martes, 13 de octubre de 2015

Quiero Volver a Soñar


Yo quiero volver a soñar. Quiero verte como mis últimos pensamientos te recuerden. Yo quiero imaginarte. Y sin conocerte ponerte mil adjetivos calificativos que me cieguen a enamorarme de ti. En sueños yo quiero muchas sonrisas, yo te quiero muy de darme la mano. Muy de abrazarme. Yo quiero contacto y tacto. Que hubo una intención de. Una oportunidad que no se quiso perder.

Yo quiero soñarte aquí cerquita. Donde nadie nos vea. Solos tú y yo. En el rincón de todas las noches donde sin quererlo yo, te me apareces para escribirme una historia más. Yo quiero soñar flojito. Para que nadie nos oiga. Para no hacer más ruido de lo que te amo. Para no asustar tu piel sensible ni tu corazón tímido.

Me encantaría irme a dormir contigo, soñar después. Compartirte todo lo que anoche te soñé. Abrazarte por las espalda, rodearte la cintura, besarte el cuello. Volverte a besar. Me gustaría que mi cara te diera cosquillas, risa tonta. Me encantaría que fuera tan recíproco como soñado. Que todo ésto fuera algo más que literatura.

Yo quiero volver a soñarte. Que nos invitemos a vernos de nuevo. Mañana otra vez. ¿Dónde? Donde sea. Si es contigo poco me va a importar el lugar. Si es contigo, poco me va a importar madrugar.

Y que cuando acabemos de vernos allí donde nadie nos puede molestar, vernos uno frente al otro. Mirándonos a los sueños. Recordando que anoche jugamos a eso de ver quién era el último de los dos que se quedaba dormido.

A mí me gustaría despertarme rodeado de tus brazos. Que todo lo que se soñó sirvió para algo. Que no fue sólo sueño, ni deseo. Que fue porque antes se vivió.

Y porque se quiso volver a soñar. Siempre, una vez más.

lunes, 12 de octubre de 2015

Terminar los días

Qué relativo es eso de terminar. De acabar. Eso que se dice cuando ya no se quiere. Cuando se debe liquidar un asunto, cueste lo que cueste. Costara lo que costara. Porque eso ya poco importa. Lo que costó. Todo lo que se luchó para que precisamente no acabara así. Lo que nos gusta a veces sentenciarlo todo sean las consecuencias que sean. Y a veces lo mal que lo pasamos en un final cuando todo está a punto de acabar.

Que poco consuelo buscamos en esos momentos en los que ves que si hubo algo que te encantaba ya no estará. Que se acaba. Lo poquita cosa que somos cuando el final es inevitable. Lo impotente que nos sentimos en una despedida de un ser que ha sido querido, muy querido. Es una buena bofetada a todo tu ser, que nos convierte en muy humanos, y sobre todo, nos actualiza el orgullo en modo fábrica. Nos lo resetea a los valores iniciales de madurez. Lo que nos da una segunda oportunidad para ver que se fue por tu culpa.

Y tan importante como despedirse es comprometerse a no volver a aparecer. No tentar de nuevo a la suerte. Pero no aprendemos por muchos besos que nos den. Porque encima de nostálgicos somos pecadores. Y volvemos a pecar. Volvemos a caer en el principio de otro final. Otra boca a la que le prometimos la luna. Otra boca a la que decirle: nunca me iré. Otros labios diciéndote te quiero, adiós, nunca jamás volveré a aparecer.

Sin embargo, decir adiós es imprescindible. Es poner un punto final. Dar la última puntalada a lo que se tejió. Sin despedida no hay principio. O al menos eso me dijo la última que se fue. Y somos tan racionales que si no la hubiera nos quedaríamos ahí, en el limbo entre lo que no se acabó y lo que estará a punto de empezar. No despedirse es sinónimo de acabar a medias. De acabar mal.

Despedirse es sentenciar algo que ya sabíamos que tenía un final pero que nunca pensamos que llegaría. Que fuera ya. Es un secreto a voces. Una verdad callada. Hasta que llega. Y ahí te ves dándole los últimos besos a esos labios que tanto te prometieron que nunca se irían.

