martes, 20 de diciembre de 2022
No me leas tanto
miércoles, 14 de diciembre de 2022
Definición de amor
Nos han mal querido mucho de sábanas para fuera. Hasta tal punto de que nos hemos sentido a la deriva en cualquier océano nuevo, en cualquier relación posterior. Y nos hemos sentido Magallanes en cualquier vuelta a empezar, en cualquier principio de besos. Creyendo recorrer el mundo en busca de una quimera, de una ruta hacia su boca, hacia la ruta de sus comisuras.
Nos han querido tan mal que ya no hay forma de quererse peor. Nos han besado tan mal que cualquier beso nuestro costaría a precio de cualquier diamante. Aquí estamos, tan heridos, que sanamos con solo tocaros. Con un historial de amores que no queremos para la siguiente luz, para la siguiente relación.
Que somos expertos en cualquier piel herida. En estar para todo. Expertos en estar para siempre, ante cualquier complicación, bajo cualquier concepto y sin derecho a devolución, sin intereses. Con años de experiencias en arañazos a nuestras promesas, con caricias en el sofá bajo unos días de lluvia a cualquier serie de Netflix. Sabemos tanto de vuestro cuello, que cualquier roce en él te invita a una nueva revolución de sábanas, ropa al suelo, amor.
Conocemos tanto vuestros fríos, que nuestros abrazos saben abrazar, saben ser hogar, saben cubriros completas dejando vuestra cara cerca del corazón, que ya sabemos darlo como vuestro sin ser roto. Si supierais las ganas que tenemos de acabar este párrafo y haceros el amor...
Si supierais la de veces que hemos estado despiertos viendo como os dormíais, la de veces que os hemos quitado el flequillo de la cara, la de veces que hemos acariciado vuestra piel sin sentido pero con toda la intención, la de veces que os hemos querido tan tan bien...
Si supierais la de veces que hemos estado escuchando vuestros días, la de veces que se ha quedado la taza de té fría escuchando vuestras preocupaciones, vuestro trabajo, vuestra rutina. La de veces que hemos estado ahí detrás de esa llamada de teléfono cuando aún no éramos ni novios. La de veces que hemos estado a ese lado del coche yendo a cualquier travesía, a cualquier playa, a cualquier plan.
Si supierais la de veces que hemos sonreído ante vuestra timidez, la de veces que hemos hecho de bufón de la corte, pañuelo de lágrimas, hombro donde llorar, acompañante silencioso. La de veces que os hemos dicho te echo de menos cuando nos separaban distancia, kilómetros, familias, vida. La de veces que hemos estado ahí sin estar. Si lo supierais estábamos convencidos de una única cosa.
Que de seguro que ya ni os acordaríais de como empezó de pesimista este post.
Pues eso es el amor.
Eso es jodidamente el amor.
viernes, 4 de noviembre de 2022
Amores de entreguerras
Un pacto con cualquier diablo que venga a destrozarnos, con cualquier enemigo, con cualquier decepción. Que no están estas letras para tanta ilusión perdida, para tanto amor de guerra. Que siempre hemos ido a la deriva cuando el barco se fue a pique, y a algunos, la marea, nos ha dejado en alguna que otra playa virgen de tanta maldad.
Siempre hay un vencido. Un derrotado. Al amor se va con el testamento ya hecho, con la promesa jurada de un volveré que no sabes si piensas cumplir, con una mirada al frente, pero con todo un saco de trastos de historias pasadas. Al amor se va siempre con miedo, con resistencia, con freno, pero a toda velocidad. Derrapando por cualquier te quiero de plástico, por cualquier promesa de arena que se escurría entre mis dedos.
Por eso valoro esos momentos donde el amor no está, donde al amor no se le espera. A lamerse como un gato las heridas. A escribirse mucho a sí mismo. Para hacer una lista de todo aquello que se nos quedó entre las sábanas, de todo aquello que se perdió tras una noche de este maldito verano que se fue.
Para no volver jamás.
Como sus abrazos,
Como sus besos.
Donde su piel desnuda hacía de mapa.
Ahí, si que hicimos la guerra...
miércoles, 2 de noviembre de 2022
Aquí no rompas nada
Aquí no rompas nada. Como frase para tatuarse en un hombro que ya no se besa. No sé si me explico. Que no están estas pieles para tantas cicatrices. La piel que se deja aquí cinco minutillos escribiendo, y la piel que se eriza cada dos días a leerse esto. Nos vale con un beso robado en cualquiera de las comisuras frías de tanta relación de hielo. Nos vale cualquier buena intención, cualquier abrazo noetheriano, de estos que, por mucho que aprietes, no duele.
Aquí no rompas nada. Que ya se rompió de todo. Que aquí yacen todas esas fotos que acabaron en un álbum que nadie recordará, en unos colores que ya no te colorean, en un perfume que ya no te huele. Aquí no rompas nada, como concepto de responsabilidad afectiva, como alarma de cualquier desastre no natural.
Aquí no rompas nada, como carta de presentación. Como antesala de todo aquello que aún te queda intacto. Aquí no rompas nada, como ese último aliento de proteger todo lo que aún conservas virgen de tanta mentira, de tanta traición, de tanta desazón.
Aquí si rompes, la pagas. Aunque sea un 'karma' que siempre nos daña a los de siempre. Con un destino que siempre es caprichoso con los más sensatos de una relación que se ahoga. Aquí no rompas nada.
Al menos en estas letras. Aquí toca lo que quieras, pero, no rompas nada.
Como un escrito que se acaba, como unas manos que ya no te tocan.
Aquí no me rompas como me rompían otros labios, otras palabras.
