domingo, 12 de octubre de 2025

Corazones Blancos

Desde chico nos han vendido el amor con un corazón relleno completo de tonos rojos, rosas, y algún traicionero corazón verde disfrazado de esperanza. Desde bien jóvenes, nos hemos ido al amor, con lo puesto y, miedo a que faltara, miedo a la escasez y miedo a la guerra, hemos colmando las almenas de los castillos de regalos, engalanándolos de flores, de frases bonitas, de cuentos de princesas, de sinfines de tesoros que luego acabaron en el baúl de una mudanza que nadie pintó de rojo, que a nadie le supo a rosas, que pecó de falsas esperanzas.

Escribo esto con un sentimiento y con la sensación de que todo lo que he escrito de amor hasta ahora, era mentira. O al menos, el que recibí a contrarrembolso de todo aquello que nunca supo darme mi nombre, mi sitio, mi lugar. Que conforme más escribía de amor, menos sabía del mismo. Y siempre era la diana, el blanco de cualquier decepción, de cualquier falta de respeto, de cualquier deshonra. Esa sensación de estar contando una mentira que incluso yo mismo me la creía. Y me he dado cuenta ahora, después de tres mil y pico escritos creyéndome que el amor era de corazones que tenían que ser pintados por obligación. Y no. El amor es de corazones blancos.

Culpable ella, que me hizo ver, que cuando dibujas un corazón no hace falta que lo colorees. Porque no importa el adorno, sino la línea aquella negra que nunca debe ser borrada, rota, cortada o torcida. Culpable ella, que cuando me devolvía los corazones, me los devolvía con un tono de paz, que para mí llegar a su boca es aparcar la rutina, la guerra, la espada, y refugiarme en aquello que llamamos hogar.

Me hizo ver que, lo bonito de las fotos son las miradas y no el enfoque, que los planes eran fáciles, de pocos colores, y que la compañía prevalecía ante cualquier tinte de lugar, de dinero o de planteamiento. Ahí supe valorar el amarse con un blanco tranquilo, con la serenidad que da, estar lejos y saber, que cuando vuelva, el corazón seguirá ahí, intacto, blanco como lo dejamos, sin una mota de polvo, sin ningún problema que incite a la guerra, a cuchillo entre los dientes, a resquebrajarse o a pintarse con rayones, por tal de tenerlo coloreado.

Ella me enseñó a que lo simple, le gana a cualquier parafernalia que luego no supimos ponerle nombre. Una vez más el blanco ganando en cualquier batalla de colores. A tomarnos los días como cualquier lunes al sol, y respetar la paz del otro por encima de cualquier ego, de cualquier sábana, de cualquier capricho.

Quizás no me ande explicando bien. Lo que quiero decir, es que ella me enseñó a pintar los corazones de blanco cuando yo me he pegado una vida pesando que contra más color, más amor. Y resulta que no, que el amor es fácil, que el amor es simple, y que el amor es de corazones blancos.

El que me manda ella cuando se va a dormir,

Y el que me guardo yo cada día, 

            sin pintar,

                     para que al siguiente,

                        sea más bonita la idea de querer pintarlo juntos,

                            que el hecho en sí de colorearlo. 

Por eso os digo hoy, que el amor es de corazones blancos, de ella tranquila calmada en mi pecho donde guardo el mío, a punto de quererla otro día, y mil corazones más,

                                                                                                             Que guardo con ella, aún por pintar.

lunes, 31 de marzo de 2025

Una premisa pirata


Algún día, pensé, tendré que romper la pluma. Marchar de este lugar y alejarme de cualquier atisbo de querer por escrito, de sentir mientras la imaginación fluía por los pensamientos. Imaginé que no todo dura para siempre y me hice a la idea, o más bien, me mal-enseñaron a que todo tiene un final.

Nunca he creído en cantos de sirena y siempre que unos labios bonitos venían rogando cariño, yo iba y le daba el doble de distancia, el triple de desconfianza, el cuádruple de excusas y un infinito de letras por miedo a hablar.

No supe bien como llegué a esta isla, atraqué, después de mil motines en alta mar, de infidelidades rotas como las velas de mi barco, de mentiras como tripulación y ahí estaba, de pelo rojizo y suave piel, hablándome en otro idioma. Me escribía, sin ser poesía, con ganas. Con el mismo brillo en los ojos que yo fui perdiendo en cada atardecer de anteriores veranos.

No su insistencia, pero sí su querer estar, sus labios, su historia, y sobre todo, su verdad, me cautivaron nada más llegar. Me escribía cartas cada día que yo respondía con misivas de ida y vuelta y conforme su perfume se colaba en mi habitación, más quería de ella.

Se me olvidó lo de romper la pluma, la de miles de naufragios en otras aventuras, su idioma no era el mío, pero no me importaba, sabía que, sin ser la misma lengua, era todo lo que queríamos escuchar. Daba igual inglés que álgebra, verbos irregulares o ecuaciones de Laplace. Entonces cogimos rumbo a la mar. Y allí con viento en contra y alguna ruta sosegada, aprendo su idioma cuando echamos el ancla en cualquier puerto a descansar.

Mi brújula, mi norte, mi horizonte. Mi amiga, mi pareja. Que me vuelve a poner la pluma en la mano, para que le escriba en mi idioma. Mientras ella, que quiere leerme, va y me lee. Como obsequio de cumpleaños, de vida, de querer querer.

Me consume como si fuera su chocolate de las Indias, el tabaco de América, la seda de Asia, una nueva ilusión, un nuevo regalo, y me pide:

Amor, algún abrazo acompañado de besos y un café. Otro idioma que nunca me enseñaron. Que nunca tuve tan cerca. Del que nunca sé muy bien como escribir.

Del que, si no supiera que lo estoy viviendo, pensaría que estaría en otra historia de ficción inventada por mi imaginación incauta y no, por el realismo de sus besos, de sus caricias, de cualquiera de sus cabellos rozando mi pecho.

Me falta tiempo para escribirle y me sobran palabras para dedicarle un texto. Nunca me ha vendido un final, ni me invitó a un principio, y desde que navegamos por el océano, desconozco su misión, ni su punto en el mapa. No sé donde tiene la equis que marca su tesoro, y empiezo a sospechar, que buscamos lo mismo y no es dinero ni plata.

