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viernes, 5 de agosto de 2016

Quiero Volver Conmigo

No para ser el que era. Sino para ser el que nunca fui. No quiero volver conmigo para encontrarme allí donde nos perdimos, sino para empezar donde nos habíamos encontrado. No quiero volver a enamorarme, solamente quiero querernos un poco más. Así de egoísta, así de amor propio. Con mayúscula y tilde en la a.

Hoy quiero volver conmigo. Acostarme una y otra vez con los sueños que
dejamos volar. Quiero caminar senderos pero no para que suene bonito ni quede escrito sino para vivirlos de una maldita vez ya. Y no, no quiero volver a enfadarme por todas esas cosas que nunca nos dijimos. Quiero ponerle paz a esta guerra. Y guerrear tanta maldita paz.

Quiero volver al punto de intersección donde cada uno pilló una recta distinta. No para llegar hasta aquí sino para dirigirnos juntos hacia un mismo lugar. No agarraditos de la mano sino poniéndonos tontamente a parir pero con la conciencia tranquila de que si alguno se cae, el otro estará ahí para amortiguar.

Quiero volver conmigo, a buscar otro yo que me guste tanto en el espejo como en el alma. A cumplir metas muy solo pero muy bien acompañado. Quiero volver a hacer las cosas sin pedir permiso. Sin que me pregunten por qué. Sin tener que dar explicaciones. 

Quiero besar sin compromiso de permanencia. Que todo sea a base de corazonadas y no a sorbos de demostración. No quiero más palabrería de plástico, de dulces con azúcar glass.

Quiero volver a escribir sin explicar cada texto, cada frase. Ser libre de todo lo que me venga en gana. Y todo eso lo quiero hacer conmigo. Y que se una quien quiera amar 'junto a', enamorarse 'cada día', dejarse llevar.

Porque al final todo consiste en querer volver. Sin preguntarse si quiera, que a lo mejor, empezar, se ha empezado ya. 

domingo, 13 de marzo de 2016

Besa como una niña


Cómo te mira. O quizás cómo te trata. O ambas. Ya no sabes decir con qué te quedarías. No es porque sea ella, es por la idea que tienes de ella. Y cómo lo demuestra. En cada mirada. O cada vez que te toca. O cada vez que se acerca a tu cuello y te huele. No es como te presenta en las redes sociales, es más bien como te guarda.

Como respetando lo que no es de nadie, lo protege como si algún día fuera a ser suyo. Nos gusta todo el misterio que esconde. Porque no es lo que enseña sino lo que insinúa. Más que nada en las formas, donde las más malas las guarda para la intimidad. Siendo dueña de los momentos, pero presa de su propio juego. Donde acaba devorada por nuestras ganas. Besada por todas nuestras ansias.

Y nos encanta su sonrisa, pero no por lo infantil de su cara sino por el sonido. Que te llena cada vez que la escuchas. No la quieres hacer feliz, la quieres porque ya es feliz. Y cuando se enfada. Porque siempre es mentira y siempre acaba en abrazo. Como el amor adolescente que algún día perdimos entre nuestros veintipicos, pues va ella y nos lo devuelve. A ponernos la vida desordenada. Como casi siempre acaban las sábanas.

Y te das cuenta, poco a poco, que ya no te importa el qué dirán, sino lo que nunca se dijo. Todas esas palabras sinceras que te suelta porque es incapaz de ocultarte cualquier mentirijilla piadosa. Y entre tanto arrumaco de niña chica te dice que se siente segura contigo. Que le encantas como le miras. Que le encantas como le tratas. O ambas.

Porque al final amamos todos lo mismo. Que al final nos encantan sus labios, pues besa como una niña.

Pero sin embargo te das cuenta, que ama como una mujer.

lunes, 7 de marzo de 2016

Querer querer

Muy humano eso de confundir amor con aprecio. Muy animal eso del capricho, de la posesión, de querer controlar. Que cada uno/a cuando acabe de leer el texto se posicione donde mejor le guste. Donde mejor se quiera. Porque al final pareciera que lo que cuenta es eso. Quererse mucho. Querer habiéndose querido tanto.

Al final te das cuenta que Aristóteles tenía razón allá por el siglo cuarto antes de Cristo. Que amar es querer el bien de alguien. Es un acto de voluntad. No solo amar porque sí. Es algo más que sentirse querido. Es reforzar la idea de que se va a luchar. Me sorprende que alguien en aquella época ya pudiera darle un guantazo a todos esos narcisista que hoy viven escupiendo amor.

Porque no. No está hecho el amor para hedonistas. Ser egoísta y quererse nunca se han conjugado bien y refrendando a la antigua Grecia, es mucho más importante el nosotros con un apelativo de amarse que cualquier super-yo con pintas de querer llevárselo calentito todo para él.

Pero si quererse no funciona, y amar nos sabe a poco, más de uno se preguntará entonces cual es la panacea contra todo este despropósito de querer acertar. A priori parece que no hay remedio contra tanta ilegalidad. Que no hay amores que maten sino desamores que viven una eternidad.

Pero si tiene que estar relacionado con la voluntad, con entregarse a, con quererse no solo bien sino que se quiera que la otra persona esté mejor, entonces quizás es que nos falta un querer entre tanto verbo y punto final.

Pueda ser que no basta con querer.

