miércoles, 30 de septiembre de 2015

Si solamente me tocaras el corazón


Si solamente me hubieras tocado la piel yo no estaría aquí. Si solamente fuera eso, tú no vendrías a buscarme en el sofá. Si solamente fue un roce sin querer, ninguno estaríamos con los vellos de punta. Ni con el amor en un puño. Ni con los ojos cerrados. Ni en una cama para dos.

Si solamente te hubieras propuesto fastidiarme los planes pensados, darle la vuelta a mi vida, desorientarme hasta tu boca, yo no estaría tan loco, ni tú tan besada.
Si solamente nos hubiéramos pretendido un rato, yo ahora mismo sabría cuánto tiempo me enamoré de ti, y tú sabrías contarte los segundos que anduviste antojada de afecto, del caro. Del que ya no se encuentra. Del que todos estamos dispuestos a perder por error. A ganárnoslo sin merecer.

Si solamente tuvimos miedo, yo ahora estaría igual de cobarde y tú igual de idealizada. Si tuvimos más entrega que sentimiento, tú estarías pidiendo perdón y yo llorando disculpas.

Si solamente fueran unos besos. Tú podrías haber seguido besando y yo echándolos de menos. Si solamente hubieran sido detalles, ahora mismo no sabríamos donde meterlos.

Si solamente pretendíamos ser novios, yo no seguiría aquí tan amigo, ni tú tan pendiente a mi hombro. Allí donde más de una vez lloraste, reíste, y donde nunca te cuestionaste si solamente fue eso. Apoyo.

Si solamente fuiste una ilusión, serías más mía que de cualquiera. Porque la defendí tanto como la escribía cada noche, para despertarme con sueños de cosas que solamente fueron eso, sueños.

Si cada vez que te veo solamente me tocaras el corazón y si cada vez que me ves solamente te acariciaras el pelo, nerviosa, sonriendo, mirando al suelo, buscando un tema de conversación.

Si solamente me hubieras dado tu timidez en forma de gestos. Evitando cualquier tentación. Suprimiendo todas aquellas noches de dormitorio, anulando la osadía de cualquier tipo de proposición. 

Si solamente fue un tú y yo, ahora no sería un nosotros. Ahora no me tocaría hablarte de amor. Ni terminar este texto con un beso. A los labios de una cualquiera que vino a robarme el corazón.

martes, 29 de septiembre de 2015

El Perro de Naiara


No nos conocíamos de nada. Ni ella sabía mi nombre ni yo conocía su sonrisa. Pero en el momento que ambos intercambiamos aquella información en mitad de un tablero de parchís, este Martes ya era otro. Este Martes ya se veía como otro #MartesDeHospital.

El cubilete azul que ella eligió le hacía sombra a sus muñecas, más finas que cualquier princesa de Disney que quisiera presentarse allí. No iba vestida elegantemente pero su cubilete iba a juego con su pijama de hospital, y eso era más que suficiente para que fuera la reina del tablero. Naiara me tenía enfermo de juego, de risa y de diversión. Y ella misma iba a ser la que hoy me iba a curar.

Yo me elegí el verde esperanza, pues a pesar de que estaba dispuesto a perder, ambos sabíamos que nos íbamos a comernos unas buenas horas del reloj en aquel edificio llamado hospital. Conforme avanzaba el juego supe que allí poco importa la frialdad de un dado, que no estaban las reglas para cumplirse, que el injusto azar que la trajo allí también debía ser injusto azar en este tablero pues, sacara uno, tres o cuatro, ella siempre se contaba de seis en seis, según ella, para llegar cuanto antes al final. A casa. Donde le esperaba su perro, su padre y su hermano.

Mi estrategia fue sencilla. Intentaba colocar mis fichas por delante de las suyas con el único objetivo de sacarle alguna sonrisilla más. Era la primera vez que me encantaba perder una ficha en juego, pues por cada una de ellas, Naiara se levantaba con los ojos iluminados sabiendo, que la suerte le sonreía, una vez más. Y cuando ella lanzaba el dado, cruzaba los dedos para que le tocara la cifra más alta, pues ella se reía sabiendo que en esa ocasión no tendría que mentir. No tenía que contar mal.

Como buen juego, todo tiene un final. Naiara me eliminó muchas penas, fichas y estrés del día a día y siempre que lo hacía se contaba veinte para terminar. Y después de tantas veces jugar al parchís, Naiara me enseñó algo que nunca un rival consiguió descubrirme. 

