martes, 6 de octubre de 2015

Colorear


La manía que tienen de poner "eso" en la derecha. Eso dijo con una sonrisa. Con dos dientes menos por culpa del Ratoncito Pérez. Eso dijo la del pijama de al lado mía.

Colorear. Nunca pude imaginar que algo tan inocente como colorear podría ser tan difícil. Allí aprendo muchas cosas. La primera, que nada es lo que parece. La segunda que siempre suelo estar equivocado. La que aprendí hoy: que colorear allí es muy difícil.

Es difícil porque si eres diestro, con la derecha no se puede. Por la manía que decía aquella sabia de 8 años. La de colocar la vía en la mano de colorear. Así que solo queda la zurda. Y si ella iba a pintar con desventaja yo me quería poner a su nivel.

Así que cogí el rotulador con la mano que jamás pensé utilizar y ahí que iba yo saliéndome del dibujo cada dos por tres Martes.

Que difícil es colorear, es lo que quiero decir. Sobre todo si la mesa te saca media altura, si los rotuladores son mas grandes que tus manos, si te duele la tripa, la cabeza o tienes malestar general, pero sobre todo, y os lo digo por experiencia, si lo tienes que hacer con la mano que menos colorea. 

Y todo por que los médicos tienen la manía de poner "eso" en la derecha. Y todo por colorear dentro de un hospital. Que hasta colorear es diferente allí. Que hasta colorear cuesta. :)

lunes, 5 de octubre de 2015

Amor Sin Sentido

Yo al amor le daba, antes que nada, dirección. No importa si hacia los labios o a sus manos. Me da igual hacia su cintura que hacia su pecho. Pues en ambas he estado igual de cómodo. Al amor le daba yo tiempo. Una vida. Más o menos lo que debería de durar todo lo que profanemos con el nombre de eso, de amor.

Al amor le daba yo amor. Algo más que sexo. Al amor le daba yo de todo menos viceversa. ¿Me explico, no? Que le daba cariño, del bueno. Confianza de la ciega. Voluntad de estar ahí siempre cuando se necesite. Porque al amor hay que dedicarse. Quererse de puertas pa' fuera. 

Al amor le daba yo un sitio privilegiado. Al amor le daba cualquier lugar. Porque cualquier lugar es bueno para quererse. Al amor lo acurrucaba yo bajo sábanas. Al amor lo besaba en la mejilla. Y le secaba las lágrimas. Y estudiaría con él, aún no teniendo nada que estudiar. Al amor lo acompañaba yo tanto en las buenas como en las malas. Al amor le quitaba los pelos molestándole en la cara. Al amor lo cogía de la mano y me lo llevaba a dar una vuelta por cualquier ciudad capital. Al amor le invitaba yo a cenar, al cine, y le compraba una pulsera. Y le ponía una notita en el bolsillo pequeño de su mochila. Al amor le daba yo detalles. Tantos como la imaginación me permitiera.

Al amor le contaba yo todos los 'juntos' y todos los 'para siempre' que nos firmamos en los ojos. Al amor le daba yo miradas. De estas que dan seguridad. Que dicen más que cualquier frase. 

Al amor le daba yo cualquier cosa menos sentido. Porque al amor hay que quererlo sin rumbo. Si quieres ni te lo pienses. Ama. Pero no te preguntes por qué. Pregúntame a dónde vamos pero nunca me preguntes porqué. 

Porque yo al amor le daba besos, abrazos, pero nunca razones. Te quiero porque sí. Y punto. No tiene sentido, pero al amor no se le debe pedir cordura. El amor no está hecho para ser premeditado ni medido.
Al amor no se le puede pedir motivos. No se le debe pedir un esquema a seguir, ni un estudio de lo que te enamoró. 

Se le debe pedir, simplemente, amor. Amor sin sentido. Que cada vez que te preguntes porqué estás coladito por esa persona tu respuesta sea un 'no sé'. Pero un 'no sé' de sentimiento. Un 'no sé' que esconda un 'todo' o un 'no sé' de 'es que no podría explicártelo'. Un amor sin sentido que en el fondo lo que más tiene es precisamente eso, sentido.

Yo Me Voy A Lanzar


Yo me voy a lanzar. Se lo voy a decir. Lo tengo decidido. Cualquier día de éstos que vienen ahora, ya, se lo digo. Yo ya no espero más. ¿Esperar a qué? ¿Esperar a quién? Si ya estoy cansado de no querer. Si me aburro aquí sentado sin sentir.

Yo me voy a lanzar. Yo me quiero dejar conocer. Y conocerle. Quiero que nos lancemos. Que haya una voluntad de afecto e intención. Y que la complicidad, si la hubiera, haga el resto.

Ya luego me lanzaré a sus brazos, a sus besos, a sus medidas. Pero antes quiero que confíe en mí. Que me vea como un escudo, una oportunidad contra el frío, un corazón que se deja enamorar. Y para todo eso voy a tener que lanzarme yo primero.