Sino con querer querer.

sábado, 5 de marzo de 2016

Amor platónico

Y una leches, un amor imposible. Al diablo todo aquel o aquella que se crea difícil de conseguir. Al cuerno todos esos amantes de sus propios espejos. A todo aquel o aquella que se crea inalcanzable. ¿Desde qué año nos vendieron que el amor es imposible? ¿Quién se ha creído tan orgulloso como para autodefinirse como el amor a seguir?

Hemos escuchado montones de veces eso de amor no correspondido. Y siempre lo asociamos a la idea negativa de que nada funcionó. Que todo se vino abajo. Que olvidarse será la mejor opción. ¿Por qué no se lucha? Si es amor platónico, ¿por qué no se pelea?. ¿Así termina todo? ¿Se acabó? ¿Eso fue lo que te duró una ilusión? ¿Qué te duraron las ganas, un no?

El amor platónico no es el amor inalcanzable. El amor platónico es aquel que te impulsa. El detonante a buscarse una belleza pa`sacarse a la calle y vacilar. Y no, no me refiero a unos ojos bonitos. Yo hablo de la belleza platónica. Ir más allá de tu colorido iris. Quererse por debajo de la piel. Meternos de lleno en el corazón. Tratarse. Quitarse la ropa con respeto. Y hacer, por fin, el amor.

Los amores no son difíciles ni imposibles de conseguir. Nos lo ponemos difícil nosotros. Siempre buscando un lobo al que domesticar. Buscando un amor platónico en cualquier habitación de motel. Ilusos pensando que los besos dicen la verdad. Que la palabras son sinceras cuando el príncipe es de papel de fumar. Platónicos nosotros que pretendemos amar allí donde nunca nos debimos dejarnos tocar.

Es una expresión popular que utilizamos como excusa de usar y tirar. Con un significado de derrota que asumimos como imposible de doblegar. El amor platónico es otro rollo. Es otro concepto. Es como querer conocerse. Descubrirse los cuerpos, desnudarse las almas. Pensar que todo lo que importa es cómo nos vamos a querer, como nos vamos a tratar, como nos vamos a cuidar.

Al final consiste en tener día tras día un amor platónico pero con el mismo cuerpo y el mismo nombre. Que independientemente de las arrugas y años que se le ponga a la idea, siempre tengamos ganas de descubrirla una vez más. Es amor platónico el que es de por vida. El que, así de fácil, te quiera, jodidamente, de verdad.

jueves, 3 de marzo de 2016

Dejarse Ganar

Cualquier eufemismo de enamorarse hubiera bastado en cualquier otro momento, en cualquier otra sociedad, en cualquier otra época. Seguramente hubiéramos disfrutado con haberse querido mucho, con haberse respetado tanto, con haberse dado cariño del bueno. En condiciones normales, la solución hubiera sido dejarse enamorar, dejarse querer, dejarse ganar.

Pero las personas cambian, las situaciones cambian, los hechos cambian. Y no. Ya no vale con haberse querido mucho. Ahora nos exigimos muchísimo más. Ahora no es tan fácil como amar y respetar. Ahora, se lleva el amor 3.0. Gozar de la compañía de una relación más que del acompañante.

Ya no se miden las miradas ni los besos. Ahora importa más la cantidad que la calidad. Vale mucho más una imagen que mil palabras. Ya se han dejado de mandar cartas. Ahora cualquier montaje sacado de cualquier buscador de Internet con frase de plástico "funciona". Y digo "funciona", porque el amor nos dura lo que nos dura un rato. 

El tiempo ya no se valora. No le dedicamos tiempo al otro. Pero eso sí, nos encantan que nos dediquen minutos a nosotros. Somos egoístas de nuestras relaciones. El hoy por mí y mañana por mí. Y no. No soy un don nadie en ésto de la justicia. porque la solución no es un hoy por mí mañana por ti. Sino más bien un hoy por nosotros, mañana por nosotros.

Pero al amor 3.0 siento que le falta. Le faltan valores. Valores que hemos perdido entre el orgullo y la falta de honradez. Hemos perdido la humildad por el camino. El quererse poquito pero desde abajo. Dedicarse más que mostrarse. Nos hemos vuelto víctimas de nuestro propio narcisismo.
Ya nadie siente. Ahora parece que la mayoría sufre. Todo es capricho, en vez de sentimiento. Todo es amor con fecha de caducidad, un amor con abre-fácil muy cómodo pero de usar y tirar. Es difícil encontrarse ya una carta en el buzón, casi imposible de dar con la última boca que te vaya a besar. 

Decidme la verdad. No nos queremos. Seamos sinceros, nos gusta querernos muy mal. Se nos ha olvidado mimar la persona. Valoramos más los detalles que la detallista que nos dejó ganarse. Mal, muy mal.

lunes, 29 de febrero de 2016

Fuerza multiplicado por tiempo

Quizás no sea suficiente. Pero no se puede negar que es estrictamente necesario. No hablo de fuerza como tal. No es fuerza de la que duele, de la que empuja, de la que maltrata sino más bien la que se mide con voluntad, con cariño. Fuerza de la de luchar. Contra el miedo, contra cualquier decepción. Contra cualquier pronóstico. Y no. No es el tiempo que utilizamos de excusa, el tiempo que nos pedimos cuando ya no nos queda nada. Es más bien el tiempo que transcurre, el tiempo que nos dedicamos, los instantes donde nos entregamos cuerpo a cuerpo. Allí donde siempre nos dejamos chocar.