Y es que, aunque haya campeones como Naiara que ganen la partida, a veces volver a casa cuesta, otra partida más. Por eso me volví esta tarde no sólo derrotado del juego, sino impotente por no poder que Naiara se contara veinte e hiciera lo que yo tantas veces hice en el juego o como yo hice cada Martes al finalizar:

Volverme a casa sin más pues sabía que el perro de Naiara tendría que esperar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Déjame al menos intentarlo


Yo no te pido la luna a cambio de que tú no vengas a pedírmela a mí. Yo no quiero forzarte a querer a cambio de que dejes libres mis acciones, tanto como mi ser. Yo no pretendo buscarte una vida. Lo que quiero es que compartamos la que vivimos a medias.

Yo no sé decir te quiero sin una muestra de intención previa y tú no sabes decir sí, sin un poquito de no anterior. Yo puedo jugar contigo en una cama. Morder por motivos ajenos a mí. Vaciar el cajón de las cosas que nunca nos cumplieron. Y recoger la ropa que se quedó desperdigada por el suelo de la habitación.

Podría venderte mil y una promesas que no cumpliría. Pero no lo voy a hacer. Tampoco voy a intentar convencerte de lo que tú misma debes de ver. Yo no quiero ser el ideal de alguien, simplemente, un cualquiera que siempre estará ahí. 

Porque yo no quiero ser perfecto. No quiero ser mejor que alguien, porque ese alguien ya hace mucho que empezó a darme igual. Yo quiero ser como soy, y que así, tú vengas a conocerme a mí. Porque me gustaría que un día nos fuéramos acercando poco a poco. Y que esa afinidad vaya acabando el labios.

Si quieres, puedes. Como dijo uno que nunca se atrevió. Y yo si quiero, pido. Pido que me dejen. Que podría intentar aprovechar este amor desmedido y plasmarlo en mil letras. En mil acciones. En casi cuatrocientas indirectas. Podría ir y decirte que te quiero.

Mirarte a los ojos y arriesgarme a la partícula negativa que tanto temí. Podría intentarlo sin que tú vinieras a pedirlo. 

Y también podría no hacer nada. Terminar el texto y seguir lo que estaba haciendo antes de empezarlo. No mover un ápice de lo que nunca vamos a ser. No tirar de valentía ni cobardía. Simplemente no mostrar. Que es lo más cómodo y lo más fácil de hacer.

Podría equivocarme contigo al igual que con cualquiera que venga a sonreírme. Podría fracasar consiguiéndote la luna o  romper la promesa número cuarenta y tres mil. Pero al menos déjame hacer una cosa.

Déjame al menos intentarlo.

domingo, 27 de septiembre de 2015

El Amor es Relativo


Depende a quién le preguntes. El otro día una desilusionada con más decepciones que abrazos recibidos me dijo que no. Que el amor ya no se estila. En todo caso se suda. Y a veces hasta llega a molestar. Pero después vas a otros ojos esperanzadores con más ilusiones que besos, y te dice que sí, que el amor merece la pena, que hay que arriesgarse una vez más, que el próximo ya no te va a fallar.

Y claro, te ves ahí en medio preguntándote que a quién quieres más si a papá o a mamá. El amor es relativo. Y respondas lo que respondas te vas a tener que mojar. Porque no hay un quizás salvando todas tus posibilidades, ni un depende quitándole valentía al siempre jamás.

Si quieres que me decante déjame al menos una buena jornada de reflexión. Sobre todo, déjame responderte a mi manera, dejándote la miel en los labios hasta el final. Si tengo que ir y darte una respuesta al menos déjame que sea yo quién vaya, cuando quiera, donde quiera y sin sondeos del qué diré. Si tengo que ir y decidir si quererte o no, déjame probar si echarse de menos estaba dentro del plan.

Yo no sé si querer es algo que se elige o viene sin más. Yo no sé si el amor es independiente a la razón o hubo un día que ambas decidieron unirse por probar. No sé si apostar por una promesa que nunca se cumplirá o por unos sueños que en sueños se quedarán.

A mí que me dejen amar tranquilo. Que yo lo único que quiero es ocupar el lado de cama que me queda vacío cada noche que me voy a ir a acostar. Que yo lo único que quiero es hacer tostadas para dos. Viajar a Nueva York al lado de besos, y que me sequen las lágrimas cuando mis manos estén ocupadas entre el pijama de invierno y la espalda de alguna que quise abrazar.