Amarse en esta dudosa sociedad, donde ya no nos exigimos un te quiero sincero, sino,
Que no nos rompan más. Que si se van a ir, al menos,
Que lo dejen todo como estaba.
domingo, 30 de octubre de 2022
El amor no tiene memoria
Nos quedó claro que ni todo beso besa, ni todas las mentiras fueron tan verdad. Tampoco quiero que te vayas de aquí pensando que hemos venido a describirnos el desamor que nos dejaron con una botella de champán abierta y unas medias negras tiradas a los pies de una cama de hotel. Porque al amor hay que ir a comernos más allá de las ganas. Más allá de los pecados. Hay que rezarle a un Dios que no profesa religión y donde la única fe es táctil, a la piel que erizas cada vez que besas. Porque donde no hay fe, no hay amor; porque donde no hay repeluco, no hay intención. Hay que creérselo, hay que hacerle más allá que el amor.
Y ojo, que no todo amor es amor. Que ya a cualquiera vestido de nadie le cedemos un trocito de nuestra dignidad. Con todo el derecho a pisotearla en cualquier momento. Bajo el miedo de que el gosthing te lo van a hacer a ti, aunque le llames todos los días bajo su pseudonombre, aquel que le sacaba una sonrisa en aquellas videollamadas donde la hacías protagonista de un cuento, de un blog, de un libro, que hablaba como poco a poco se iba enamorando de la atención, de la historia, del juego de hacernos el amor sin desnudarse.
Por eso el amor es incertidumbre, romper las reglas de un azar que caóticamente caes en buscas de unos labios nuevos, a hacer el amor como nunca, a quererse como nadie. A escribir en folio en blanco, bajo toda esa marabunta de capítulos que arrugados te dejan un punto de partida al que no quisieras volver jamás. Como Alicia sin maravillas, con reina pero sin corazones.
Por eso vuelves a leerme. Porque estás enganchada a un amor que nunca supo ponerse nombre.
Que nunca supo escribirte lo que querías leer. Aunque todos los días te lo escribiera. Bajo unos lunares de alguna que otra piel. Aunque lo borrase justo al acabar en aquella conversación de Whatsapp que dejaste de escribir allá por primavera.
El amor no tiene memoria.
O se nos ha olvidado querer...
sábado, 29 de octubre de 2022
Ella es mi octubre
Que lejos quedan todos sus quizás, toda aquella monotonía que impidió ver un amor que venía a prolongar un otoño, a matar un verano. Octubre se acaba como su cigarro en el cenicero mientras se recogía el pelo en una cola para hacerme el amor. Que lejos quedan sus caricias, sus tardes nubladas, mi camiseta ancha en su cuerpo desnudo, sus pies descalzos, su apelativo con cariño, que me inventaba cada estío, su corazón invadiendo el mío, como si fuera ella Napoleón y yo su Europa, como si yo fuera las Indias y ella, Colón en 1492.
Que experta fuiste en la nostalgia que, corrió por su espalda como aquellas gotas de sudor en una piel quemada queriendo por el sol. Y de ahí las marcas de un bikini que ya quedó guardado en un cajón. Como mis libros, nuestras fotos, mis camisetas.
Que lejos me quedan los labios, sus miradas, sus márgenes de unos apuntes donde escribía te quiero inocentemente. Que lejos quedan sus caprichos, sus helados del McDonald's, sus manos agarrando mi pantalón, su pelo suelto, sus rímel coloreando el fino borde de sus ojos verdes. Esos que siempre venían a comerme, como si fueran el Coco.
Que lejos queda ya la playa, la toalla, el mar, tu frío en la orilla, que te acurrucabas en algún lugar de mi pecho, tus labios salados pidiendo más atención. Y que texto más bonito cuando, sin pronunciar tu nombre, vienes un noviembre más a leerme. A nunca olvidarme, a decirme que,
Aunque sea ya casi noviembre,
Fui tu mejor octubre.
Tu mejor amor.
viernes, 28 de octubre de 2022
El amor es un juego
El amor es ir a empatarse las ganas. A llegar ahí donde otros no supieron ver. Amor de los que meten goles en cualquier serie de Netflix, en cualquier sofá-cama de salón. A cualquier beso, responder con otro aún mejor. Amores de abrazos en tiempo extra, de añadidos, pidiendo la hora en cualquier cama de matrimonio, en cualquier principio de relación.
Al amor hay que ir con ideas, y si vas con ideas te llamarán loco hasta que triunfe. De mientras, la expresión "locos de amor" invadiendo instagram, la toxicidad titular en cualquier envidioso de corazón. El rival sube la defensa a medio campo, presionados, bajo la única verdad. Que nadie nos supo querer. Que nos queremos cada año, peor.
De lo que no me cabe duda es que fuimos a ganar el partido. Aún a sabiendas que se jugaba en cama ajena, visitantes de una cita surgida de cualquier conversación. Alguna sonrisa y mirada que se nos escapó tontos de amor. Minuto sesenta de este párrafo y enganchada como si fuera a pronunciar tu nombre. Tus labios secos pidiendo perdón. Una falta al borde del área, clímax, caricias, alcohol.
Final del partido y alguno acaba pidiendo la hora, la revancha o la camiseta de fútbol que te quedaba grande con mi nombre y mi número a la espalda; pelo recogido, tus manos aún en mi cuerpo, tarjeta amarilla, mirada a destiempo, sonrisa de roja. Se mira al VAR, hubo contacto, hubo besos, hubo amor.
Pues esa es mi definición de amor.
Un juego donde lo único que hay que hacer es, volver a jugar cada semana mejor.