No es cualquier fórmula física, ni tiene consigo dotes de ser la pócima contra todo desamor a punto de explotar, pero esconde, y no solo en el título, aquello que siempre nos motiva a dar un pasito más. Me atrevería a decir que son las décimas de segundo justo antes de un beso en la mejilla, de la sonrisa precedente a un piropo sobre tu lunar o cualquier gesto de cariño a punto de acelerar amor.

Porque no es el amor lo que en principio toma velocidad, sino miedo a volverse a equivocar. Y por eso se hace más importante que nunca darse fuerza en cada intervalo de tiempo. Porque al final de lo que se trata es darse apoyo en cualquier etapa "treinteañera" de tu relación. Al final consiste en buscarse un hombro donde llorarse tanto como se rió a los jóvenes "veintipico". Al final, no se trata de tener. Sino de Impulsar. Llegarse a los "sesenta" muy queridos. Muy abuelos. Muy amados.

Y para eso vamos a necesitar dos manos, tan ajenas como cercanas, que nos lleven a cualquier rincón de la cama a darnos una bonita fuerza de rozamiento. Al final se trata de mirarse a los ojos tanto como valorarse los defectos. Se trata. si se me permite la expresión, hacerle el amor al amor. Beber de los besos del otro tantas ganas como verdades. 

Porque es tan fácil como mandar tres palabras pagadas a los labios de aquella mesa. Invitarse a una vida. Convidarse todas las noches en mil caricias. Perderse con los dedos entre tu cabello todas las mañanas mientras aún duermes. Al final se trata de, en cada segundo, darse fuerza multiplicada por tiempo.

De que haya cantidad y más cantidad de movimiento. Pero con toda la calidad que se merece tu esfuerzo, tus besos, tu sonrisa, o como quiera que se llame aquello que aún no tiene ley física pero que atrae, independientemente de la edad, independientemente de la distancia, del destino. Independientemente de la fuerza. Pero sobre todo; independientemente del tiempo.

jueves, 25 de febrero de 2016

Equivocarse Mucho


No me fío de nadie que todo, absolutamente todo, lo hace bien. Ni de aquellos o aquellas que saben más que hacen. No me fío de la gente que no comete errores y muchísimo menos de aquellos o aquellas que nunca han tenido un traspiés, que nunca se han equivocado, que todo lo han hecho bien.

Sí. Odio a la gente perfecta. A esa que nunca han sufrido un mal de amores. Todos esos narcisos del amor que nunca han llorado. Me da terriblemente pavor cruzarme con toda aquella que siempre tiene un "porque yo" en la boca. Miedo a todas esas que el ego le viste de prada. Que el diablo le besa los pies.

Sin embargo me encantan las imperfecciones. Ese lunar que está ahí para romper con toda la hegemonía de la cara. Me gusta una mujer sin maquillar, una camiseta ancha sin sujetador. Un domingo nublado. Una lluvia en mitad de julio por la playa. Me encantan los errores, los cometidos y los que están aún por cometerse. Porque nos devuelven de una sola hostia, toda la lección de golpe. Son los que miden la equivocación de una relación. Porque amar es equivocarse mucho. Porque amar es, solucionarse muy juntos.

Y me atrevería a decir que los mejores amantes son aquellos que se han equivocado mucho. Los que han sufrido de lo lindo. Creo que se ama mejor, cuanto más veces hayas besado el suelo. Contra más veces se haya tropezado con la misma piedra. Por eso me gusta valorar a las personas por sus errores. Por todas esas veces que se han tenido que levantar una y otra vez.

Por eso nos gusta tu lunar. Por eso nos gustan vuestros defectos. Porque nos encanta tu singularidad. Aquello que os hace única entre un montón, de falsos aciertos. 

martes, 23 de febrero de 2016

No te enamores

Hazte un favor, no te enamores. Si de verdad ésto de amar no es lo tuyo, ni nadie ha venido a reivindicarte, no te vendas al peor postor. Si las cosas no funcionan y todo ha sido más capricho que destino, lárgate. Búscate un hueco entre algún error cometido y una oportunidad desperdicia. Por que ahí, ahí es donde hay que empezar a valorarse. Entre algún fracaso no muy lejano y todos los dependes que se dejaron soltar como veneno aséptico a los labios de algún o alguna inocente.

No os lo toméis como regañina. De hecho, probablemente, no tengáis ni la culpa. Porque ésta siempre se la encasquetamos a los demás. Da igual lo que se haya hecho, que todos coincidimos, al final de cada decepción, que ésto del amor era unidireccional. Como si nos excusara de toda condena. Como si tuviéramos que demostrar que fuimos buenos allí donde no supimos portarnos tan bien. Y no, no es un eufemismo de cualquier noche.

Porque si de verdad te pones a pensar, allí donde nos peleamos siempre acaba en la misma cama. Hasta que un día ya no se puede más, y acaba deshecha, y con arrugas imposibles de ocultar. Creemos que sabemos todo sobre el amor, pero así, en malas palabras y con total sinceridad: No tenemos ni puñetera idea.