Quizás la compañía era otro idioma que nunca supieron bien expresárnosla. El amor es un diccionario desordenado que nunca acaba. A veces, te encuentras con palabras bonitas. 

Otras, te encuentras a ella. 

Y en la vida pirata, quien encuentra un tesoro, si lo cuidas, se lo queda.





No me cuidó.

sábado, 26 de octubre de 2024

Y no la vi venir

Me pilla con un folio totalmente en blanco delante y te suelta que quiere leerte sin letras, comerte sin cubiertos, saber de ti sin conocerte, ahogarte a besos sin labios, ustedes me entienden; leerte sin palabras, devorarte como un libro sin portada, como si tu cuerpo fueran las páginas de una aventura que no supiste verlas venir. Sus dedos no escatiman en hacerte el amor allá donde otras no supieron leerte.

Y empiezo a regalarle cualquier mensaje que le sirva para consumir su vicio de volverme a escribir. Enganchada a no sabemos qué, nos comemos algún párrafo previo de ganas. Ya la locura campa a sus anchas por cualquier rincón de su habitación, que huele a sexo, sudor, amor.

No recuerdo haberle escrito de amor a una historia sin principio. Pero andábamos, con cualquier mirada pendiente, con todas las decepciones en un rinconcito de esa cama donde nos volvimos auténticas fieras con hambre y arañazos de arrancar en aquella piel, cualquier sabor que nunca nos supo acompañar.

Y se me cuela entre los labios como si nada, y me recuerda que viene a por mí, a fingir que todo lo vivido fue producto de este presente, como queriendo justificar su presencia en aquella estancia y me devora con su mirada cualquier palabra que añade este texto entre sus nalgas.

Si ella supiera la de veces que no la vi venir,

No vendría.

Porque no hay nada como no saber, que si viniera,

Yo,

Volvería a escribirle como me enseñó.

sábado, 12 de octubre de 2024

Hispanidad

Esquiva, que siempre que te vas por esa puerta, lanzas un beso al aire y guiñas el ojo como si fueras a escribir una nueva historia. Malévola, con ansias de poder, dónde hemos perdido reinos por esas bocas, por esos labios, dónde hemos perdido el norte por esa carretera hasta tus senos, para darnos de bruces contra toda piel, contra toda jurisprudencia hacia tus comisuras.

Eres un libro que busca decir la verdad de todo ese patriotismo que le rezamos a tus curvas. Dónde hemos levantado castillos allí dónde creíamos hacerte reina. Tú, que siempre has odiado esos cuentos de princesas delicadas, vas derrumbando ejércitos de tiburones en esos garitos de las noches de Madrid. 

Venimos a celebrar cualquier atisbo de creernos almirante y lanzarnos a la mar, en busca de una tierra que prometiera cualquier abrazo tuyo. Que ni la Santa María, ni la Pinta, ni la Niña, hubieran surcado océanos en busca de un poquito nuestro, y sumamos prehistoria de desamor que no tuvieron ni final, por no decir feliz. Con una bandera y una pica, clavas tus uñas en mi espalda y me declaras patrimonio tuyo, ejerciendo sobre mí una posesión que roza la hispanidad. Sabes manejar los feudos como Isabel La Católica y le das poder a tus manos, a tus piernas, a tus labios. Donde hubiera fuego, vas a crear ceniza, sí, al revés que cualquier refrán manido, porque arrasas con cualquier sábana que venga a dedicarte tiempo.

Recuerdo cuando avisté una isla lejos de cualquier travesía hacia tus ojos. Y pude escribir en tu piel trozos de una historia que aún no te han contado, de la que aún no supimos toda la verdad,

Dónde tú te creías Las malditas Indias,

 Dónde yo me creía el mismísimo, 

        Cristóbal Colón.

domingo, 6 de octubre de 2024

No era otoño

Esto no es otoño. Ni el tiempo sabe donde posicionarse. Esto no es otoño. Te lo decimos nosotros, expertos en mentiras, que ya cualquier nublado no nos engaña. Falta manta en el sofá, faltan cafés, faltan besos inocentes que curen las heridas del mar de ese verano que nos ha dejado con ganas de más.

Esto no era otoño. Porque a estas alturas ya sabíamos eso de que menos por más es menos. Y juraría que no hemos llegado ni a esos intervalos de números, aún naturales, aún sencillos, de detalles finitos. Esto no era otoño, o al menos, aunque octubre nos quiera consumir, no hay nada como sentarse frente a la agenda de tu teléfono y ver, que todo sigue igual de parado que cuando pisaste el último aeropuerto.

Aunque la nostalgia es propia de estas hojas secas, nos faltan recuerdos, risas, fotos. Juraría que en otros años '90, la pelota rodaba por cualquier campo de fútbol, donde tu mirada desde la grada, me metía un gol por toda la escuadra. Me faltan derbis contigo en la cama. Donde siempre ganaba el que peor estaba, el que más lo necesitaba. Y revolotear las ilusiones, las ganas, el marcador, las sábanas.

Recuerdo que algún que otro otoño, te acercabas a mi 'short message service', y me dejabas algún texto corto que decía mucho. Que yo leía lento. Que escribíamos deprisa, como si fuera el año a acabarse. Como si se nos fuera la vida en prolongar esta temporada del año donde no sabemos donde caernos.

Quizás nos curráramos más los otoños,

Porque nos daba miedo el invierno, el frío, la distancia, todo lo que sobró de las relaciones pasadas, la cama vacía, yo qué sé. Supongo que será el miedo a repetir veranos, pasado, heridas. Y eso, digo yo, nos ayudaba a creer en algo más bonito pero con menos sol. Con un toque más de olor a café, chimenea, ropa de abrigo y abrazos largos.

Porque antes, cuando queríamos algo,

Lo buscábamos.

Aunque fuera otoño.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Nuestro secreto

Le guardo el secreto sin nada a cambio. Los silencios de allá más de dos años se esconden entre cualquier vistazo a sus fotos en el Caribe. La recuerdo de aquel verano donde vinimos de una primavera donde le dedicaba versos. Recuerdo sus ojos marrones invitándome a algo más que una copa. Desaparecimos porque el destino no tuvo el valor de alargar las horas de los días de aquel estío. En una botella lanzada a aquel océano
Atlántico, recuerdo haberle dedicado mi último adiós. Le abracé poco en ese aeropuerto, y me arrepiento de no haberle dicho que no me soltase.