Cuando empezamos ningún pasado peor viene a demostrarnos que no. Cuando empezamos no queremos oír a nadie más que no sea nuestro afán, nuestra ilusión. Y hoy si quisiera te diría te quiero, no te vayas, aquí estaré. Y hoy, si hace falta te bajaría la luna por y para ti. Pero si eso supone decirte adiós, mejor me quedo en tu cama, junto a ti, mirándola desde aquí. ¿O hay alguna forma mejor de empezar a darse las buenas noches?

Buenas noches. Porque así es como me gustaría despedirme cada día de ti. Como quiero yo, terminarte los días.

domingo, 11 de octubre de 2015

Y si te hablo


¿Y si te hablo? Y mando a la porra todas las vergüenzas, todos los tiempos, y te hablo. Y si me conecto, abro la ventanita de tu chat del perfil y te lo digo. Y si empiezo con esas cuatro palabras: Y si te hablo.

Y si nadie me cree capaz de hacerlo. Ni si quiera tú, que te vas a encontrar ahí en la tesitura de tener que responderme un si condicional que nunca te habían planteado. Qué pasa si lo  hago. Qué me vas a contestar. Y sobre todo, a quién se lo vas a confesar. A quién le vas a pedir consejo, cuál de tus amigas va a ponerle nota a mi atrevimiento, a mi caradura.

Quién iba a ser si no yo el que iba a romper los esquemas del tan conocido 'holaquetalbienytú'. Qué pasa si rompo el silencio. Y si te hablo. Qué me vas a contestar que yo no sepa. Cómo vas a devolverme la pelota cuando ande en tu tejado.

Y si te hablo y resulta que lo lees y nunca se contesta. Y si te hablo y resulta que no quieres. Qué excusas nos vamos a poner tras la osadía. Y si te hablo y resulta que estabas deseando, ¿Acaso no sabemos ambos que ibas a disimularlo? Y si te hablo, me contestas y quedamos en las mismas.

'Y si te hablo' te hace tanta gracia que me dices 'vale' y después me pides más. 'Y si te hablo' te lo tomas como un reto y comenzamos a curiosearnos sin darnos cuenta. Y luego viene tu 'inténtalo' y luego mi preaviso de '¿estás segura?'. Y luego tu desafiante 'adelante', y luego yo tan al ataque y tú tan a la defensiva.

¿Y si no te hablo? Qué hubiera ocurrido si no lo hubiera dado al botón de enviar. Si lo hubiéramos dejado todo tal y como está. Que ni se está.

Y si te hablo y lo intento nuevo. Y tú me vuelves a decir 'cuando pueda'. 

Y si te hablo. Enviado. Leído.

He decidido querer


Yo no me espero. Si me tengo que entregar a los brazos de alguien lo voy a hacer desde ya. Yo si quiero, quiero desde el minuto menos tres. He decidido querer. Y lo pienso dar todo sin miedo a que caiga en corazón roto. Porque yo he venido a querer. No a marear la perdiz. Ni a probar a ver que surge. Ni a intentarlo. Yo vengo a que funcione. Con la idea lejana de que se puede estropear pero desde luego nunca con el pensamiento pesimista de 'a intentarlo'. Porque eso es ya vaticinar el no. Y yo quiero que sea sí, a toda costa. A todo beso.

Si el amor es confianza, yo voy a confiar en ella desde ya. Si me tiene que partir el alma que me lo parta pero yo aquí he venido a sumar, sea lo que sea. Experiencias o abrazos que quiero hallar en el cuerpo de otra. Yo no entiendo el amor como algo que haya que esperarse sino como algo que se tenga que ir a encontrar. 

Al amor hay que darle un tiempo que no tienes pero que de todas formas, si lo quieres, se lo vas a dar. Dicho de otra manera, al amor hay que dedicarse. En cuerpo y alma. En tiempo y ganas.

A mi no me va a importar como se me etiquete entre locura y atrevimiento. Porque yo amaré como lo sienta. Como me venga en gana. Sin dejarme influir por los demás. Que vete tú a saber quienes son, y sobre todo, que vete tú a saber quiénes se creen. Yo la única boca que quiero pidiéndome explicaciones es la tuya, exigiéndome un poquito más.

