lleno de flores y frutos dispuestos a devolverte la sonrisa que un muñeco de trapo sin sentimientos te arrebató.
Te molestaste en regarlo todos los días. En eliminar cualquier invasión insecticida que viniese a destruir lo cosechado. Y yo ahí, sin inmutarme.
Tuviste años y temporadas de bonanza alternado con algunos momentos de vacas flacas pero saliste del paso porque a fértil no había quién le ganara a esta tierra que me atrapa.
Mi más sentido pésame al odio, al orgullo y a la hipocresía que no cupieron en este huerto poco convencional pero que muy necesario. Y mi corazón parecía hecho de heno.
Las lágrimas que se derramaron no hicieron más que darle fuerza a eso que crecía a pasos agigantados. Que curiosamente brotó tras una tormenta.
Porque dicen que detrás de una tormenta viene la calma. Y aquí ando con los pies anclados en la tierra que quiero estar, con los brazos en forma de "T" esperando un abrazo que nunca olvidé, esperando a que algún día me levantes la cara del suelo y me digas "mi espantapájaros" ...

Dibuja, Esperanza

La tarde se presentaba primaveral dentro del invernal clima de hospital. La noche oscurecía la habitación de todos los felices batas celeste de aquella zona restringida a la felicidad. Sus caras aisladas del frío callejero guardaban fuerzas para un martes más de autoayuda.
Porque propusieron hacer un juego con toda su imaginación por delante. Se sentaron en corrillo con esos que estábamos más enfermos que ellos, y nos enseñaron que pintar es sinónimo de vivir, de convivir y de cualquier otro verbo que lleve consigo el seguir adelante.
Porque cada palabra de la tarjetita del Pictionary se convertía en dibujos que ninguna imaginación adulta puede entender. Esos que nos dedicamos a sonreír para otro lado en nuestra rutinaria vida, nos llevamos cada martes un bofetón en la cara de esos que saben a reprimenda y a “nunca lo volverás a hacer”, a “hay cosas más importantes que tus problemas” y a “tienes una semana por delante, aprovéchala”.
Porque tras cada dibujo se muestran los sueños, deseos y virtudes de esos que, injustamente, les tocaron la salud tan joven. Porque tras cada dibujo hay tres o cuatro adultos siendo niños. Y tras cada dibujo hay un sin fin de mil maneras posibles de salir de allí sin tiritas en la nariz ni sondas en las venas.
Porque si os dibujo todo lo que escribo, me quedo sin rotulador verde. Porque si se ha dibujado algo allí, ha sido eso, esperanza.

Desayunos en deuda

Ni te levantes. Quédate en la cama que hoy lo preparo yo. Permíteme el lujo de quedarte junto a las sábanas que tanto envidio. Hoy el desayuno corre de mi parte. Esta mañana y las que quedan me tocan a mí, a mi mal hacer y a mi mal querer. Hoy el desayuno lo desayunas tú.
Además, no te molestes en pedirlo, ni rogarlo porque va a salir de mí como algo intrínseco en mi desdicha. Ni te vistas, porque como mejor se disfruta es en pijama, en ropa de andar por casa o en ropa del tuyo, que no en ropa de otro.
Voy a acercarme con cuidado a prepararte algo que ya hize en vida y pretendo hacerlo en desvida. Con un toque de azúcar intentaré sin premio y éxito endulzar todo aquello que se quedó amargo.
Calentito, dos minutos de microondas al corazón y dándole vueltas como a todo lo que un día destrocé en ayunas. Y que suene ese pitido ensordecedor y desagradable llamado terminado.
Y así sacar sin quemarme esa taza de amor, café, o lo que quieras que te lleve a la cama como señal de que mi corazón ha aprendido que no todo lo que quema en pasión es malo.
Y aplicarlo en todos los desayunos que debo sin dinero pero con mucho cariño en deuda...