Le guardo el secreto bajo la promesa que jamás lo contaré. De que no fuimos pero que nunca seremos. La promesa de que hubo un tiempo para aquello que, en su piel morena, salada por el mar y con brillos de un sol que secaba las gotas de agua de mar, no probaremos jamás.

Sí la recuerdo aún. Porque no hubo mayor aventura vivida en estas viejas maderas la vivida aquellos días, con su boca pidiendo guerra, mis ganas consumidas en aquellas pecas, su olor a vainilla en aquella habitación de hotel. Nunca fuimos, por si te habías olvidado, pero es más, es que si quisimos, nunca nos lo contamos.

Como el mayor amor jamás contado, o la historia que nunca se besó. Y la idea de haberla rozado cobra fuerza cuando pasan los años y no hay ojos marrones que la empaten. Porque empatamos a todo. Perdimos la oportunidad, pero ganamos tiempo.

Tiempo; el único que podría decirnos si al atracar en otro puerto, volveremos a encontrarnos. Quizás en otra isla, en otras Canarias, pero con la misma idea de haberte querido a escondidas.

Como si jugásemos al escondite y fuera ganando yo.

Cuando en realidad,
te perdía.

viernes, 27 de septiembre de 2024

La distancia es un número

Búscate un nuevo hueco en tu mesita de noche. Limpia el polvo de cualquier sueño sin cumplir, lava los posos de una taza de café con millones de miedos, que guarda todas esas noches sin dormir. Hazme un hueco en aquella parte de la habitación donde aún no se respiraba nostalgia. Y búscate una excusa porque vamos a hacer arte, vamos a hacer una verdadera obra de arte; donde el lienzo va a ser tu pecho, donde la tinta se va a derramar por las curvas de tu cintura; mis manos, el pincel, mis mordiscos, la firma. Que allá donde tú te creías La Monna Lisa, yo me creía Leonardo.

Esta nueva temporada de cualquier 'le escribió bonito' va a sonarte a trompetas de guerra, a verdades afiladas, a las marcas de unos arañazos en la espalda, a sexo del vicio, del que devora almas, del que mata callando, a todas esas veces que despacio, te comía los labios sin mirarse la hora. Con esta nueva distancia de las palabras que lees sin que nadie te obligue, vas a pedir clemencia, compasión, consuelo.

Como diría la canción de Siloé, Reza por mí, porque no hay religión que pueda confiarte tantos pecados, tantos besos robados, tanta punta de los dedos rozando una piel ajena en busca de cualquier escalofrío en un otoño, que ya no recuerda nada de aquel verano. Te espero en el infierno, en el más profundo fondo de cualquier decepción, en cualquier cariño ahogado, en cualquier quema de brujas, en cualquier vacío legal de tus sábanas.

Aquí la distancia es un número que va a contarnos la de veces que pudimos comernos algo más que el mundo. Y el amor va a escribirse. Mucho. En la detestable sociedad de los sentimientos creados por el ChatGPT, vamos a contarnos la de veces que nos hubiera gustado mirarse a los ojos, hablarse de la rutina, acabarse un café con pintas de ser un líquido que no se acababa nunca.

Porque no hay nada como perderse en tus huesos. No habría nada mejor que dedicarse tiempo. Aunque la distancia siempre haya sido un número mayor cero. Rompiendo las normas de cualquier matemática que suspendimos en alguna que otra relación de recreo.

El amor da miedo porque el infierno sale muy barato. Y nadie quiere quemarse con la sensación de que todo fueron cenizas. De aquí va a nacer una cuenta atrás contra todas esas palabras que no pudimos decirnos, pero tanto deseamos soltarnos. Que Tinder nos perdone la ofensa, que los lunares de tu piel escriba sin anonimatos ni con ganas de reventa, que Alicante nos recuerde a Málaga, que la moto te la vendió otro, que mis abrazos no fueron en vano, que aún queda amor en alguna tierra mojada.

Bienvenida a la nueva temporada de la que nunca te debiste escapar, de la que nunca debiste darle una distancia,

Porque fuera del infierno,

la distancia,

es solo un puto número.

viernes, 12 de julio de 2024

Cariño de verano

Se acerca con sonrisas de sirenas y dibuja un corazón con sus ojos color del mar. Con todos los miedos encima de la mesa, se presenta y te dedica el tiempo que puede, el tiempo que le dejan, unos ratitos que pedían siempre un poquito más. No quiere saber de amores de verano pero te escribe en pleno julio, te sientas junto a ella, en una orilla donde solo se escuchaba el ruido de las olas y un par de bocas alargando un final. 

Dos latas en la arena, y un paquete de pipas descorchando gustos, viajes, destripando hobbies, devorando sueños, alimentando risas, bromas, zalamerías, vergüenza, timidez, miedo al amor, diferencias, suspiros que pedían frenar el tiempo, las olas. Rodeados de gente y sin embargo, parecían disfrutar solos, sin preocuparse más allá de la mirada del otro. Allí había colores de dorado en sus labios, esmeralda en su mirada y diamante en su forma de frenar. Porque nunca supo tan bien el conocerse con un reloj de arena marcando lo que todo verano pretende acabar.

Incomprensibles las ganas, el buscarse, que nunca una toalla pudo delimitar tanto apego. La arena invadía el borde de un cariño que sólo supo expresarse en forma de querer estar. Al tiempo no se le pidió más que contase como es habitual; de uno en uno, despacio, con la idea de aprecio concebida como la de comerse un helado, saboreando las partes más dulces, mordisqueando cualquier diferencia entre el frío y los dientes, y aunque alguna vez se pecase de pasado, el presente invadió cualquier atisbo de prometerse cualquier cosa que no se pudiera cumplir en esos cinco minutos entre bromas, preguntas y anécdotas que derretían en miradas al suelo, timidez inocente, encontrar un hueco en cualquier espacio dejado para dejarse llevar.