A mí no me tiene ella que demostrar nada porque yo no pienso ponerle condiciones. El amor no se demuestra. El amor se hace. Cuando vas a buscarla por sorpresa al trabajo no es demostrar amor, es hacerlo. Cuando le dejas una notita al pie de su mesita de noche no es la prueba irrefutable de que la quieres, es la acción de hacerle el amor fuera de la cama. Para mí, hacer el amor, tiene muchas más acepciones que las del diccionario. Yo quiero amar diferente. Salirme de las normas y reglas. Amar como me dé la gana. Mandar la literatura moderna al fondo del congelador y que todo lo que quede sea Ovidio pidiendo el arte de amar.

Yo lo único que quiero es que ella quiera también. Y que si quiere, que esté. Que a mí con estar ahí cuando más lo necesite me va a valer como amor muy correspondido.

He decidio quererla y cuando termine este texto pienso ir a buscarla. Yo no me espero a que pueda ocurrir que se olvide de mí. O que llegue uno antes que yo. El no o el sí me lo quiero ganar ahora porque yo no pienso perder más tiempo por cortesía.

Voy a buscarte allá donde esté. Y no te quepa la menor duda de que voy a encontrarte. Porque quien quiere, puede.

Y yo hace mucho tiempo que he decidido querer.

viernes, 9 de octubre de 2015

La Mujer de Mis Días


Y yo cuando tengo un mal día a quién se lo cuento. Quién va a venir a abrazarme cuando yo menos lo pida y más lo necesite. Quién es la encargada de decirme "no pasa nada, yo estoy aquí". Quién conseguirá que me deje de llamar la atención una pareja agarrada de la mano. Quién será la culpable de hacerme protagonista de una historia. La que sea. Porque si es contigo cualquiera me vale.

Yo hoy te echado de menos. Porque he visto como hoy tú, aquí, no estás. Porque yo, aquí, no soy. Hoy me has faltado. Y me he tenido, entre añoranzas, curarme solo. He echado en falta un beso en la mejilla, una mano tendida , una sonrisa con nombre de mujer. Con tu nombre de mujer.

Si yo caigo quién me levanta. Quién va a cuidarme y a quién tengo yo que devolverle el cariño. Que cuando yo sufra quién me va a consolar. Quién va estar conmigo ahí para lo que yo necesite. Quién a riesgo de perder va a apostar por mí. Quién va a ser la incondicional que va a venir a hacerme el amor más allá de hacer el amor.

Cuando yo crea no poder quién me va a quitar esa idea de la cabeza. Quién va a enamorarme con sus abrazos y sobre todo quién va a abrazarme antes de enamorarme. Qué es lo que tengo que hacer para conocer esa parte de mí que tanto necesito y que a día de hoy no tengo. Qué hago para estar con esa parte que todo chico necesita. De qué manera vas a venir a socorrerme de estos días que tanto te necesito.

En los peores momentos qué boca me hará callar. Quién con su sonrisa me hará olvidar todo lo demás. Quién con su pelo me hará cosquillas en mi cuello. Quién me saca a mí de la soledad cuando a ésta no se le ha llamado y viene cada dos por tres sin avisar.

Qué tengo que hacer para merecerte. Qué tengo que hacer para estos días en los que no hubo nadie. Qué tengo que hacer para que seas tú y no una cualquiera. A quién le pido explicaciones de tu ausencia si eres la mujer de mi vida. Si quiero que seas la mujer de mis días.

jueves, 8 de octubre de 2015

Amor de andar por casa


Yo quiero acabar el día contigo. Quiero llegar a casa y darnos amor de sofá. Yo te quiero dispuesta a compartirnos la rutina, en cómo nos fue en nuestros estudios o trabajos. Yo te quiero ahí escuchándome y contándonos mil cosas tan cerca como deje el respaldo. Que ahí, en esos cojines derramemos todas las ganas de vernos. De sentirnos juntos. Porque ahí, en esos pocos metros cuadrados de confort, yo quiero amor del bueno.

Yo quiero amor de salón. De descansar contigo. Amor de domingo lluvioso y de fines de semanas grises. Que haya tardes contigo en pijamas. Yo te quiero ver viendo películas entre un sinfín de palomitas y chucherías, para después entre besos, comentarlas. Yo quiero un amor para mimar todas las horas que se echan en un salón. Para convivir con tus problemas y ponerle sonrisas allí más lo necesites. Yo quiero una chimenea donde quememos las penas con abrazos, besos, caricias, y porqué no decirlo, con nuestros cuerpos.