Es más, no sabemos ni con quién. Aunque eso, viendo la televisión un poco, parece que poco importa ya. Y no, no tenemos solución. Esto no es un post de autoayuda ni yo soy un gurú del hamor. Equivocarse siempre ha formado parte del plan. Pero si de verdad quieres que te quieran, la solución no es enamorarse.

La solución es, dejarse enamorar.

lunes, 22 de febrero de 2016

Darse Credibilidad


Se lleva la incredulidad por bandera. Ahora, todo amor sabe a plástico. Últimamente, todo caduca. Pues ahora es cuando precisamente hace más falta éso. El quererse por adelantado. Como pagar un anticipo de todo lo que se pretende dar. Una fianza puesta al corazón de la otra persona. Darse confianza. Que mucha gente lo confunde con fingirse mucho. Perdiendo así toda credibilidad.

Cuando las cosas aún ni hayan empezado, cuando los besos ni se hayan rozado. En ese momento donde las miradas juegan tanto como el olfato. Donde el amor se sirve en copas de buscarse. Ahí donde las confianzas aún no dan asco. Ahí es cuando más hay que prestarse. Ahí es donde más hay que estar. Ya no te digo ser sinceros, sino exigirse más allá. Algo así como 'sinperos'. Que se sienta de verdad que se quiere amar.

Porque al final de lo que se trata es de hacer el amor tanto como darse credibilidad. Que no darse visibilidad. Porque no vale con creérselo o posturearlo, es que además hay que serlo, y sobre todo, estarlo. Nos han enseñado tantos 'se acabó' que ya todo principio suena a final feliz. Como si lo que aún está por empezar, que podría ser magnífico, tuviera ya puesta la fecha de caducidad. Como si esas miradas no sirvieran tanto por culpa de unos intervalos de confianza que se partieron en trocitos más pequeños imposibles de volverlos a juntar.

Y al final resulta que desconfiamos más del que menos tenemos que desconfiar. Las confianzas que nos tomamos, sin embargo, con aquellos que mejor nos supieron engañar. Que al final todo lo que se diga cuenta, según que boca y que cuerpo nos lo vaya a promocionar. Somos la sociedad del depende. De las etiquetas fisiológicas. Del prejuicio inicial.

Es increíble pero se ha dejado valorar el todo por el nada. Ya no nos creemos. Podríamos querernos mucho pero siempre tenemos un 'no sé' puesto en una excusa disfrazada de cualquier mes, de cualquier día, de cualquier momento. No se busca amar. Se busca tranquilidad. Con la idea equivocada de que son dos cosas totalmente diferentes, cuando no es verdad.

No se busca una persona que te complemente sino alguien que pague una fianza por ti muchísimo mayor que la propia verdad. Porque ésta ha perdido valor en cualquier momento de la relación. Por eso voy a romper una lanza en favor de aquellos y aquellas que lo dan todo nada más verse. Aquí una declaración de intenciones a los que vienen a confiarse de lo lindo.

Mis felicitaciones a toda aquella que vino a dejarse querer. Porque entonces no habrá prueba mayor de amor que aquella de darse confianza. Incluso antes, de darse amor.


sábado, 20 de febrero de 2016

Potencia partido por Resistencia


Me acuerdo de la ilusión que desprendíamos, saliendo de cada poro de nuestra piel. Dejando un ambiente de calma, serenidad, de querer estar juntos allá donde se fuere. Me acuerdo de los besos de sábado tarde. Todos los que nos invitamos cada vez que llegaba un poquito de buen tiempo. Un poquito de estar juntos para dedicarse. Los mismos minutos y segundos que nos los gastábamos uno en el otro. Como si fuera la paga de la semana. Invertida en el mejor sueño de cada noche. Creo que no recuerdo mayor satisfacción. La sensación de haberse querido bien. De haberse recordado mejor aún. La potencia con la que amábamos. La poca resistencia que nos poníamos a dejarnos querer.

Al final te das cuenta que lo importante no es la duración sino la intensidad. Que en la fórmula no existe el tiempo. Se observa que contra más potencia, mayor intensidad y que contra menos te inhibes, mayor se sentirá. Increíble como una fórmula física nos puede dejar caer la electricidad de una relación. El quererse con muchos vatios de potencia, el dejarse llevar con poca resistencia. Al final no se trata de saberse enamorar, sino de formularse mejor.

Encontrar la simbiosis perfecta entre te quiero y ya no te quiero. Conocerse entre todos los 'síes' y todos los 'noes'. Quererse y dejarse querer sin medir segundos ni distancia 'añorable'. Resistirse más allá de una simple boca. Devorarse, más allá de una piel. 

Por eso se nos acaba todo cuando ya no hay potencia. O cuando todo el querer de uno no se puede dividir entre cero. Cuando nos resistimos demasiado o cuando a la relación no le echamos bemoles.

Menos mal que siempre nos queda este rinconcito de la semana llamada sábado por la tarde. En esa humilde y cálida esquina del sofá. Donde la intensidad siempre ha sido potencia partido de resistencia. 

Donde tú y yo interactuábamos con gusto. Hablando de nosotros. Besándonos sin besos. Abrazándonos sin ropa. Queriéndonos, conociéndonos. Produciendo electricidad estática. Electrocutándonos de amor. Del bueno.


jueves, 18 de febrero de 2016

Fíjate qué Tontería


El amor es para aquellos que se dejan encantar. Para todos los 'dispuestos a'. Para todas esas chicas inteligentes vestidas de 'dejarse querer'. El cariño es para los que se dejan tocar. Los que disfrutan de las primeras horas de besos por las mañanas. De toda aquella que se deja mimar con gusto.