Recuerdo que la añoranza navegó por la escena final, y aunque no fuese amor de verano, merecía un hueco en cualquier párrafo de haberse esperado encontrar algo bonito sin rozar cualquier atisbo de amor, en letras de cariño de verano, convirtiéndose en algo difícil de borrar. Me imagino que no fue el momento para besarse los miedos, para darle rienda a una casualidad, serendipia, encontronazo, digna de merecerse quizás otro final,

U otro verano,

O cualquier época del año, donde se nos quedó en el tintero, entre otras cosas

Un paquete de pipas aún por acabar.

jueves, 15 de junio de 2023

Con la fe intacta

Al amor hay que ir con principios. Con la fortuna de que te encuentres a aquella que haga broma del problema. De la chica que cuando te sonríe te destruye cada nudo que acumulas en la vida. Al amor hay que ir con la misericordia de encontrarse con esos hoyuelos que empiezan a inundarte las fotografías de cualquier día, a cualquier hora, en cualquier cerveza, rato, tarde, cama, sofá.

Al amor hay que ir con la fe casi intacta. Y donde su risa sea el único rezo, oración de la mañana, hogar, sal, playa, arena, verano, mucho verano en cualquier invierno. Y que no acabe. No como plegaria sino, como himno de aquella descalza caminando hacia ti de pies juntillas a dejarte sus labios marcados en una cara que, desde su presencia, ya no conoce derrotas, ya no proclama el verso. Y lo deja todo en cualquier sudadera viendo el atardecer o a cualquier camiseta de fútbol haciendo de él su mismísimo pijama.

Acostumbrados al miedo, cualquier monstruo se viste de verdad. Cualquier ilusión explota, cualquier promesa se asusta. Te quiero pero despacio. Va ella, que a veces, parece como si no está ni se le espera, y un día sus rizos dorados te escriben un short message system al instagram, y te rompe los esquemas, te enseña el escalofrío, los pelos de punta, la sed, la larga espera.

Desorden que recoge el polvo, ordena la esquina de los trastos y te agarra de la mano guiándote a cualquier lugar donde vas a ser feliz. Donde la vas a ver reír. Y si se ríe, no hay manera de perderse la fe.

Pues ella, sin llamar la puerta, cualquier día, te inunda su presencia.
Y me prometo que recordaré el final del curso que, conociéndola,
no te va a terminar acabando la historia.

Pues ella va,
y te la hace suya.
Como si de una horda de momentos
conquistaran tu piel,
tu vida,
tu fe.

sábado, 15 de abril de 2023

Tiburones

Demasiado amor para tanta bendita locura. No se sabía ni lo que quería. Sus ganas fueron dos días mal contados. Duraron lo mismo que esos amantes suyos que tanto criticó y prometió no repetirse. Injusto para estas maderas, cruel para mi tripulación; mis ganas, mis ilusiones, mis miedos, todo lo que tenía por regalar. Que me sigue allá donde voy sin pedir permiso, sin casi si quiera preguntar. Probablemente querría ella, olvidar otro motín a sus pretensiones. Demasiadas risas para su sonrisa. El amor se te quedó grande. No te cabía tanto. Y no supiste como recogerlo, ni lo supiste abrazar. Me encantó conocer tu historia, de verdad. Me encantó empaparme de tu diario de a bordo y dibujar un mapa en tu brazo, en tu piel, de todo lo que nos íbamos a enamorar. Me encantó tu historia, sobre todo, cuando parecía no tener un final.

Otra orilla con mi bandera pirata clavada en la tierra. Ondeada por el viento que me hace alejar. Otros labios conquistados sin maldad. A diferencia de otros, inolvidable, porque nadie te supo hacer tan bien el amor, porque nadie te va a tratar con tanto cariño en ese reloj de arena que me marcaba un agónico tiempo en el que nos lo teníamos que currar. Lo sé, mis frases, te van a cuidar allá donde otros van a destrozarte la cama. Vas a recorrer el Mar Caribe buscándome, y ahí, sólo vas a encontrarte tiburones. Y, ¿sabes qué? Te van a invitar a una copa, o a dos; a una vida de mentiras, y luego te van a devorar en aguas cristalinas. Del mismo color de unas lágrimas que hubiera secado con gusto miles de noches en un sofá; cansada del trabajo, de la casa, de la vida. No te digo yo que fuera a gustarte mi plan fatal, pero desde luego, no nos íbamos a ir a dormir al fondo del mar, en las mismísimas fauces de cualquier escualo del cariño, siendo presa, comida, de cinco minutos. Pues eso es lo que dura el amor en los tiburones.


Otra playa virgen donde venden cualquier cosa que creen ser amor, cuando era la mitad de un capricho divino de mal contados dos puestas de sol. De nuevo a la mar. Trofeo por un tiempo. Y, aunque siga brillando, nuevo en las aguas de un casi te quiero. Un desatraque más a este barco que, sin timón, busca de nuevo cantos de sirena, playa donde vivirse una relación, pero de las de verdad. La próxima x en el mapa, son unas buenas dosis de alguien que te busque, que te escriba con toda la intensidad. De esas que te queman whatsapp, el perfil de instagram. De las que saquean una ciudad por ti. Y te la hacen inolvidable. Donde te dan tu lugar, tu valor, tu gusto y te dejan intacta la dignidad. De las que se piensan quedar sin dudarlo un segundo, coño. De las que te vendan los ojos en una cama, en mitad de un viaje largo y te dicen; de aquí no te vas a escapar. 

Te escribo porque tú también has estado al otro lado de esa maldita frase de whatsapp que te llega un día después de dos o tres ilusiones. Que detrás de esos no eres tú soy yo, detrás de esos no tiene nada que ver contigo, de todos esos puntos donde se lo tiene que pensar un poquito más, ahí estamos nosotros sosteniendo un final de campeonato. Y te lo digo de verdad, de corazón, lo que menos importa es como te lo piensan terminar. Da igual el final. Poco importa con qué excusa se larguen, porque en altamar, te puedo asegurar, que se tiene prohibido hablar del horizonte, del fin del mundo, y de todos esos sueños que dejaste porque pensabas que el amor se acabaría sin ni si quiera intentarlo.

De eso se trata el amor. De que no tenga final.

Y si nos lo pusieron,
entonces,
Es que no era amor.