Porque si yo te quiero, te voy a querer con un amor de habitación. De sábanas. Yo quiero algo más que compartir almohada. Las noches quiero que sean nuestras. Que si hay que hacerse viejos que el mejor sitio sea ese. Y que la persona que elijas para ello sea yo. Porque yo quiero ser el amor de largo. 

Yo no quiero otra mudanza, ni tener que buscarme un amor de alquiler. Yo quiero hipotecarme contigo. Pagar la contribución de todo lo que me vas a corresponder. Yo quiero un buzón que sea tuyo y mío. Que las cartas del banco digan vosotros. Porque nunca me cansaré de escucharlo. Y que se nos llene la boca cada vez que digamos nosotros. Porque yo quiero un amor en primera persona del plural. Un amor que haya que compartirse como las tareas del hogar.

Yo quiero cariños hogareños. Abrazos para salir de paseo. Apoyo incondicional. Quererte con las mismas llaves de la puerta donde nunca nos vamos a querer largar. 

Yo quiero un amor de andar por casa.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tú no lo sabes


Tú no lo sabes pero ahí hay uno esperando alguna intención de palabra tuya. Ahí hay uno que lo daría todo por ti. Tú no lo sabes pero eres el amor de alguien. La ilusión de uno, la chica diez de un cualquiera vestido de nadie.

Tú no lo sabes porque él aún no te dijo nada por no molestar. Que hay uno deseando de amar al doscientos por ciento pero que no se atreve porque a día de hoy parece que está prohibido amar así. Porque tú no lo sabes pero él se muere por contártelo. Que quiere estar contigo. Que quiere conocerte. Que te quiere compartir una vida. Que lucharía por ti si tú lo supieras.

Tú no lo sabes pero estás cada noche en su cama. En sus sueños junto a su almohada. Y aunque le gustaría tenerte con más presencia, él, de momento, se conforma con eso. Tú no lo sabes pero si por él fuera se iría a vivir contigo. A amueblar una casa, a convivir. A cenar juntos. A salir a cenar fuera. Tú no lo sabes pero podría llevarte el desayuno a la cama. No todos los días pero sí cualquier día que menos te lo esperes. O mejor, cuando más lo necesites. Porque tú no lo sabes pero él estaría ahí para las malas y las peores todavía.

Tú no lo sabes pero eres deseada. Te quieren besar, tenerte de detalle en detalle. Quieren jugar contigo al querer. A reír contigo juntos. A viajar y escaparse de la rutina. Quieren, y tú no lo sabes, hacerte la vida más fácil, y convertirse en tu mejor amigo.

Tú no lo has pedido, ni tienes motivos para justificarlo pero eres amada. Por el simple hecho del caprichoso parecer de alguien, van y te quieren. Así sin más. Dicho de otra manera, has encantado, y no puedes hacer nada por remediarlo. Tus ojos, tu boca, tu pelo y tu cintura han provocado el pellizquito en algún corazón ajeno. 

Tú no lo sabes pero hoy este escrito va por ti. Y tú leyendo tan tranquila. Como si no fuera leído por tu boca. Tú sin saberlo. Pero la dueña de esta frase y de tantas otras eres solamente tú. Y es que ni te lo imaginas porque tienes mil razones para pensar que tú no vas a ser.

Tú pensando que el amor no está para ti. Preguntándote que quién se iba a fijar en ti sin más. Que tantas malas rachas justifican una ausencia y que el amor no lo ibas a encontrar en cualquiera que aún no te conoce. Tú, todas las noches, quitándote la pintura de los labios porque nadie quiso gastarla besándote. Mirándote al espejo porque nadie te dio un abrazo, ni si quiera la que tienes enfrente. Tú yéndote a dormir sola, porque piensas que nadie quería abrigarte bajo sábanas. Pero tú,... tú que vas a saber... si nadie vino a contártelo hasta ahora.

Si tú no lo sabías. Ni nadie te hizo saber que tu presencia ya enamora. Que tú no lo sabes, pero ya hay uno que quiere, hacértelo saber.