El amor es, fíjate que tontería, para quién llegue antes y se lo pida. Con la cláusula firmante de que no podrá ser devuelto. En todo caso compartido. El amor es para los valientes. Las que arañan espaldas a conciencia de que los besos serán más intensos, rozando las mordidas de unos labios que acabarán con la cara llena de pintalabios. El amor es para quien lo hace, con todo el beneplácito de quien lo recibe.

Y es que a veces los pequeños detalles son los más brutalmente descarados. Como si la valoración de afecto fuera inversamente proporcional a toda la intencionalidad. El refrán ese bien dicho que dice "sin querer, queriendo." Y ahí te ves, en los bordes rojos de aquella que acaba de pronunciar tu primera mayúscula. El acto más humano y primitivo de dedicarse tiempo. El hecho de que todo empieza como casi sin intención.

Probablemente la prueba más dócil de que el amor es tan espontáneo como un acto involuntario. Un clic que se activa en el subconsciente de cualquier torpeza que va de la mano de las costumbres del día a día. Y es que, fíjate qué tontería:

Me gusta cuando me llamas por mi nombre.

domingo, 14 de febrero de 2016

Nos Queda el Resto del Año


Perdonen por llegar tan tarde. Mis disculpas a todas las personas que hicimos esperar. De parte de todos aquellos a los que este día nos da tan igual, lo sentimos. Pero mucho. No tenemos excusas. La verdad es que la culpa es nuestra. No por hoy. Sino por todo lo que amamos el resto. El resto del año.

Es que no sé como se resume en un día. Da igual desde donde empezamos. Cuando fue nuestros aniversario, nuestras primeras palabras, besos, amores. No sé en qué momento comenzamos a dividirnos las ganas, sumar abrazos, multiplicar intenciones. Ese día que lo marcamos en rojo por lo San Valientes que fuimos. Donde no importaban las fiestas, el día, los aniversarios. Donde empezamos a valorar el resto.

Todas esas cositas que no se fotografiaron con hashtags. Esos detalles que no tienen fama, ni posts hablando de ellos. Las manías que enamoran que no tienen recuerdos en ninguna red social. Todos esos besos sin botones de compartir. Aquellos momentos sin retweet, sin adornos, ni frases sacadas de cualquier canción bipolar.

Por eso hoy más si cabe me acuerdo del resto de esta división. Donde no se trataba de ser denominador ni de llevarse una. Sino de ser conscientes de que lo importante es el resto. Porque lo importante no es lo que se da. Lo importante es lo que se queda. Ese final de cuenta que intentamos nunca dejar a cero.

Que da igual el papel de regalo, el dinero que se ha dejado en sonrisas. Que si hay que poner yo lo pago. Que si falta, yo lo pongo. Aunque esté todo el año sin caprichos. Porque no se trata de ser feliz el catorce de febrero, el diecisiete de marzo o el veintiuno de agosto. 

Lo importante es estar el resto del año. Sonreir cualquier dos de mayo, pasearse por cualquier calle bañada de hojas secas cualquier dieciocho de octubre. Morirse de amor todo el resto del año. Hablarse muchísimo más días. Escribirse muchísimo menos.

Porque todo se entenderá, todo quedará muy clarito, cuando tu leas:" Feliz Resto del Año" y vea que poco importó el regalo si lo que te hizo feliz fue verme de nuevo. Cualquier día del año.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Cualquier Discurso de Amor


Nos sobran. Nos llenamos el saquito de pretendientes que da gusto, y luego claro, luego nos sobran. Vivimos rodeados de cualquieras hablando de amor. ¡Porque ya cualquiera habla de amor!. Como si hablando trajera intrínseco el saber. Me los veo ahí, vestidos con sus mejores galas escribiendo de lo que menos saben hacer, de lo que más saben mancillar.

Y te las ves luego a las otras frías, distantes, recelosas de cualquier discurso de amor. Ya se ven desconfiadas, tristes, desilusionadas porque le vendieron cualquier patraña muchísimo más forzaíta que el día de San Valentín. Porque le escondieron una gran mentira con una tremenda verdad. 

Y claro, ya la verdad no hay quién se la crea. Vivimos rodeados de gente que nombra el cariño como principio de lujuria. Auténticos juglares que pronuncian amor con 'S' y terminado en 'exo'. Y no. Ya no les vale con todo sexo. Ahora lo que quieren es, y encima exigen, tiempo.

Ese discurso del amor que se lleva ahora de que una persona tiene que dar la vida por otra. De que dos, se tienen que fusionar en uno. Oye mira, no. Dejemos bien clarito que, ni todo lo mío es tuyo, ni todo lo tuyo es mío. Que no se trata de amar a ciegas, sino de compartir a medias. Aquí no se trata de dar los mejores besos ni los mayores regalos. Se trata de ser uno mismo donde estábamos antes de que nos fuéramos a cruzar. 

Cada semana que pasa nos vamos dando cuenta que es cada vez más difícil hablarnos de amor. Casi esperando la primera mentira, como escondidos entre los arbustos esperando la primera señal de desilusión. Ya no amamos. Ya sólo nos conformamos con ser protagonistas de cualquier historia de idiota y viceversa. Conseguir el premio a la mejor protagonista fingida del país.