O que volverá después, 
    a limpiarse las heridas de aquellos tiburones que
        acechan, hambrientos, este texto...

domingo, 9 de abril de 2023

El amor de una pirata

Alguien que se eche a la mar. Que se pinte los labios rojo carmín. Rasgarse las vestiduras en cualquier sábado de pasión. Alguien que se eche a la mar, sin miedo a la deriva. Que vaya directa a los tiburones. Que la compañía sea la excusa de todo. La voluntad de un alguien. Así venimos a este parón, a exigirse que se partan el alma sin sacrilegio. Amarse en tiempos de orgullo propio, de quererse de puertas pa' dentro. Icónico que en la era del amor libre, es cuando más agarrotados estamos. Yo ya no soy capitán de nada ni de nadie. Surco sin rumbo, naufrago en cualquier playa y bebo vino cuando todo creía estar bien, como todos ustedes cuando creen salir con aquellos que se acumulan en sus agendas del teléfono. Voy perdiendo mapas sin equis por orillas que me dieron sed, arena y sangre.

Así vienen estas nuevas letras. Con ganas de leer fuera de carta más que de escribirse. Así nos ha traído la marea, con un oleaje de heridas cicatrizadas a punto de convertirse en bonitos tatuajes de trofeos. Amores que vinieron pa' decirnos 'así no'. Eso somos, un mar de indudables desdichas. Así vamos, con el miedo de bandera a caernos en unos labios que, por mucho que se lean estas letras no se piensan dar por aludidos. 

Que aquella chiquilla de ojos marrones me hacía de pecado, donde yo me creía Adán en su mismísimo Edén. Donde cuando surcamos los mares de alguna ciudad remota, iba como una cría recordando las miles de fotos de aquel fotomatón, donde me recordó que hay ciertas pieles, ciertas bocas, ciertos trenes que no regresan. Que estos escritos ya no quieren ser leídos sino ser vividos. Alguien que invierta su tiempo, en hacerlos realidad. Aquella que no piensa esperar a su príncipe azul sino que piensa ir a buscarse una locura más.

Pues eso quieren estas letras. 

Pecar de lo lindo, sábanas de domingos al suelo, la camiseta como pijama ajeno, la piel brillando al sol, dormida, cansada, a su lado; un pirata, exhausto, destruido, cansado de mil naufragios.

Ella era, en su locura,

La que mejor se echó a la mar.  

Para un mapa vacío, él era la equis, y ella,

Ella, pirata.

miércoles, 4 de enero de 2023

El amor no puede con todo

Ojos marrones, sonrisa sibilina. Ilusiones que vienen a quedarse en mitad de un desembarco de sueños recogidos en trocitos de papel. Chica que esconde mil historias que contar. Este primer párrafo te va a contar la primera de muchas. Te dije que volverías a buscar en este naufragio de amores algún poquito de complicidad. Porque acabas de conocer mi edén en mitad de un indudoso desierto. Al carajo las buenas formas. Se acabó el escribirse bonito. Deje aquí sus ruinas, todos esos 'se fue'. Aquí deje desnudos sus miedos, aguarde quieta mis letras. Mis caricias harán el resto.

Su nombre, pecado de cualquier hombre mortal, con cualquier manzana envenenada, con la ropa al borde de la cama, con sus labios secos en cualquier noche donde, como Penélope, deshacía lo tejido de cualquier relación a lo isla de las tentaciones. Donde ella pedía una hoguera, el otro ardía en la cama de otra.

Hemos pecado de lo lindo. Porque hemos ido a buscar el amor donde siempre. A buscar lo que menos nos quería. En busca de cualquier cuerpo sin alma, de cualquier físico sin amor. Y en este segundo párrafo rogamos nuestro castigo a besos. Como en estos caprichosos sueños de 2023. Que ya no se quiere, porque hemos perdido las formas, el fondo. Y ya las intenciones buscan un poquito de cordura en mitad de tanto amor libre. Al libertinaje le hemos abierto las puertas de unas noches de verano donde hemos ido rogando perdón por cada granito de arena que era cómplice de otro desamor de campeonato.

Va por todos los que besaron sin contrato de permanencia. A todos aquellos que escribieron mil veces amor sin saberse la definición. Va por todos aquellos que 'ghostearon' una relación, que perdieron una bonita amistad, una sonrisa tímida, con todas esas palabras rozándole los lunares de su piel, que les hiela cada vez que vienen a creer la razón, a fingir cariño, a contarse una falsa verdad. Aquí yacen los cuerpos inertes de aquellos que te mintieron en toda tu cara, que te escribían palabras repetidas de otra conversación. Al carajo todo aquel que te trató mientras se trataba a otra. Ahora me entiendes cuando te decía que el amor no puede con todo.

Al desastre de sus labios le empatábamos con todas nuestras virtudes. Que esta temporada no vamos a rogar ni un poquito de amor. Te escribe uno con un orgullo herido pero crecido. Que no soy mejor que nadie pero no tengo nada que envidiarle a todos esos que te ganaron batalla, que te engañaron en cualquier noche. Soy de los de abrazos infinitos, de calor en invierno, de chimenea, sonrisa, trabajo, feliz por los logros ajenos, que busca prosperar cada minuto, de amor unipersonal y recíproco, familiar, hogar, soy de los que quieren como la primera vez, sexo, amor. Todo junto. Todo juntos.

El error es ir buscando el mismo prototipo de amor de plástico que nunca nos puso un escrito de amor, que nunca nos besó con verdad. El error fue buscar sábanas frías que no nos querían más allá de 24 horas. Y nos cerraron las puertas de una relación donde nos creíamos protagonista, donde pensábamos que iban a cambiar. Fumar mata; el amor, también. 

El amor no puede con todas esas veces que contestaste por cortesía.

El amor va a dejar de escribirte nada más que termines de leerte esto. 

Y lo vas a dejar escapar una vez más, 

tonta, idiota.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Mil veces amor

Volverse a leer. Que estás aquí sin habértelo pedido. Buscándome entre cualquier punto y coma, a cualquier hora de la tarde, entre cualquier propuesta de amor.

Que andes aquí curioseando cualquier hipotético principio. Ver como tu sonrisa  entraba en mi vida sin permiso. Buscándose un nuestro. Probándose un nosotros.

Que aquí perdida en estas líneas te sientes segura de cualquier proposición de amor. De cualquier caricia a destiempo, de cualquier beso aún no pedido; escapando la imaginación a cualquier cuento, a cualquier rincón de tu piel, erizada sin saber porqué.

Y mira que te lo avisé; que no me leyeras tanto, que ibas a volver. Y aquí te encuentras de nuevo, consumiendo cualquier escrito de amor, cualquier frase que se deje firmar a tu nombre, pidiendo autoría en cualquier labio ajeno, en cualquier esquina de tus comisuras, donde era yo el que te leería mil y una vez.