Yo me quiero lanzar pero en condiciones. Ir hasta sus labios después de haber preguntado antes muchas veces si se puede. Yo quiero una sonrisa antes de un beso. Porque yo me quiero lanzar pero con educación. Sin romper nada salvo la timidez del principio.

Yo me voy a lanzar porque soy de los que piensan que si lo sientes es para compartirlo. No hacer nada es sinónimo de no currárselo, de ésa que tengo ahí me da igual y si la quieres vas a buscarla, no esperarla. Y no quiero un cuando pueda. Yo quiero ya. Yo la quiero atemporal, sin ponerle medidas de tiempo a las condiciones, sin excusas que terminan en un luego. Yo quiero de esa manera y así se lo quiero hacer ver.

Yo me voy a lanzar a su vida. Y si todo va bien ella me recogerá entre sus brazos. Sin miedo a caer. Porque está en mí, mañana, levantarme si realmente me llegué a caer.

Yo me voy a lanzar a decir un te quiero a los labios de esa que menos se lo espera. Yo me quiero lanzar a su antojo y que se muerda. Lanzarme a curarle todo lo que le dejaron sin cicatrizar. Yo quiero lanzarme a su corazón y vivir allí para siempre.

Yo me voy a lanzar a perderlo todo con ella. La ropa, las vergüenzas, la soledad, el miedo. 

Yo me voy a lanzar. No me digas luego que no te avisé.

sábado, 3 de octubre de 2015

A Donde Sea Contigo


Vente que nos vamos. Eso es lo que necesitamos. Unas manos en la espalda guiándote a cualquier lugar mejor. Eso quisiéramos nosotros. Un vamos a donde no nos vean. Allí donde podamos vivir, amar, querer sin miradas ajenas, olvidar sin mirarnos atrás.

Yo estoy deseando de decir 'nada' a unos labios que pregunten si tengo algo que hacer. Estoy buscando el tacto de una mano que quiera pasearse conmigo las historietas de un pasado payaso que contarse.

Busco una sonrisa que quiera salir todas esas tardes de otoño a pisar las hojas secas del suelo, y quiera enamorarse tontamente de alguien que esté dispuesto a darlo todo a cambio de su mitad.

Me encantaría ponerle nombre y cuerpo a la proposición de quererme al lado. Yo quiero un vente conmigo. Un me acompañas allí. Un vienes sin importar a donde.

Me gustaría andar a tu lado. Compartir actividades, conciertos, fotos, noches contigo.Yo quiero un vamos a dormir ya, un tengo frío. Yo quiero abrazar en la calle un 'para siempre' cuando enciendan las luces de navidad de aquella ciudad donde nos deseamos perder. Quiero un beso en la nariz de una que está heladita de frío. Y que se ría y se sonroje por tenerme allí tan pendiente. Tan dispuesto. Tan suyo.

Yo quiero estar ahí donde tú pidas acompañante. Quiero existir cuando lo necesites. Yo quiero ser pedido. Corresponder. Querer. Cumplir. Estar.

Salir contigo. Con todo lo que eso conlleva. Dormirnos juntos, con todo lo que soñemos. Yo quiero mirarte, cogerte de la mano y jamás preguntar el destino.

Porque a donde vaya, bien estará.

Yo quiero que me digas vente que nos vamos. Y yo dejar inmediatamente lo que esté haciendo y decirte simplemente, voy. E ir.

Porque eso es lo que necesito. Un empujoncito a donde sea. A donde sea contigo.

Si Me Quieres


Si me quieres, yo no te voy a decir lo típico de que me lo vengas a demostrar. No. Yo, si me quieres, no te lo tomes como prueba, como una etapa a contrarreloj. Tómatelo como un capricho, como un antojo de mí, de nosotros.

Que si me quieres, abraza. Por detrás. Bordea mi cintura con tus brazos. Tu pecho pegado a mi espalda y tu boca cerca de mi cuello buscando vete tú a saber dónde. Vete yo a dejarme qué. Mandemos a la porra el espacio vital, compartámonos un momento. Seamos en ese ratito uno.

Si me quieres, dilo. No te lo guardes en el cajón de las cosas que nunca se dijeron y te arrepentirás de no haberlo dicho. Si me quieres dilo. Pero que se escuche. Que se entere todo el mundo, pero sobre todo yo. Que yo quiero presumir de que me quieren. Que yo quiero ser ese imprescindible de alguien. De alguien como tú.

Si me quieres, búscame. Que no te tenga que ir yo a provocártelo. Si quieres, hazlo. No esperes a que yo te lo pida. Oblígame aunque yo no quiera. Porque es que seguramente querré. Porque nunca te he negado amor. Si me quieres sorpréndeme a la salida de mi trabajo, en la puerta de la facultad, en la cama sin avisar.

Si me quieres, haz del sofá un campo de batalla. De la cama un paraíso. De cualquier sitio una ocasión. Si me quieres ríete conmigo en todos esos lugares, peléate, búscame las cosquillas. Seamos jóvenes y tontos. Locos. Enamorémonos como niños chicos. Sonríeme como tú sabes. Mírame con deseo, que yo me dejo soñar. Que sueño quiero ser. Y en sueños quiero estar.