Y terminar el discurso llorando de emoción. Dedicándole la estatuilla a tus amigos y amigas, a todo aquel que sirvió de pañuelo de lágrimas, a tu perro, tu gato y tu despensa de chocolate. Un saludo a todas aquellas personas que confiaron en mí. A mis hermanos, a mis discos de música, camiseta favorita, y a todo el que se dignó a ver mi película, gracias.

Y salir del escenario entre aplausos. Entre 'no pasa nada'. Entre 'todo llegará'. Porque observando, he visto que cualquier discurso de amor os vale, salvo al parecer éste que se dice a la boca, en una noche de tremenda sinceridad, sin florituras, sin cuentos, ni promesas que volarán. Ese discurso de amor breve pero muy emotivo que dice:

"Te Quiero de Verdad".

lunes, 8 de febrero de 2016

El Amor De Cualquier Día


Gente que viene, que te dice, que te exige, te compromete a un abrazo. Gente que se queda, al 'laíto' tuya en una cama de a dos. Gente que viene, se queda, no se va. Y encima te besa, te abraza, se esconde bajo tu cuerpo. Que te abraza las noches, te rodea la cintura, te acarician con sus manos, te mantiene despierto con sueño. Perdón, con muchos sueños. Hoy, en este cualquier día del año.

Gente que se va. Pero se va contigo. De viaje. A vivir momentos. A moverse las maletas, el corazón, las ganas. A poner patas arriba tu rutina. Gente que visitan lugares agarraditos de la mano del o la que nunca se quisiera soltar. Otras fuentes donde besarse, otras calles donde dejarse querer. El irse juntos. El dejarse ir acompañados. El sumar tantas fotos como quererse repetir. Acabarse el álbum del interés y empezar el de comprometerse.

Gente que te elige. Que te pone el primero de su lista. Que lo da todo por ti. Que no se avergüenza de tenerte a su lado. Que quiere estar contigo. Que quiere elegirte siempre. Ponerte las íes sobre los puntos, los refranes como le venga en gana, el sexo como nos salga del corazón.

Gente que decide cuidar tanto lo suyo como lo que se ha convertido en nuestro. Mimar cada primera persona del plural. Gente que nos vende el amor como posible. Los desayunos en cama como reales. Los besos de buenos días con permanente justo detrás de una alarma de despertador que suena para dos. Gente que nos comparte el cariño. Y luego si se pide más, se tiene.

A mí esa gente de cualquier día me enamora. Sin tener que ser catorce de febrero, día de aniversario o coincidencia en red social varia. Gente que no quiere ni por el tiempo, ni por la fecha ni por la novedad. Que apuesta por ambición. Que se te acerca cualquier día del año.

Hoy. Podría ser hoy. Podría ser ya. Una nota en la esquina de la mesita de tu habitación esperando a decirte hola, te quiero, te veo a las cinco, volveré pronto, llámame, te necesito, buenos días princesa, mi fea, tonto, guapo, gracias...

Porque al final no se trata de cualquier día como pedía reclamando el título. Al final se trata de cualquier cosa. De cualquier gesto. De cualquier muestra de intención.  

jueves, 4 de febrero de 2016

En Principio Te Quiero


En principio te quiero. Y digo en principio porque he venido a mojarme lo mismo que ustedes. Aquí donde nos vemos pidiendo y exigiendo amor, somos los primeros en ocultarlo. Como decía aquel día: hay miedo en el ambiente. Filofobia: miedo al amor

O mejor debería de decir: Miedo a que nos pillen amando. Leerse a escondidas sí, eso mucho, pero que nadie nos descubra el querer. De ahí que haya más ironía que verdad. Más sexo que amor. Muchísimas más frases dedicadas al que se fue, que al que viene. Por eso hay más besos que días. Porque vivimos el amor lo que nos dura un principio.

Somos así de relativos. En principio te quiero. Y ya interprétalo según como te despiertes, según como te venga en gana. Lo que nos cuesta expresar los sentimientos. Decirle al mundo lo que se necesita. Y lo que más molesta: lo superficiales que somos. Y lo que es peor, lo vulgarmente escrupulosos que somos con quién lo dice. La importancia que le damos al nombre en vez del al hombre. Claro, así nos va...

Que la misma frase dicha en otra boca ya no os suena igual. Porque estamos colmados de etiquetas. Por eso cuidamos ya hasta los "me gusta" del facebook vaya a ser que me pillen dándole un like a ese cualquiera vestido de nadie. Temerosos de que os postulen como amores de por vida.

Ignorantes, aquellos que no saben decir sí o no. Que se esconden en un "en principio te quiero". Nos hacéis perder el tiempo con toda vuestra inmadurez. Porque crecer es aprender a tomar decisiones. A decir no cuando no se quiere. A demostrar un sí cuando sí se desea. Repito, Nos hacéis perder el tiempo con todos vuestros principios que no acaban en nada.

Lamento que ya no nos digamos Te Quiero sin ponerle principio ni final. Lamento que ya no se mire a los ojos y que el amor se decida en una noche, en una cama, en unas sábanas. Lamento que en principio nos quisimos.