Y esperas, no sólo a que no acabe el texto sino a que te regalen cualquier futuro nuestro, cualquier cariño que nos haga cambiar la idea se relación. Nos valía cualquier bonita provocación, y empezar a pedirnos fuera de carta, lejos de cualquier borde de cama,

Donde mil veces nos leímos,

Y en ninguna nos llamamos amor.

martes, 20 de diciembre de 2022

No me leas tanto

No me leas como alumno rebelde pidiendo casi perdón. No me leas como sinónimo de léeme si te atreves. No me leas como afirmación de todo lo que nunca te llegaron a decir. No me leas como coincidencia de destino provisional, como buen eufemismo de 'te estaba esperando'. No me leas como cualquier oposición al amor. A donde vamos a jugárnosla habiendo estudiado mucho, habiéndonos hecho otros tan poco el amor. No me leas como provocación, como las palabras besos, sexo, desnuda, aquí, ven, sábanas al suelo, amor, agarrarse, manos, piel, gemido, labios, cualquier caricia, susurro, vino, manta, orgasmo, más, manzana, pecado, yo tu Adán, tú tan...

Que todas las leíste con ganas, con toda la intención de que te pillen, con cualquier indirecta hacia tus miedos. Todas esas guardadas en ese cajón que pone bien detallado: No me leas tanto. Profanando cualquier versículo de la biblia hablando del pecado en cuerpo ajeno, donde yo me creía Adán, y tú tan del verbo quererse. De la primera persona del plural del futuro casi perfecto.

Supongo que así debimos de llegarnos a cruzar; por puro azar, por destino, por futuro casi perfecto, en una 'x'  pintada con la misma tinta que casualmente están escritas estas letras. Marcando tus labios como sitio donde debí de perderme más de una vez sin que tú lo supieras. Supongo que, por ahí, y te aviso ya de antemano, seguiré perdiéndome más de mil veces.

Supongo que fue cualquier mirada, cualquier sonrisa furtiva a eso de las ocho de la mañana. Y de ahí imaginarla todas las mañanas en una cama deshecha, con ropa y sábanas al suelo. Me imagino la estampa en cualquier domingo nublado, en cualquier suelo, ambos descalzos, tú con una camiseta que te quedaba grande, yo, con una camiseta menos. Siempre cumpliendo lo de que menos por más es menos, que cualquier polo opuesto se atrae, que cualquier lengua se va a comer a cualquier matemática y viceversa. Cualquier excusa para creerte protagonista de un cuento que no te contaron en tu clase, en cualquier aula del que nunca fuimos alumnos, pero sí gritábamos presente.

Supongo y quiero pensar que el viaje, el que sea, se te hizo largo. Muy largo. Como para leerse tres o cuatro besos. Que ninguno de los dos llegamos hasta aquí sin no haber vivido antes unos treinta y pico. Con muchas historias que no merecieron la pena ni escribirlas. Supongo que, todo fue cuando empezaste a ser curiosa en cualquiera de mis letras, en cualquiera de mis días. Y me llenabas con solo mirarme sin tú quererlo, con sólo sonreírme sin ni si quiera tener una intención. Eso bastó, cualquiera de tus labios, cualquiera de tus miradas pidiéndome fuera de carta, abusando de la gentileza de cualquier mal escritor, de cualquier abusón de la palabra, de cualquier matón de clase, de cualquier amor. 

Y aplicar la ley pirata de un amor libre en cualquier agua. Inventando excusas para escribirte, cualquier motivo para ofrecerte un 'no me leas' de campeonato. Con mi nave rota por el oleaje, ahí iba soltando tus vocales en cualquiera de mis palabras piratas de bitácora. Encallando en una boca que tiene tu nombre. Pisar tierra que me sabe a cualquier hogar que quisimos compartir, maldiciendo tus vacaciones como un lugar donde nunca te veré, y ver como te alejas en un horizonte donde cada vez se ve mejor tu silueta y peor tus intenciones de si vas a darte la vuelta y volver.

Y aquí estás, leyendo a escondidas unos versos que te dije que nunca leyeras,

Como si la vida fuera a empezar hoy, o acabarse mañana.

Como si fuéramos a dejar de vernos o leernos para siempre. En ese intervalo infinito de tiempo.

No me leas tanto. 

Porque me vas a echar de menos hasta enero, hasta volver a vernos.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Definición de amor

Nos han puesto trampas hasta en las comisuras de nuestros labios, en aquellas esperanzas de cualquier amor perdido. Nos han puesto zancadillas hasta cuando estábamos ya caídos, con las alas bien rotas, con las heridas aún abiertas de tanta batalla perdida, de tanto amor servido, de tanto amor exigido.

Nos han mal querido mucho de sábanas para fuera. Hasta tal punto de que nos hemos sentido a la deriva en cualquier océano nuevo, en cualquier relación posterior. Y nos hemos sentido Magallanes en cualquier vuelta a empezar, en cualquier principio de besos. Creyendo recorrer el mundo en busca de una quimera, de una ruta hacia su boca, hacia la ruta de sus comisuras.

Nos han querido tan mal, tan rotos, tan rápidos; que no nos han dado tiempo ni a disfrutar de la derrota. Nos han querido tan difícil que ya no nos creíamos eso de que el amor estaba para nosotros. Nos han querido dar tantos besos falsos y vacíos que nos hemos creído que cualquier 'amor basura' era amor.

Hemos confundido tantas veces el aprecio con la pasión que hemos ido a enamorarnos de otro muro de piedra. Al frío de cualquier invierno nos lo hemos puesto de cómplice de cualquier cariño, al verano lo etiquetaron de promiscuo, el otoño siempre llegando tarde y las sábanas recuerdan primaveras donde ellos siendo marzo, nosotros siempre, tarde, siendo casi abril.

Nos han querido tan mal que ya no hay forma de quererse peor. Nos han besado tan mal que cualquier beso nuestro costaría a precio de cualquier diamante. Aquí estamos, tan heridos, que sanamos con solo tocaros. Con un historial de amores que no queremos para la siguiente luz, para la siguiente relación.