Hay que ser muy nombre

Entierra todo ese falso espíritu de Peter Pan, y empieza a comportante como un auténtico nombre. Deja de ser otro más, y proponte de una vez, ser tan valiente como cortés y demostrarle a capa y espada que ya eres un nombre.
Tras varios delitos cometidos por cobarde, vas a ser juzgado como realmente mereces. Vas a ser condenado a muerte y a sufrir en silencio todo lo que ella andaba pidiéndote a gritos. Un jurado sensorial juzgará tus capacidades de volver a reinsertarte en la sociedad como un nombre más.
Pero no te conformes en hacer el bien a la comunidad. Proponte el día de mañana a demostrarle qu
e las frutas no son las únicas maduras de entretiempo y proponte ser el nombre que ella siempre quiso tener.
Regálale verdades como puño y no vendas sonrisas al máximo postor, porque no está su corazón para pujas anónimas. Todo con un nombre por delante. Porque vas a tener que firmar años y años de felicidad no forzada y vas a tener que construir sobre plano las vidas de una mujer y de uno que se quiere hacer muy nombre.
Sé cobarde y a su vez, ten el valor de decirle a todos esos que la quieren, lo siento, disculpas y no volverá a pasar. Pero de verdad. Nada de palabras al viento. Fírmalo y grábalo en fuego con un tatuaje que diga, que todo lo que escribes lo sientes de puro nombre.
Y empieza así. Empieza poniendo tu nombre en todos esos delitos que cometiste por no ser en su día un verdadero hombre. Porque hay que ser muy nombre para lo que estás haciendo ahora mismo. Porque hay que ser muy nombre, para merecerte esa mujer que anónimamente te tiene sin identidad ahora mismo…

El uno para el otro





Decidisteis separaros sin ganas. Alejasteis todo lo bueno y lo pusisteis a buen recaudo. Poco visible pero seguro. Seguro de que, si volviera a pasar fuera de pura casualidad, bajo una tormenta, como empiezan las mejores historias de una y otro.
Continuasteis la vida como si eso fuera vivir. Buscasteis juguetes para entretener el alma. Alma partida por unos sinvergüenzas senti y mientos que no supieron expresarse como debieron.
Porque todo lo que falló fue comunicación. Porque a pesar de tener claro el canal, el mensaje, el emisor y el receptor, nunca supisteis ponerlo en práctica y a día de hoy os preguntáis si verdaderamente todo lo que no se dijo mereció realmente la pena escucharlo.
Porque hablar de los tiempos nunca os costó tantas lágrimas. Porque hablar de un futuro nunca estuvo tan lejano y difícil. Pero para difícil el presente, porque aquí andáis preguntándoos si el dolor de ella encaja con los perdones del otro. Porque os preguntáis demasiadas cosas que hicisteis separadamente juntos.
Porque aunque se encapriche el destino y, tengáis otra pareja, otro amor, otra vida, otra casa; tengáis familias, hijos, nietos, siempre os quedará eso de si estabais hechos el uno para el otro.

Empezar desde pero


Si todo lo que vivisteis os supo a poco, si todo lo que tuvisteis no fue suficiente. Si todo lo que faltaba era mayor que lo que teníais. Si la vida era rutina y el futuro era predecible. Si el cuidar de los vuestros no fue bastante; si el compartir gustos no sació el hambre de alma gemela, si compartir palomitas, pizzas o cualquier comida orgásmica supo a una mala noche. Si compartir gastos, hipoteca, sentimientos, amor por los animales supo a desorden. No os preocupéis, hay solución.

Empezad desde pero. Sí, desde pero.

Empezad a reprocharos todos los “aunque” que os faltó al término de algún buen acto. Recordad todas esas frases idílicas que pudieron acabar en “aunque”. Fue bonito aunque… Me lo he pasado genial aunque…

Empezad por los “si no”. Esos que evidencian lo que realmente se quiere detrás de una mentira. Os pongo un ejemplo: Dile que la odias si no quieres seguir sufriendo. Una verdad, detrás de una gran mentira.

Empezad por deciros todo eso que se quedó en el tintero. Todo eso que tuvo algo más que no se dijo. Empezad por todas esas cosas que faltó decir por falta de valor, porque parecía obvio, o porque no encontrasteis la conjunción correcta.