Yo no sé si ser positivo o negativo. Si total, que más da. Si lo único que quiero es sumar uno a uno, y me da lo mismo desde donde empezar. Porque lo que se cuente bueno está. Y lo que se dejó de contar nunca se dirá. Por eso déjenme decidir agusto. Déjenme, cuando me dejen, sin añadir más.

Yo lo que quiero es sorprender y si tuviera que decantarme dependería siempre de quién me viniera a preguntar. A la desilusionada le diría que pruebe una vez más. Que nunca es tarde para besarse otra vez. Que lo intente y lo vuelva a intentar. A la de los ojos esperanzadores que modere su forma de pre-amar. Porque el amor es muy relativo. Depende de a quién quieras trastocarle los planes. Depende de a quién quieras ponerle la vida patas arriba.

Depende de a quién quieres enamorar.

Amarquía


Con el tiempo que perdí y lo poco que me dediqué, yo creo que no. Que no me compensa esperar. Que si tengo que pedir hora y lugar no me compensa eso de enamorar. Porque no me salen las cuentas para ir poco a poco. Que no. Que yo ya paso de ir despacito. Retrasando el beso por miedo a molestar. Ir de estación en estación esperando a la que me quiera acompañar. Yo ya no quiero querer con cuidado. Ahora he decidido amar aún a sabiendas que me vaya a equivocar. Porque soy de los que piensan que es mejor pedir perdón que pedir permiso. Que aquí la que quiera me va a tener que enfrentar.

Ahora que estoy a contrarreloj, me apetece un buen flechazo. Unas ganas ajenas que quieran algo de mí. Unos ojos que se encaprichen nada más verme. Un corazón a punto de explotar. Y todo solamente por el simple hecho de que aparecí. Que nos encontramos sin querer, fortuitamente, en cualquier lugar.

No estoy renegando amor. Lo estoy exigiendo. Pero además con una valentía descarada. Yo no quiero esperar a que todo cuadre, a que vaya funcionando más o menos bien. Yo quiero que desde el principio se me enamore, y yo desde ahí, dejarme querer.

Es una anarquía a la primera que llegue. Y un descarte a cualquiera que pretenda dudar. Porque como siga esperando se me va a olvidar éso de ser querido sin más. Y yo no estoy para convencer, sino más bien para probar que desde el comienzo también se puede besar.

No es una proposición indecente ni un te amo a cualquier boca en cualquier lugar. Porque yo no busco unos labios sino una apuesta sincera a la que besar. Yo no quiero un cuerpo al que hacerle el amor, sino un apoyo que se pueda abrazar. No quiero sexo en cualquier habitación de hotel sino un hogar donde se pueda morder.

Yo ya el amor lo entiendo y lo enciendo como una montañita de pólvora cerca de una chispa a punto de llegar. Todo muy exotérmico. Todo en un instante. Y todo a punto de explotar.

Porque si no yo ya no me lo voy a creer. Eso de ver qué pasa un mes más.Que qué diablos hay que esperar. Si no se quiere desde ya, no vale la pena ni probar. Yo ya no quiero jugar a ser novios. Ni que sea proporcional a los detalles que se pretendan dar. Yo quiero volver al amor juvenil y loco. A ese alguien que quiera apostarlo todo por mí desde el día uno.

Porque si no yo no me enamoro. Y además, tiene que ser así. Porque de no serlo, a los dos años y tres dudas, tú te ibas a cansar. Y yo me iba a desenamorar.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Se me ha olvidado, cariño


Se me ha olvidado, cariño. Y mira que me lo apunté. Ya, ya sé. Que no tengo perdón. Que hoy me quedo sin besos. Sin cenar. Al rincón, castigado. Por olvidadizo. Por mal amante. Por peor amigo.

Lo mal que se me dan las prisas. Con lo despacito que fuimos anoche. La conversación que fluía apaciguada entre mis respuestas que intentaban encandilar todas tus preguntas. Lo que me preocupé, bajo las estrellas, ser detallista en las formas, medir las palabras. Cuántas veces me dije a mí mismo 'qué bien le queda ese vestido', 'qué sonrisa...', 'qué guapa va...' y que tantas veces intenté decirte pero nunca supe donde meterlas. Si después del postre, si antes del primer plato. Si dos veces por cada botella de vino.

Se me ha olvidado, cariño. Y mira que dejamos marcas allá donde todo iba a salir bien. Como la marca de tus labios en la copa del restaurante donde nos cenamos. O cuando llegamos al portal de tu casa y te quité una pestaña que te caía por tu cara. O esa marca que nos dejamos en los dedos de las manos cuando las juntamos sin querer por la estrechez de una escalera que iba hasta tu piso.