Que somos expertos en cualquier piel herida. En estar para todo. Expertos en estar para siempre, ante cualquier complicación, bajo cualquier concepto y sin derecho a devolución, sin intereses. Con años de experiencias en arañazos a nuestras promesas, con caricias en el sofá bajo unos días de lluvia a cualquier serie de Netflix. Sabemos tanto de vuestro cuello, que cualquier roce en él te invita a una nueva revolución de sábanas, ropa al suelo, amor.

Conocemos tanto vuestros fríos, que nuestros abrazos saben abrazar, saben ser hogar, saben cubriros completas dejando vuestra cara cerca del corazón, que ya sabemos darlo como vuestro sin ser roto. Si supierais las ganas que tenemos de acabar este párrafo y haceros el amor...

Si supierais la de veces que hemos estado despiertos viendo como os dormíais, la de veces que os hemos quitado el flequillo de la cara, la de veces que hemos acariciado vuestra piel sin sentido pero con toda la intención, la de veces que os hemos querido tan tan bien...

Si supierais la de veces que hemos estado escuchando vuestros días, la de veces que se ha quedado la taza de té fría escuchando vuestras preocupaciones, vuestro trabajo, vuestra rutina. La de veces que hemos estado ahí detrás de esa llamada de teléfono cuando aún no éramos ni novios. La de veces que hemos estado a ese lado del coche yendo a cualquier travesía, a cualquier playa, a cualquier plan.

Si supierais la de veces que hemos sonreído ante vuestra timidez, la de veces que hemos hecho de bufón de la corte, pañuelo de lágrimas, hombro donde llorar, acompañante silencioso. La de veces que os hemos dicho te echo de menos cuando nos separaban distancia, kilómetros, familias, vida. La de veces que hemos estado ahí sin estar. Si lo supierais estábamos convencidos de una única cosa.

Que de seguro que ya ni os acordaríais de como empezó de pesimista este post.

Pues eso es el amor.

Eso es jodidamente el amor.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Amores de entreguerras

Siempre viene bien una tregua. Entre cualquier batalla donde salimos heridos o ilesos, da igual, la paz de saber que nadie viene a robarte la dignidad, que nadie viene a fingirse los besos. Treguas de batallas donde tu cuerpo sangra por esas cicatrices que parecían cerradas, entre cualquier trinchera donde te escondiste de tanto amor roto, de tanto fuego amigo, de tanto sofá vacío, la paz de saber que nadie te hiere, que nadie te quiere, pero que nadie te daña.

Un pacto con cualquier diablo que venga a destrozarnos, con cualquier enemigo, con cualquier decepción. Que no están estas letras para tanta ilusión perdida, para tanto amor de guerra. Que siempre hemos ido a la deriva cuando el barco se fue a pique, y a algunos, la marea, nos ha dejado en alguna que otra playa virgen de tanta maldad.

Siempre hay un vencido. Un derrotado. Al amor se va con el testamento ya hecho, con la promesa jurada de un volveré que no sabes si piensas cumplir, con una mirada al frente, pero con todo un saco de trastos de historias pasadas. Al amor se va siempre con miedo, con resistencia, con freno, pero a toda velocidad. Derrapando por cualquier te quiero de plástico, por cualquier promesa de arena que se escurría entre mis dedos. 

Por eso valoro esos momentos donde el amor no está, donde al amor no se le espera. A lamerse como un gato las heridas. A escribirse mucho a sí mismo. Para hacer una lista de todo aquello que se nos quedó entre las sábanas, de todo aquello que se perdió tras una noche de este maldito verano que se fue.

Para no volver jamás.

Como sus abrazos,

Como sus besos.

Donde su piel desnuda hacía de mapa. 

Ahí, si que hicimos la guerra...

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Aquí no rompas nada

Aquí toca todo lo que quieras, pero no rompas nada. Como decía aquella canción, aquí ya no rompas nada, que cerca del invierno ya no queremos despedidas. Metidos en épocas de nieves queremos que no nos dejen solos en una manta. Una cama que se gane el nombre de matrimonio, que se nos quede pequeña de tanto cristalito partido en otras lágrimas. Que queremos tardes de Netflix en un sofá no vacío, maximal de cualquier tiempo pasado.

Aquí no rompas nada. Como frase para tatuarse en un hombro que ya no se besa. No sé si me explico. Que no están estas pieles para tantas cicatrices. La piel que se deja aquí cinco minutillos escribiendo, y la piel que se eriza cada dos días a leerse esto. Nos vale con un beso robado en cualquiera de las comisuras frías de tanta relación de hielo. Nos vale cualquier buena intención, cualquier abrazo noetheriano, de estos que, por mucho que aprietes, no duele.

Aquí no rompas nada. Que ya se rompió de todo. Que aquí yacen todas esas fotos que acabaron en un álbum que nadie recordará, en unos colores que ya no te colorean, en un perfume que ya no te huele. Aquí no rompas nada, como concepto de responsabilidad afectiva, como alarma de cualquier desastre no natural.

Aquí no rompas nada, como carta de presentación. Como antesala de todo aquello que aún te queda intacto. Aquí no rompas nada, como ese último aliento de proteger todo lo que aún conservas virgen de tanta mentira, de tanta traición, de tanta desazón.

Aquí si rompes, la pagas. Aunque sea un 'karma' que siempre nos daña a los de siempre. Con un destino que siempre es caprichoso con los más sensatos de una relación que se ahoga. Aquí no rompas nada.

Al menos en estas letras. Aquí toca lo que quieras, pero, no rompas nada. 

Como un escrito que se acaba, como unas manos que ya no te tocan.

Aquí no me rompas como me rompían otros labios, otras palabras.

Amarse en esta dudosa sociedad, donde ya no nos exigimos un te quiero sincero, sino,

Que no nos rompan más. Que si se van a ir, al menos,

Que lo dejen todo como estaba.

domingo, 30 de octubre de 2022

El amor no tiene memoria

Pues no toda cama abriga, ni toda compañera es compañía. Lo que me quedó claro del amor es que no todo el mundo quiere. Que no todo el mundo sabe abrazar. Ella, que siempre me idolatraba por nuestros retozos, se iba en busca de los brazos de otro hombre. A otra cama, a otro amor, a otra vida.