Si me quieres arrúgate la nariz como tanto me gusta. Apóyate en mí viendo una película. Busca mi calor a cualquier temperatura fría de este salón. Muérdeme los labios y mírame los míos como cuando quieres besarme. Y si me quieres, bésame. Y otra vez. Las veces que quieras. Porque yo me voy a dejar. Yo quiero oler a ti en mis ropas. En mi cara.

No te cortes. Si me quieres, perdamos la vergüenzas, las ropas, la cordura. No pensemos en nada más que en todo lo que sea del borde de la cama para adentro. Que todo lo de fuera no exista. Que todo lo de dentro fue lo que siempre quisimos. Que si se cayó una prenda que jamás vayamos a buscarla. Que repitamos por si acaso. Por si acaso se antoja de nuevo.

Si me quieres, yo sólo te pido una cosa que aunque parezca lo mismo no lo es. Te pido una cosa muy fácil de sentir.

Y es que si me quieres, quiéreme.

Quiéreme aquí mismo. 
Quiéreme, que tan difícil no te lo voy a poner. 
Quiéreme, que tan fácil nunca nos lo vamos a merecer.

viernes, 2 de octubre de 2015

A la vida hay que echarle bemoles


A la vida hay que echarle bemoles, a la vida hay que exigirle bien. A la vida debe llegar uno de cara y arriesgarse sin miedo a perder. Porque no está hecho el presente para los cobardes. Donde hay que arriesgar es aquí, cuando, ya, cómo, como te salgas de las narices. Porque lo que importa es la acción, el no quedarse quieto, el moverse aquí y ahora.

Al quererse hay que echarle un par de bemoles, al quererse hay que exigirle bien. Ya está bien eso de esperar a ver qué pasa. Si lo ves corre a buscarlo. Empiece a pedirle explicaciones ya. Los besos después. Si tiene un poquito de orgullo gástatelo en decirle a la otra persona aquí estoy, y no me pienso ir sin que me des una contestación.

Que sea cual sea debería de dejarte igual de valiente. Porque sea un sí o un no, tu piensas arriesgarlo todo a lo que fuiste a buscar. Y lo que uno se encuentra se lo debe de quedar. Siempre y cuando el tesoro sea compartido con aquella que quiso compartirlo también por arriesgar.

A la vida hay que enfrentarse sin miedo. Herirte el orgullo de tanto en tanto y besar sin más. Los labios no están para ser mirados, ni los ojos para mirar sin más. Hay que comerse con la mirada y morder con el corazón. La rebeldía en cama, sí, siempre y cuando venga precedida de un atrevimiento por parte de los dos.

En la vida nos debemos de querer un poquito mejor. Quitarse los prejuicios y mirar más allá de un posible "no". Correr el riesgo de un silencio tan clarividente como el rechazo. Hay que empezar a quererse un poquito más. A sí mismo, y poder decir que si arriesgo, hoy si, pero mañana no quepa la menor duda de que también.

En la vida hay que escribirlo menos y decirlo más. Hay que imaginarlo menos y enredar un poquito más. Por eso pienso dejar de escribir ahora mismo, ya, porque he decidido, en este momento, echarle bemoles, letras e intención.

E irla a buscar.

jueves, 1 de octubre de 2015

Todo lo que me dijiste mientras te marchabas


Lo primero que me dijiste fue no volveré. Lo segundo, lo prometo. Y lo tercero, ya por fin, adiós. Mientras te marchabas me lanzabas el último beso a la mejilla, sin lágrimas, con más alivio que tristeza. Con más obligación que sentimiento. Más formalidad que ganas.

Me dijiste que mirara para otro lado, que pusiese la otra mejilla porque lo que venía continuación iba a doler de lo lindo. La bofetada iba a ser de escándalo. Me llamaste por mi nombre, tú, que siempre tenías un apodo para mí.

Me dijiste que ya nada era lo mismo y te contradecías con la excusa de que todo era exactamente igual. En qué quedamos si en nada se quedó. Si todo lo que construimos lo tiramos por el borde de la cama y semidesnudos nos dijimos ya no.

Mientras me señalabas con el dedo la puerta me invitaste a recoger la ropa, los sentimientos, mis cosas del salón y los sueños de la habitación que la última noche compartíamos. 

Lo que te enamoró de mí me lo pusiste en la lista de cosas que dejaron de gustarte y quien te escuchara se pensaría que fui aparte de mal amor, culpable confeso de la situación, terco en detalles, nulo amante, peor amigo, uno más de los que quieren sin razón.

Razón la que me quitaste cada vez que te suplicaba porqué no debías marcharte.

Al final el que dijo la última palabra fui yo. Pero tú ya no escuchabas tras el portazo que diste al salir. Porque un nuevo nombre te retumbaba en la conciencia y en la nueva cama donde te esperaba.

Todo lo que te dije mientras te ibas fue que te quería. Pero ya, poco importaban mis palabras tras todo lo que me dijiste, mientras te marchabas.