Ojalá, algún día, y sobre todo, al final, se quiera.

domingo, 31 de enero de 2016

Amor Decidido


Me encantaría tomarme una copa de vino a los pies de tu cama. Derramar todas las ganas sobre el colchón donde cada día te duermes. Me encantaría dejarte una nota encima de la cómoda de tus sueños. Al borde de todas tus ilusiones, estar ahí, yo, velando por la perpetuación de tu curiosidad. Sin pronunciar lo nuestro, dejar caerlo.

Me encantaría desnudarme en los bordes de tus sábanas. Recogerte en un abrazo de piel a piel, mojar los labios con mordidas muchísimo más excitantes de las que ahora mismo te piensas al leerme estos tres inútiles renglones. Renglones. Esos si que me gustaría torcerlos al sonido de una música que caiga del techo, que cierre la puerta y que nos deje allí, muy solos, muy bien acompañados.

Me encantaría no sólo pasar horas. No sólo vivir de los momentos. Me gustaría dedicarme allí una vida. Quiero perderme entre todas las arrugas que cuente desde aquí, desde esta esquina de la cama hasta la almohada. Mirarnos al espejo que cuelga de la pared de tu habitación. Fotografiar cada mes, cada sonrisa, cada te quiero, cada quédate.

Eso. Quedarse. Me gustaría que fueras una que se queda. Alguien que en caso de que se tuviera que ir, si se va, vuelve. Esas que cuando se van, mil veces te dice "no quiero". Aquellas que lloran al borde de una septuagésima despedida tanto como de una primera cita. Yo te quiero aquí tan de repente. Sin esperar a que el tiempo nos decida.

Lo tengo claro. Si te tuviera ahí delante de esta copa de vino que se acaba, hoy te hacía el amor con las manos. Lo tengo claro: 

Hoy, el amor, que sea decidido. 

jueves, 28 de enero de 2016

Seamos Sinperos

Basta ya del 'no sé', del 'ahora mismo no'. Dejemos de abusar de la esperanza del otro. Dejemos de etiquetar a cualquiera como 'un cualquiera', como 'otro más'. Dejemos de ponernos excusas cada vez más frías. No seamos tan patéticos dejándonos como leídos, como vistos. Abusones del doble tick azul. Dejarse de 'peros' y empezad a decir de una puñetera vez la verdad.

Dedicarse. Empezad a dedicaros tiempo. Pero no con un fin. Que la excusa sea por una vez en sí misma ésa. El de cuidarse de por vida. Ya está bien de tanto piropo sin respuesta. De tantos 'te quieros' sin 'y yo' seguido de un 'sinpero' beso. Ya está bien de tanta creída delante del espejo y de tanto chulito sin humildad ni corazón. 

Dejarse de 'peros'. De 'nuncas' disfrazados de 'quizás' y de conveniencias varias. Y empezad a quereros de verdad. Seamos sinceros sin peros que valgan. Si no queremos nada, no dejarlo notar, no. Que se diga. Con todas sus letras. No nos queremos, no quiero, o nunca nos vamos a querer. Si nos vamos a querer mal, si se va a querer peor al menos que se avise. Mira que nos vamos a querer para el tonteo, para tres besos y medio, para una gran noche de falsa pasión. O si nos queremos para toda la vida, digámoslo también. Sin miedo. Te Quiero. Y que suene así tan mayúsculo. Tan de fondo. 

Porque no hay nada peor como dejarse las palabras a medias. No hay nada como toparse con uno o una cobarde que deja las ilusiones, siempre, para el día después. Aquel o aquella que miente más que habla. Que besa sin ganas más que quiere. Que se deja más que se preocupa.

Empecemos a decirnos las cosas claras. Que no estamos para perder el tiempo con milongas. Que no estamos aquí para escuchar todas vuestras desavenencias con la sinceridad. Si no te mojas, largo.
Si no me vas a decir una sincera verdad, vete a ponerle excusas al mismísimo diablo.

A partir de aquí seamos sinceros. Y que el único pero que valga sea ese que dice:



Pero te quiero.

martes, 26 de enero de 2016

¿Hoy no habrá besos?


Hoy no habrá besos. Ni abrazos ni caricias ni intención de ello. Hoy no nos queramos. Hoy si nos hemos visto, que menos que no acordarnos. Hoy que sea como cualquier día de aquellos que no nos conocíamos. Hoy si pudiera hablarte me lo callaría, si pudiera mirarte no lo haría. Si pudiera escribirte no te lo dedicaba.

Hoy que no haya nada. Ni intenciones, ni afectos, ni parafernalias varias. Hoy el amor para después de las doce. Hoy el cariño para mañana. No queramos nada de nadie. Hoy no me beses, ni me abraces, ni mucho menos me acaricies.

Ojo que no he hablado de dejar de querernos. Pero es que yo al amor le pido algo más que besos. Yo al amor le exijo más que sexo. Nos toca ponernos la piel de gallina. Tenemos los nervios de la piel para convencernos, sin tocarnos, que nosotros, a parte de ser, sentimos. Tenemos tiempo, para que, sin que nos corra prisa, nos den ataques de ansiedad por tenernos.

Hoy si me quieres no habrá besos. Hoy si me echas de menos no habrá abrazos. Pero si de verdad me amas, y si de verdad me necesitas, haz como siempre has hecho: Bésame sin aviso. Abrázame porque sí. Extiende tus brazos y rodea mi cuerpo. Aprieta como una niña chica. Acaríciame la barba, el pelo. 