El amor no tiene memoria. Y lo dicen todas aquellas postales que rompiste en la misma cama donde le hacías el amor. El amor no tiene memoria. En tanto que, da igual lo que des, que nunca va a compensar lo que recibiste. Ni con carácter retroactivo. Al amor hay que ir con el convencimiento de que se va a perder algo de ti, con toda la idea de ganarnos un nosotros de campeonato.

Nos quedó claro que ni todo beso besa, ni todas las mentiras fueron tan verdad. Tampoco quiero que te vayas de aquí pensando que hemos venido a describirnos el desamor que nos dejaron con una botella de champán abierta y unas medias negras tiradas a los pies de una cama de hotel. Porque al amor hay que ir a comernos más allá de las ganas. Más allá de los pecados. Hay que rezarle a un Dios que no profesa religión y donde la única fe es táctil, a la piel que erizas cada vez que besas. Porque donde no hay fe, no hay amor; porque donde no hay repeluco, no hay intención. Hay que creérselo, hay que hacerle más allá que el amor.

Y ojo, que no todo amor es amor. Que ya a cualquiera vestido de nadie le cedemos un trocito de nuestra dignidad. Con todo el derecho a pisotearla en cualquier momento. Bajo el miedo de que el gosthing te lo van a hacer a ti, aunque le llames todos los días bajo su pseudonombre, aquel que le sacaba una sonrisa en aquellas videollamadas donde la hacías protagonista de un cuento, de un blog, de un libro, que hablaba como poco a poco se iba enamorando de la atención, de la historia, del juego de hacernos el amor sin desnudarse.

Por eso el amor es incertidumbre, romper las reglas de un azar que caóticamente caes en buscas de unos labios nuevos, a hacer el amor como nunca, a quererse como nadie. A escribir en folio en blanco, bajo toda esa marabunta de capítulos que arrugados te dejan un punto de partida al que no quisieras volver jamás. Como Alicia sin maravillas, con reina pero sin corazones.

Por eso vuelves a leerme. Porque estás enganchada a un amor que nunca supo ponerse nombre.

Que nunca supo escribirte lo que querías leer. Aunque todos los días te lo escribiera. Bajo unos lunares de alguna que otra piel. Aunque lo borrase justo al acabar en aquella conversación de Whatsapp que dejaste de escribir allá por primavera.

El amor no tiene memoria.

O se nos ha olvidado querer... 


sábado, 29 de octubre de 2022

Ella es mi octubre

Octubre se nos va como los besos que nos prometimos en verano. Que lejos queda ya su piel, su sonrisa, la arena, la sal. Que lejos quedan sus excusas, su abandono, sus abrazos en el sofá, su perfume, su compañía. Recuerdo cuando se fue. Recogiendo las maletas llenas de mis promesas, de mis relatos. Ningún culpable, no hubo día que no nos quisiéramos. No hubo un mal gesto, una lluvia fría, ni un día nublado sin su serie de Netflix en el salón.

Que lejos quedan todos sus quizás, toda aquella monotonía que impidió ver un amor que venía a prolongar un otoño, a matar un verano. Octubre se acaba como su cigarro en el cenicero mientras se recogía el pelo en una cola para hacerme el amor. Que lejos quedan sus caricias, sus tardes nubladas, mi camiseta ancha en su cuerpo desnudo, sus pies descalzos, su apelativo con cariño, que me inventaba cada estío, su corazón invadiendo el mío, como si fuera ella Napoleón y yo su Europa, como si yo fuera las Indias y ella, Colón en 1492.

Que experta fuiste en la nostalgia que, corrió por su espalda como aquellas gotas de sudor en una piel quemada queriendo por el sol. Y de ahí las marcas de un bikini que ya quedó guardado en un cajón. Como mis libros, nuestras fotos, mis camisetas.

Que lejos me quedan los labios, sus miradas, sus márgenes de unos apuntes donde escribía te quiero inocentemente. Que lejos quedan sus caprichos, sus helados del McDonald's, sus manos agarrando mi pantalón, su pelo suelto, sus rímel coloreando el fino borde de sus ojos verdes. Esos que siempre venían a comerme, como si fueran el Coco.

Que lejos queda ya la playa, la toalla, el mar, tu frío en la orilla, que te acurrucabas en algún lugar de mi pecho, tus labios salados pidiendo más atención. Y que texto más bonito cuando, sin pronunciar tu nombre, vienes un noviembre más a leerme. A nunca olvidarme, a decirme que,

Aunque sea ya casi noviembre,

Fui tu mejor octubre.

Tu mejor amor.

viernes, 28 de octubre de 2022

El amor es un juego

El amor es un juego donde lo único que hay que hacer es jugar mejor. No se trata de ganar y ganar. Sino aprender a perder. Que algún día no cueste levantarse de tanta caída, de tanta patada a destiempo, de tanto mal vicio, de tanto mal amor. 

El amor es ir a empatarse las ganas. A llegar ahí donde otros no supieron ver. Amor de los que meten goles en cualquier serie de Netflix, en cualquier sofá-cama de salón. A cualquier beso, responder con otro aún mejor. Amores de abrazos en tiempo extra, de añadidos, pidiendo la hora en cualquier cama de matrimonio, en cualquier principio de relación.

Al amor hay que ir con ideas, y si vas con ideas te llamarán loco hasta que triunfe. De mientras, la expresión "locos de amor" invadiendo instagram, la toxicidad titular en cualquier envidioso de corazón. El rival sube la defensa a medio campo, presionados, bajo la única verdad. Que nadie nos supo querer. Que nos queremos cada año, peor.

De lo que no me cabe duda es que fuimos a ganar el partido. Aún a sabiendas que se jugaba en cama ajena, visitantes de una cita surgida de cualquier conversación. Alguna sonrisa y mirada que se nos escapó tontos de amor. Minuto sesenta de este párrafo y enganchada como si fuera a pronunciar tu nombre. Tus labios secos pidiendo perdón. Una falta al borde del área, clímax, caricias, alcohol.

Final del partido y alguno acaba pidiendo la hora, la revancha o la camiseta de fútbol que te quedaba grande con mi nombre y mi número a la espalda; pelo recogido, tus manos aún en mi cuerpo, tarjeta amarilla, mirada a destiempo, sonrisa de roja. Se mira al VAR, hubo contacto, hubo besos, hubo amor.

Pues esa es mi definición de amor.

Un juego donde lo único que hay que hacer es, volver a jugar cada semana mejor.