Empezad desde pero. Pero por favor, empezad. Porque es que sino esto no tiene vida. De verdad os lo digo. Os va a costar unos cuántos “aunques” que os devolverán al punto de inflexión, y vais a estar condenados a quereros lejos, y eso no es de agrado para ningún corazón herido, pero querido.

Empezad desde pero porque es imposible que lo vivido merezca ser atribuido a cero. Y negarse a empezar desde cero, porque desde cero empiezan los que antes no tuvieron nada. Y no sois dignos para llamar a todo eso que pasó entre noche y noche de reyes magos, nada.

Empezad desde pero. Si quieres empiezo yo:

Pero te quiero.

Punto y a tarde

Que ya es tarde. Que ya nada sabe igual. Que nunca estuvo presente y ausente. Que el tiempo es excusa de todo lo que se paró.
Que sí, que ya es tarde. Que nadie nos enseñó a empezar desde hoy. Que nos equivocamos como de costumbre, tarde. Y sí, que cambiamos a peor. Y que nadie venga a decírnoslo porque ya lo sabemos, tarde, pero lo sabemos.
Que ya es tarde. Que no merece la pena estar discutiendo porqué todo lo que era todo, ya no funcionó. Y precisamente es por eso, porque ya es tarde. Que nada acabó tan bien como empezó, y que a cada segundo que pasa, la nada cada vez es más todo, cada vez es más tarde.
Que sí, que ya es tarde. Que todo lo vivido queda aparcado y que a día de hoy poco interesa. Que todo lo que hiciste temprano no vale más que pa' recordarte que lo hi
ciste temprano, y si lo haces tarde, es tarde. Que todo lo sucedido, sucedió, y punto. Y encima, punto y a tarde.
Y sí, que ya es tarde, que lo sé. Pero nunca lo tarde fue tan comentado tan tempranamente. Nunca lo tarde fue tan recordado como hoy. Porque sí, porque puede ser tarde, pero, ¿a caso tu pareja no llegó detrás de unas cuántas despedidas más tarde? ¿a caso tu mujer, tu marido o tu suegra no llegaron después de tantos otros?, ¿no llegaron demasiado tarde tus hijos y tu familia? ¿no te vas a arrepentir con sesenta años de haber tenido hijos diez años antes y no tan tarde? ¿no llegas a conocer más tarde a la abuela que a la madre? ¿y a caso es peor? ¿No, no?
¿Y porqué no todo lo tarde va a ser para siempre, coño? ...

Mi más sentido bésame

Lamento profundamente la pérdida. Siento que se haya ido así sin avisar. Seguramente esté en un lugar mejor, en otra pareja, en otro amor, poco importa ya.
Siento que el odio que hubo se fuera de nuestras vidas. Todo sentimiento tiene su hora, y hoy le ha tocado a éste. Como en todo velatorio, a pie de urna pega contar qué hizo de malo el difunto, en el presente y en el ausente.
Nos acompañó en etapas de vida fulgurantes. De esas que se viven con intensidad angustiosa y con rapidez. Las que provocaron nuestros matrimonios de ex-parejas que con lágrimas de cocodrilos mantenían nuestra fe en misa de a doce, es decir, los cinco sentidos puestos con ilusión en un sitio dónde no queríamos estar, ni debíamos.
Le recuerdo jugar como un niño en campos del amor y cometer travesuras propias de su edad. Era un travieso, todo lo destrozaba, todo lo hacía añicos. Lo que mejor se le daba eran los corazones y el para siempre.
Y en la etapa adulta cuando se licenció en filología y redes sociales, y comenzó a escribirnos en indirectas todo lo que nuestros enemigos pensaban de nosotros. Todo lo que nuestras ex-parejas se atreven a decir años después de cuando verdaderamente lo deberían haber dicho.
Y ya por último, cuando se casó con celos. Cuando en el convite hubo barra libre de miedo y bailes de a uno. Cuando la venganza se emborrachó de cobarde y la fiesta acabó con la sinceridad al borde del coma etílico. Cuando la luna de miel fue la ruptura y su primera hija la desconfianza.
Y ya hoy, cuando murió. Cuando el odio dijo basta y hasta aquí hemos llegado. Cuando enterramos los errores, las ex-parejas, los celos, la desconfianza, las indirectas, las lágrimas; y empezamos a sentir de corazón todos los besos que nos hemos perdido por no conocernos en vida de odio.
Cuando empieza la vida y por fin la frase, "Mi más sentido bésame" empieza a cobrar sentido...
Cariño, ahí va, mi más sentido bésame...