Porque pueda pasar que yo ande equivocado. Puede ocurrir que hoy tu corazón esté equivocado. Puede que, al final del texto, hoy, si hubo beso.

domingo, 24 de enero de 2016

¿Todo Vale?


Y yo me pregunto, ¿todo vale? Y si fuera así, ¿empezamos a contar desde ya? Quiero decir, ¿desde dónde ponemos el cronómetro en marcha?. ¿Desde la primera mirada? ¿Desde la primera intención de agradar? Si en el amor todo vale, ¿de verdad que todo, absolutamente todo va a contar?

Lo he escuchado montones de veces: Todo vale. Con diferentes tonos de intención. Algunas veces hasta con un atisbo de marcaje temporal: "Todo vale desde ya". O cuando te lo disfrazan por sinónimos que vienen a decir a parte de lo mismo, aviso. "Ten cuidado, porque todo cuenta". 

Y siempre, aunque a priori todo vale, al final la mayoría de las veces, todo, no vale. Yo no me creo ya eso de que en el amor y en la guerra todo vale. Para empezar comparando tal acto con tal atrocidad. Empezando por ahí vamos muy mal. Que da la impresión como si hubiera derrocados y caídos. Aliados y enemigos. El amor no debe de ser una batalla donde uno ha de ganar. No es una cuestión de conquistar cuerpo ajeno, sino más bien de que ganen ambos bandos por igual. No se trata de ser mejor que el que estuvo, ni convencer de que no deben haber más. Se trata de dar confianza a cada paso que se da.

Segundo, porque seamos honestos. Todo no vale. No vale cualquier cosa. No vale cualquier cuerpo, ni cualquier boca. Aquí todo no vale. Aquí mejor, casi todo sobra. Empezando por la ropa, que es una de las primeras que mandamos al suelo en cuánto todo explota. De hecho, he pensado dejar de escribir, porque a veces lo que más sobra son palabras. La palabra ya se utiliza para mentir más que para conversar. Ahora no se cree en la poesía tanto como en la ironía.

Ya todo no vale. Porque no se trata de quien todo te lo dé, sino de quien menos te tenga que dar para demostrarte que cualquier cosa que te pueda dar otro ya no va a importar. He descubierto que entonces no se trata de darlo todo. Y que también hay que estar en la hora, en el momento, en el lugar.

No se trata de que una persona se consuma al cien por cien y la otra espere viéndolas venir. Se trata de darse cariño a partes iguales. De sentir, más que de regalar. Consiste en entregarse, más que en darse. No se trata de viajar a, sino de viajar con. Valorar tonterías y no la suma o el compendio de todas ellas. Lo importante no es tener, lo importante es reconocer.

Que si todo vale, entonces todo tendría un valor, un precio. Y si todo contaría tú no tendrías palabras con las que pagarme todas estas que me debes.

No es un todo vale. Es el precio que tú te quieras poner.

miércoles, 20 de enero de 2016

Me Quiero, ¿y tú?


Tíldame de orgulloso, arrogante, engreído, de lo que quieras pero luego no me digas que no te lo avisé. Sonará cruel, probablemente desesperanzador pero no te quepa la menor duda de que misterioso va a ser: Me vas a perder. Así de fácil, así de sencillo, así de enigmático. Se ha decidido que no me voy a morir por tus huesos. Hoy se ha decidido que el premio soy yo. Se acabaron mandarle poesía a tus labios. Ahora son ellos los que se lo tienen que currar. Ahora eres tú la que tiene mucho por demostrar.

Me vale cualquier intención. Cualquier acto de aquí estoy. Algo que te delate como interesada. Se necesita cualquier corazón curado de espanto dispuesto a darse, a entregarse, y también a recibir. A la porra el saber estar, el 'ya si eso' o el 'ven tú que a mí me da la risa'. A la porra el 'y tú más', las novelas de caballeros y princesas, todos los 'dependes' y 'quizás' que esconden un 'nunca'. A freír espárragos todos esos monosílabos sinónimos de 'no'. Fuera toda la temporalidad del después. Lo que importa es ahora. Lo que quiero, si lo quiero, es ya.

Búscate cualquier excusa para tirar la toalla, cualquier día después para volvernos a ver, cualquier no-intención de volvernos a encontrar, pero a mí, y eso si te lo pido por favor, no me las vengas a contar. Yo ya no escribo para convencerte, ahora te escribo para que si quieres, a partir de este final de texto, tengas una excusa por la que luchar.

No estoy diciendo un 'adiós', 'hasta otra', o 'en otra ocasión te molestaré'. Yo estoy diciéndote o 'siempre', o 'hasta nunca'. Porque no me han ido los amores hipotecados, el amor prorrogable a años, las condiciones de todo lo que se quiere según tus ganas y tus besos a plazos. Yo ya quiero amor. Pero amor del de verdad. Nada de 'te quieros' de plástico ni 'me gustas' sin un toque de atención al interior.

Porque yo no busco una mujer que vaya por delante ni detrás de mí. Yo busco una a quién acompañar. Una a mi lado que me complemente. Una vida a la que cuidar. No una noche, tres semanas ni un ratito de hospitalidad. Yo la quiero para toda la vida. Pero que desde hoy nos lo tengamos y queramos demostrar.

Me quiero.
Y te quiero, pero,... ¿y tú?