Mira que lo sabía. Que algo se me olvidaba. De verdad. Que tenía esa sensación de que en algo estaba mintiendo sin querer. Como cuando dijiste '¿nos tomamos la última en mi casa?'. Y ambos nos reímos porque sabíamos que no iba a ser la última. Que no iba a ser una. Y que no iba ser solo una cuestión etílica la intención. Que no había mono de alcohol sino de cariño. Que no íbamos solo a bebernos a besos. Que fue una mentira piadosa. Un aquí te pillo, aquí te amo. Un ni contigo ni sin mí.

Es que ha sido salir por la puerta, mirarte como dormías toda la noche que te prometí, que nos prometimos, y pensar: 'Algo se me olvida.'.

Y entiendo que te hayas enfadado cuando al despertarte, hayas ido inmediatamente corriendo hasta la nevera y no hayas visto ningún mensajito de buenos días. Ni un 'te quiero guapa'. Ni una hoja de reclamaciones. Ni un teléfono de consulta. Ni un vuelvo en cinco minutos. Ni ná de ná.

Pero como no iba conforme decidí dejarte esta carta en el cuenco donde sueles dejarte las llaves. Para decirte que sí, que se me ha olvidado el papelito de color con una frase que me inspiras. Que sí, que se me ha olvidado en beso de las siete y un minuto de la mañana, y el anillo que te prometí anoche tras la penúltima copa de vino manchada del color de tus labios.

Y sí, se me ha olvidado cariño. Se me ha olvidado lo que tenía que hacer, lo normal, lo típico y lo que te esperabas. 

Y sí, se me han olvidado las llaves. Porque quería decirte de manera diferente que pienso volver. Que quiero que seas tú la que me abras la puerta. Que cuando yo llame al timbre tu vuelvas a estar. Y que cuando me abras, me vuelvas a castigar. Como la última noche. Haciéndome recordar, que de sorpresas, la rutina, se vuelve a olvidar.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Cuando me encuentres


Yo no quiero que me busques. Yo quiero que me encuentres. Que con los ojos cerrados y medio dormida empieces con tu mano a tentar por entre el colchón para encontrarme allá por donde me dejé besar.

Yo no quiero que me lo digas. Voy a encontrarte. No. Yo quiero que cuando me encuentres me lo demuestres, y muchísimo antes de cruzarte conmigo también. Yo no quiero palabras que no van a ser mías en boca de una que no piensa volver. Yo quiero que cuando me encuentres me beses todo aquello que piensas callarte. Porque quiero saber de antemano a qué sabes y sobre todo, qué quieres ocultar. Porque cuando me encuentres yo no quiero tener que dar explicaciones de todo lo que se debió por pagar. 

Yo no quiero estar contigo una vida. Ni un ratito. Ni dos años y medio. Yo lo que quiero es que cuando me encuentres no tengamos motivos para mirar un reloj. Yo quiero el amor del quédate. No te vayas. Cinco minutos más.  Sin alarmas de aquí se acabaron los sueños. Sin tonterías de aquí prohibido amar según dónde se esté. Porque yo ni necesito tiempo ni quiero juzgar el lugar. Yo quiero un amor de éstos que valen donde sea, a cualquier hora, en cualquier rincón de piel.

Yo quiero aquí, ya, ahora. Que si me tienes que encontrar ni te lo plantees. Que vayas y lo hagas. Que salga natural. Nada de maquillarse el sentimiento. De perfilarse la voluntad. Si te lo tienes que pensar, mejor no. Yo no quiero un amor de espejos, sino un amor de domingo. De ojeras y arrugas. De ropa de andar por casa. De zapatillas y sofá.

Y que me encuentres. Y si me vuelves a perder que me vuelvas a encontrar. Porque dejar de encontrarme es dejarse a todas todas. Yo quiero a alguien que esté en las malas y sobre todo en las peores. Porque de serlo así ya doy por hecho de que en las buenas estará.

Y por último quiero que me encuentres. Bien sea entre sábanas y ropas, entre una discusión y una reconciliación, entre tu cuerpo y tus brazos, entre tu boca y tus manos. Que cuando me encuentres allá donde esté, que te acerques más si cabe. Porque quiero sentir que no se me quiere alejar.

Que cuando me encuentres yo no sepa bien qué decir. Que me calles todo lo que iba a decirte. 

Que cuando me encuentres me hagas sentir, que soy yo, el que tiene mucho por encontrarte.