Carbón en casa de Pola

Queridos Reyes Magos,
Ella se llamaba Pola y tenía siete años. Su pelo castaño oscuro y liso caía en el batín de franela rosa que tapaba su pijama celeste de hospital. Se me presentó con dos besos en las mejillas. Ahí ya me encandiló.

Sin estufa o copa y sin ropa camilla estábamos los dos sentados en una mesa contándonos que era el uno del otro. Yo escuchaba atónito su sabiduría popular. Enseguida descubrí que a ella me unía un lazo de martes de hospital.
No me separé de ella en dos horas. Me contó que su cumpleaños era el día 8 de Enero y le daban todos los regalos de golpe. Entre muchas cosas os había pedido el disfraz de la sirenita, pero ojo al dato, ¡cuando se casa!. Me preguntó que si yo quería algo pa' Reyes en su casa, porque ella le pide a su perro, a su abuela, a su mamá... Yo le dije que carbón, que este año me había portado muy mal.
Se lo apuntó en una libretita rosa y me dijo que ustedes siempre van a su casa, que nunca fallan. Su promesa de niña me supo a sinceridad. Además estaba invitado a comer tarta. Y que no me preocupara, que el carbón de ustedes es dulce.
Queridos Reyes Magos sólo os pido una cosa. Denles salud a Pola para que el 8 de Enero ella se acuerde de mí, cuando vea que aún habiéndose portado tan bien conmigo, hay carbón dulce en su casa...

Chica Del Autobús Número 5

Ella actuó como si estuviera desnudada ante un extraño. Su posición era tímida en el asiento. Asiento que era su único respaldo seguro en esta conversación improvisada de dos desconocidos. Ella y yo.
Me pregunté como le habría salido el examen porque esta mañana jugaba en el autobús de ida con papeles rotulados en forma de apuntes. Me quedé con la duda de cómo se llamaba la chica de la línea de autobús número cinco. No supe cuántos hijos quería tener, ni cual era su actitud ante la vida o la vuelta, que quería ser de mejor, que se propuso hacer peor, que proposiciones hubo antes de subirse al autobús, que indecisión se reservó para el día después, que píldora anticonceptiva se tomó para evitar mi estado embarazoso.
Eligió de entre todos los asientos el mismo de esta mañana, el de la ventana grande, el del espacio reconfortante, el de salida de emergencia por si algo fallaba. El de ella y yo. Atisbó un principio de duda en mí, que me hizo reflexionar si verdaderamente este texto merecía realmente la pena.
Entre bache y bache, yo le escribía todo esto en su cara. Escribía en su cara, todo lo que no nos decíamos. Y ella sin saberlo, o al menos sin intuirlo. Lo peor de todo es que el tiempo jugaba en nuestra contra y el destino se iba acercando a cada vuelta de neumático.
Casi al final, una mirada curiosa a estos papeles. Porque ella también se preguntó que hacía el chico de esta mañana, escribiendo por la tarde, delante suya. Yo creo que ella también se preguntó porqué yo decidí elegir el mismo asiento.
Su aspecto era nervioso. Su mirada delatadora. Se había convertido en la desconocida con pinta de dispuesta y adornada con encantarme.
Dos palabras marcaban el final de una conversación entre ella y yo que nunca se produjo. Dos palabras sentenciaron unas miradas que evitaban cruzarse.
Dos palabras en rojo, parada solicitada. Se bajó de la línea cinco de autobús y ya no supe más de ella.
Al menos hasta mañana, que la vea subirse y elegir el asiento frente a mí, como una parada que rutinariamente se estaba convirtiendo ya como solicitada...
Mañana cuando te vea te lo escribo, chica del autobús número cinco...